Heraldo-Diario de Soria
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.Pilar Perez Soler

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Réplica de la sección sindical CGT Soria en Tableros losán ante el artículo El drama de Losán publicado en Heraldo-Diario de Soria el 24 de febrero del 2026 y firmado por Mario González Casado.

El reciente artículo titulado El drama de Losán no solo resulta ofensivo para la plantilla de Tableros Losán, sino que incurre en una simplificación interesada que desplaza responsabilidades y apunta, una vez más, hacia quienes menos poder tienen: las y los trabajadores organizados.

Comparar la situación de una empresa concreta con una supuesta decadencia estructural provocada por sindicatos y regulación pública no es un análisis; es una toma de posición ideológica. Y es legítimo tenerla. Lo que no es legítimo es presentar esa posición como si fuera una conclusión técnica o neutral.

En Losán no han sido los sindicatos quienes han gestionado la deuda, diseñado la estrategia financiera, decidido inversiones o negociado con fondos. No han sido las trabajadoras y trabajadores quienes han determinado la política industrial del grupo. Cuando se habla de “ruina”, “falta de productividad” o “dirigentes desnortados”, convendría señalar con precisión quién toma las decisiones empresariales y quién asume las consecuencias.

Resulta especialmente grave insinuar que reclamar intervención pública o apoyo institucional es una muestra de irresponsabilidad. En una provincia como Soria, con un tejido industrial limitado y una sangría demográfica constante, defender el empleo no es populismo: es supervivencia colectiva. Pedir a las administraciones que actúen no es un capricho sindical; es exigir que cumplan con su obligación de proteger el interés general cuando están en juego decenas de familias y el equilibrio económico de un territorio entero.

El libre mercado que se invoca con tanta ligereza no ha demostrado ser una garantía para la cohesión territorial ni para la estabilidad laboral. Si lo fuera, Soria no sería una de las provincias más castigadas por la despoblación y la precariedad industrial. Cuando los beneficios son privados pero las consecuencias sociales son públicas, hablar de “menos regulación” y “menos impuestos” suena más a dogma que a solución.

Nos sorprende también la insinuación de que los sindicatos forman parte del problema por defender condiciones dignas o por exigir transparencia. La representación sindical no dirige empresas; fiscaliza, negocia y protege derechos. Sin esa labor, los desequilibrios serían aún mayores. Señalar a quienes ejercen esa función como responsables de una crisis empresarial es, cuando menos, injusto.

Desde CGT no aceptamos que se caricaturice la acción sindical ni que se utilice la situación de Losán para arremeter contra quienes defendemos el empleo y los derechos laborales. La plantilla no es culpable de decisiones estratégicas ajenas. Y los sindicatos no somos el enemigo del desarrollo económico; somos parte imprescindible de una economía con justicia social.

El verdadero debate no es si debe haber más o menos mercado. El debate es si queremos un modelo en el que el empleo y la dignidad de las personas sean variables de ajuste o pilares irrenunciables. En ese debate, CGT tiene claro dónde se sitúa.

Y lo hacemos sin complejos.

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