Heraldo-Diario de Soria

Ignacio Soria

Rehabilitación de inmuebles en la capital

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Cuando éramos pequeños jugábamos en las Eras de Santa Bárbara. Qué recuerdos. Tan solo el hospital, la ermita, alguna majada o la granja de aves y huevos de la familia Domínguez rompía el extenso páramo. En los noventa, ese espacio se convirtió en la nueva zona de expansión y las diversas construcciones dieron vida a un nuevo barrio en la capital. Aceras anchas, construcciones modernas, y amplias zonas ajardinadas cambiaron por completo el lugar. Algo parecido ha ocurrido también en la última década en el barrio de Los Royales. Si se dan una vuelta sabrán a qué me refiero y podrán comprobarlo. Soria está cambiando a pasos agigantados y a medida que lo hace, va dejando a la vista y en mal lugar al urbanismo de antaño que no es que actuara con mala fe, sino que tenía como fin la construcción pura y dura de viviendas aprovechando el terreno lo máximo posible y con los medios propios de la época. La política franquista de la promoción de la vivienda social es buen ejemplo de ello. También en Soria. Frente a las nuevas zonas de expansión de la capital a las que hacía referencia antes, hay que reconocer que el ayuntamiento de la ciudad ha ido en los últimos años —con mayor acierto en algunas zonas que en otras—, tratando de mejorar la estética de estos barrios de mayor antigüedad. Pero una cosa es el urbanismo urbano, donde los ayuntamientos pueden actuar, y otra, las edificaciones de propiedad privada donde los consistorios tiene el deber de asegurar su buen mantenimiento, pero no la obligación de invertir para mejorarlos. El mejor ejemplo de la ciudad lo tenemos es nuestro barrio de San Pedro con construcciones que pasan ya en la mayoría de los casos el medio siglo de vida. Y como es imposible por diversas razones demoler para construir de nuevo, los fondos europeos, de la mano del ayuntamiento de la ciudad, han lanzado un balón de oxígeno al primigenio barrio donde quien esto escribe tiene lazos de sangre por parte de mis antepasados maternos. El concejal de urbanismo, Luis Rey, daba cuenta la semana pasada de que 16 edificios que aglutinan alrededor de 156 viviendas del entorno San Pedro—El Carmen en la ciudad, han solicitado algún tipo de rehabilitación en sus inmuebles y tienen ya asignada una partida económica a cargo de fondos europeos para llevar a cabo esas mejoras en sus edificios o viviendas particulares. Decía el concejal incluso, que algunas comunidades de vecinos se habían quedado fuera porque el ‘maldito parné’, que cantaba La Faraona, se había acabado y lanzaba un órdago a la comunidad autónoma para que, en caso de que allí les sobre algo, lo remitan a Soria y poder así tramitar las solicitudes que se han quedado en capilla. Para la que siempre ha sido una de las zonas más degradadas y olvidadas de la ciudad, noticias como esta son motivo de enhorabuena. Y para acabar y sin irme de esa zona, me va a permitir el lector, que con el coñazo que di siendo concejal para que se colocaran pasos de cebra regulados con semáforo en la Dehesa Cuesta Serena, muestre mi satisfacción porque ya estén puestos, aunque aún no operativos al cien por cien. También los vecinos, con los que me reuní, estarán de enhorabuena.

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