Heraldo-Diario de Soria

El crimen de Sergio o cómo alimentar el odio absurdo con la territorialidad

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.Pilar Perez Soler

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Asistimos estos días al juicio por el crimen de Sergio Delgado. Un chico de Valladolid que tuvo el infortunio de decir en un bar que era de Valladolid en presencia de una alimaña, que ahora dice que no es un asesino. Es un criminal que ha acabado con la vida de un joven y que ha arruinado la suya. Este juicio, además de para hacer justicia con este criminal, debe servir también para reflexionar a determinadas organizaciones políticas que espolean los más bajos instintos de los odiadores profesionales que, especialmente amparados en el anonimato, se dedican a propagar la ira entre territorios. Se hace en la política y se hace en el fútbol. De hecho, el Burgos tardó en reaccionar con la contundencia necesaria, en un ejercicio de cinismo para no desairar a un parte de la hinchada, contra el grupo ultra de izquierda al que pertenecía el autor del crimen. Hasta que la crítica no llegó a los morros del palco, especialmente por parte de este periódico, el Burgos no reaccionó con la contundencia que precisaba tan execrable crimen.

Es el momento de reflexionar todos. Pero especialmente las formaciones políticas que alientan los agravios, desagravios y el odio contra otros territorios para intentar así atraer el voto de la frustración en plena polarización política.

José Luis Novoa, que así se llama esta joyita, conocido por su afición a la violencia golpeó a Sergio sin mediar palabra. Sólo porque escuchó que el chico, en una conversación cotidiana, dijo que era de Valladolid. Esta fue toda la causa. Si lo golpeó con deseo de matarlo o no, poco importa. Poco debería importar al tribunal. Lo que importa es que lo mató. Si golpeas a alguien con saña, frialdad y sin que medie motivo alguno hay más posibilidades de que lo mates a que lo cures. Sin duda. Hay que desterrar la violencia y a los violentos del fútbol, que tras años haciéndonos sufrir con muertes y terribles, habían desaparecido. Pero han vuelto. Y lo han hecho porque los equipos lo consienten en ese ejercicio hipócrita de contar con verdaderos fanáticos a los que usar cuando la crítica de la grada se vuelve en contra. Crían cuervos y salen alimañas como Novoa. Y son cada vez más frecuentes, nuevamente y por desgracia, en los equipos. Y ese odio del que se van alimentando en buena medida procede de una absurda rivalidad territorial que también está en el ADN de algunas formaciones y organizaciones políticas. Hoy ese odio corre como la pólvora por redes sociales y retroalimenta a indigentes mentales como el tal Novoa. Sergio ya no está, por desgracia. Pero la cárcel y el peso más severo de la justicia está en nuestros instrumentos civilizados para que el criminal pague, sin compasión, entre barrotes.

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