Heraldo-Diario de Soria

LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS II

Carlos de la Casa

Turismo cultural

«Viajar te deja sin palabras y después te convierte en un narrador de historias», Ibn Battuta

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Recientemente en Rioseco de Soria, Juanjo y Maricruz convocaban a un numeroso grupo de amigos para conmemorar los treinta años de la apertura del Restaurante «Los Quintanares» (1995-2025).

Nuestro agradecimiento, y felicitación, a este joven matrimonio por la apuesta que hicieron en su día, siguiendo el valor de quien se atrevió con ese desafío, Maite, la madre de Juanjo.

El acto se inició con un interesante coloquio, en donde, una vez más, se puso de actualidad el denominado «Turismo Rural». Ello nos llevó a pensar en la cantidad de apellidos que se suele poner al término turismo: de playa, de interior, rural, cultural, etc. E incluso se habló de «turismo de deporte», una apelación que debería ser aquilatada y precisada.

Todos son válidos y algunos coincidentes. Hoy nos centraremos en el denominado cultural, un ámbito en el que se viene haciendo hincapié desde hace décadas, basta con recordar las palabras de Georges Weissman o José María de Areilza.

El norteamericano Weissman, hombre profundamente involucrado en la filantropía artística y educativa, presidente de la junta directiva del Lincoln Center for the Performing Arts y miembro del consejo de administración del Museo Whitney de Arte Estadounidense, llegó a decir a finales del pasado siglo veinte: «Al cabo de un siglo de crecimiento material y desarrollo científico, nos hallamos al comienzo de una nueva era, en las que se crearán nuevas formas de vida sobre las bases del arte y la estética, es decir, de la libre creatividad como complemento de la satisfacción de las necesidades de consumo».

Y el diplomático español, Areilza, hablando del papel que le corresponde a la cultura afirmó: «como elemento decisivo para colmar esas extensas horas de vida diaria que el hombre ha de reservar para la reflexión interior».

Ambos acertaron plenamente y hoy nadie duda del peso socio-económico que tiene la cultura en el turismo.

Si profundizamos en el turismo observamos como siempre ha sido, es y será un hecho profundamente cultural y, aunque el concepto «Turismo cultural» se estime como relativamente moderno, debemos ser conscientes que la cultura fue siempre una de las primeras motivaciones del turismo. Debido fundamentalmente a tres circunstancias que se dan en él, como dejó claro la profesora Isabel del Río: «la motivación intrínseca del propio turismo, la cultura y la economía». En definitiva, el patrimonio cultural necesita del turismo y viceversa», pero no como algunos quieren ver. Pero este es otro tema sobre el que volveremos no tardando mucho.

En nuestra Comunidad, Castilla y León, existen infinidad de lugares que son frecuentados, pero la mayoría corresponden a las grandes ciudades y también a las no tan grandes, véase los casos de Astorga, Palencia o Soria.

Y hablando de Soria, podemos «presumir» de poseer un territorio con un patrimonio cultural de primera línea y ahí están localidades como Ágreda, El Burgo de Osma, San Esteban de Gormaz, Berlanga de Duero, Medinaceli, pero existen otros pequeños núcleos en donde el arte sobresale de forma especial, caso de Casillas de Berlanga, Garray, Rejas de San Esteban, Omeñaca, Caracena, Tiermes, Morón de Almazán y un largo etcétera.

Y todos ellos en el interior, lejos de autovías, rodeados de unos paisajes excepcionales, es decir en espacios ideales para atraer y retener a los turistas, especialmente a los de cortas estancias, que cada vez son más.

Es más, estas localidades con un magnífico patrimonio poseen auténticas ventajas. Están fuera del mercado tradicional y de ahí que no sean tan caras, no suelen estar congestionadas, y son medios agradables y no degradados y ademán han asumido que deben tener buena gastronomía al servicio del turista, ya que este lo demanda.

Existen en nuestra provincia jóvenes y no tan jóvenes que hace tiempo se dieron cuenta de esta necesidad y como pequeños empresarios observaron que no podían estar indiferentes al contexto social en el que se encontraban sus localidades. Y se lanzaron, apostando por su tierra, dando un servicio demando por los visitantes. Algunos de ellos empezaron como puntos gastronómicos y posteriormente ampliaron al alojamiento.

Recordemos algunos de ellos como los ya citados Juanjo y Maricruz en Rioseco de Soria; Gil en Burgo de Osma; Jacinto en Medinaceli; «El Bomba» en San Esteban de Gormaz; el «Goyo» en Garray; Manolo en Tiermes; «El Chele» en Medinaceli Villa; el «Vallecas» en Berlanga de Duero o el lamentablemente fallecido Jaime en el Quintanarejo y así podríamos seguir comentando casi pueblo por pueblo.

Somos conscientes de la dureza y de los altibajos del turismo cultural dentro de la Soria interior, pero también somos conscientes que hay demanda y que «Turismo cultural», junto a turismo sostenible y de calidad en los servicios son palabras que cada día están más de actualidad.

Pero, también debemos huir de ciertos aspectos que pueden provocar que todo ello se convierta en una moda y que terminemos como ese masificado turismo de playa que está provocando una degradación del mismo.

Asistimos a una realidad. Una realidad que es que la sociedad realiza, cada vez más viajes cortos, buscando cultura y muchas veces los busca en el medio rural, pero a la vez reclama servicios complementarios de calidad.

Y ahí está Soria.

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