Heraldo-Diario de Soria

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Ya lo dijo Juan Vicente Herrera, un clásico de nuestro tiempo: «Las Cortes no sirven para nada, a no ser que no tengas mayoría absoluta». Fue allá por 2015 cuando andaba como María Dolores Pradera (porque estás que te vas y te vas, y no te has ido). En aquel famoso empate a procuradores entre el PP y el resto del arco parlamentario. Empate que deshacía el emergente Ciudadanos, capitaneado por un Luis Fuentes, que nada más llegar a la estancia pidió un sofá para echarse la siesta, y el jefe de protocolo le proporcionó uno naranja para que durmiera a moco tendido. Esto viene a cuento de que no es que tenga muchas necesidades parlamentarias el PP, más allá de la aritmética presupuestaria. Pero a lo que se refería Herrera, además de al número de inquilinos con derecho a alzar la mano bajo la cúpula nacarada del hemiciclo, era a disponer de un elemento de contención política para que no llegue todo el oleaje a orillas del ejecutivo, en el Colegio de la Asunción, ese al que la mejor médico mundial, Verónica Casado, llamaba palacio. Reina Madre. Esa desazón por no disponer de guardia pretoriana parlamentaria, bregada y curtida, lo ha saboreado con más exceso del necesario Mañueco desde que la ausencia de socios en el gobierno le ha proporcionado estabilidad inesperada. En los incendios del verano, sin ir más lejos, donde tuvo que ponerse en primera línea de todo y a todas horas, mientras el grupo parlamentario se metía un veraneo de dos meses, al estilo Tudanca. Todo esto se ha agravado con la extradición a Bruselas de De la Hoz (y el martillo), que pastoreaba el mausoleo con mano firme y estrategia de seda. Así las cosas, al PP, que no sueña con la mayoría absoluta ni en la onírica demoscópica de Michavila, no le queda más remedio que redimirse en las próximas listas y poner gentes con empaque, oficio y diligencia suficientes para estar prestos a la contienda diaria más que a la placidez cotidiana.

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