LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS II
¿Los extremos marcan los tiempos?
“La complejidad es la marca del siglo XXI”
Federico Aznar/Andrés González

Congreso de los Diputados.
Los que vivimos, tuvimos esa suerte, la transición política de nuestro país observamos la rapidez con que pasa el tiempo y los aconteceres socio- políticos. Muchos de estos condicionados por los partidos que emergen y desaparecen con la misma ligereza.
Un repaso por la historia nos lleva a las dificultades del cambio. Aquel cambio que Giscard d’Estaing recomendó al Rey Juan Carlos que se hiciera gradualmente y su Majestad actuó con una sorprendente sagacidad política y el tiempo demostraría su visión de futuro eligiendo presidente a Adolfo Suárez. Este, el presidente más joven de Europa, salió pronto del anonimato con una decisión clave: «la amnistía de los delitos políticos», la mejor formula posible y necesaria en aquellos momentos. Amnistía que fue la mejor bandera de las fuerzas democráticas y el inicio de la reforma política.
El 17 de Julio de 1977 tuvieron lugar las primeras elecciones que darían el siguiente resultado: Unión del Centro Democrático (U.C.D) 37,19%; Partido Socialista Obrero Español (PSOE) 31,66; Partido Comunista de España (PCE) 8,87. España había dado un paso de gigante hacia la DEMOCRACIA.
Años difíciles, con enemigos internos, una banda terrorista actuando constantemente, un intento de golpe de estado, etc., pero con una ciudadanía ilusionada y abierta al futuro.
El 28 de octubre de 1982 España daría un cambio casi radical, las elecciones dieron una mayoría aplastante al partido socialista, 48,11% y con ello la práctica desaparición de UCD, el hundimiento del PCE y el inicio de los que hoy es el Partido Popular, entonces una coalición de Alianza Popular y Partido Democrático Popular (AP-PDP).
Con la llegada de Felipe González a la Moncloa «un soplo de aire fresco» llegó, pero pronto pasó.
A partir de aquellos momentos surgieron algunas agrupaciones políticas, como la patética ARM (Agrupación Ruiz-Mateos) y evidentemente continuaban creciendo lentamente, pero de forma constante, los partidos nacionalistas especialmente en Cataluña, País Vasco y en grado ínfimo en Galicia, amén de otros regionalistas como el Partido Andalucista.
Ya en tiempos más recientes han surgido otros partidos que han tenido un cierto, pero fugaz, protagonismo: Unión Progresista y Democrática (UPyD), con una Rosa Díez desilusionada del PSOE. Ciudadanos, con un origen Cataluña, en donde ganaron las elecciones autonómicas y no fueron capaces de constituirse en Gobierno. Pero con todos estos la política nacional continuó su línea democrática con los dos grandes partidos: un PSOE imagen clara de la socialdemocracia, y el PP ejemplo del centro conservador. Esos intentos quedaron, una vez más, en fracaso.
A a mitad de lo que va de siglo, especialmente a partir del año 2004, se aprecia una cierta degeneración política, que traería como consecuencia la creación de partidos extremistas.
Por una parte, Podemos. Un partido radical de extrema izquierda que se fundó el 17 de enero de 2014 y que pronto cogió poder para junto a otros -nacionalistas y los vinculados a ETA- formar gobierno con el Dr. Sánchez.
La sociedad se dio cuenta de que era humo y así se observó tras el fracaso de Pablo Iglesias en las elecciones a la Comunidad de Madrid. Las consecuencias fueron una huida, creación de otro partido o agrupación, igualmente extremista. Curiosamente se les denomina progresistas cuando la verdad nos dice que son extrema izquierda.
El 17 de diciembre de 2013 se fundó otro partido, ultraconservador, denominado por la mayoría extrema derecha, por Santiago Abascal, hombre formado en el Partido Popular. Esta nueva formación política poco a poco ha ido subiendo en las elecciones y hoy ocupa un puesto de cierta relevancia. Y esto más que a méritos propios, más bien son escasos o nulos, se debe evidentemente a la ola involucionista que está de moda y que sigue la tónica de lo que acontece en otros países de Europa.
Es probable que en las próximas convocatorias electorales avancen, pero será «un sueño breve de verano», prueba de ello es la continua «estampida» de los miembros más relevantes.
Y como eran pocos dentro de esta «absurdez política», recientemente se ha creado otro partido extremista en este caso en Cataluña. ¡Toma ya!
Alianza Catalana, fundada en Ripoll, en cuyo ayuntamiento gobiernan, en el año 2020. Se identifican como nacionalistas catalanes y abogan por una independencia unilateral. Rechazan la inmigración, son abiertamente hispanófobos e islamófobos y defienden la raza catalana, considerando a España y Francia como estados invasores.
«Salvem Catalunya», «Salvemos Cataluña», es el lema de su líder, Sílvia Orriols. Este partido, según las últimas encuestas, avanza de forma significativa hasta el punto tutear a ERC y a Junts, partido este último al que, según los politólogos catalanes, no tardarán en sobrepasar.
¿Por qué? Nos podemos preguntar. Un repaso por la realidad actual nos habla de varios motivos: el clima reaccionario que se vive, la preocupación por la inmigración, el desengaño del «procés».
Nos hemos centrado en este último caso porque viene a mostrar y, según las últimas encuestas, a anunciar un seísmo político en Cataluña que amenaza claramente la gobernabilidad.
¿No es esto lo que está aconteciendo a nivel nacional? ¿Estamos en manos de la extrema derecha y de la extrema izquierda?
Los medios de comunicación muestran como una gran parte de los que ostentan un cargo de gobierno no osan opinar abiertamente, se limitan al ideario del partido, sin saber de lo que hablan y lo que es más grave, están convencidos de que poseen la verdad absoluta.
Hay quien piensa que estamos asistiendo a una presencia constante del síndrome Dunning-Kruger que «consiste en que algunas personas creen tener más conocimientos y capacidades de las que realmente tienen».
Nosotros estimamos que se está actuando al dictáfono por fidelidad, que no es lo mismo que lealtad.
El tiempo, esperemos que sea breve y que lleve a los dos grandes partidos, fuera de personalismos e intereses personalistas, a pensar en España y en los españoles, como hicieron los constitucionalistas.
Pero como dijo Kant: «atrévete a saber»