Heraldo-Diario de Soria

Castilla y León reparte la última mano, la que da voz a los ciudadanos

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.Pilar Perez Soler

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Esta noche, a las 00.00 horas, cuando ya sea viernes, comienza la cuenta atrás que llevará a Castilla y León a cerrar el imprevisto ciclo electoral que estrenó Extremadura y continúo Aragón. Imprevisto en las comunidades vecinas. Aquí la previsión era más que sabida, Mañueco agotaría el mandato que ha tenido que dirigir en coalición primero con VOX, hasta que los de Abascal dieron la espantada del ejecutivo, y luego en solitario. Y en ninguno de los dos casos Castilla y León se resintió marcando magníficos datos de empleo, de crecimiento económico y hasta de un freno a la despoblación tras décadas constantes de caídas. No es poco frenar esa sangría, a sabiendas de que la despoblación es una lacra imparable, por mucho teórico, estadista y funambulista de la política que venga a sermonear sobre las bondades de la vida en el mundo rural, pese a que ninguno de ellos reside en un pueblo. Claro que hay bondades, pero la gente, desde hace muchas décadas, quiere vivir en las ciudades. El campo, la agricultura y la agroindustria son sin duda los alicientes esenciales de la vida en el mundo rural. Lo del teletrabajo y otras monsergas son la anécdota, no la categoría. Pero la despoblación hay que combatirla, al menos para que no avance al ritmo que lo hizo algunas décadas en pleno periodo de la pobreza que nos trajo una guerra y su posterior dictadura.

En cualquier caso, en ambos periodos del mandato que se agota ahora hay un denominador común, Mañueco, al que no le tembló el pulso para gobernar en solitario, sin mayoría parlamentaria e incluso con una recta final jalonada de ataques y zancadillas de los que hasta hace dos años fueron sus socios en la Junta. Y en algunos casos con la complicidad absurda del PSOE, que pensó que darle alas a VOX en el parlamento minaba al PP, cuando al único que ha deteriorado es al PSOE CyL, cuyo líder y candidato, por cierto, lleva tres días desaparecido de Castilla y León en la semana en la que empieza la campaña, ahondando más en el desánimo y el desencanto de sus propios compañeros, al margen de otras organizaciones sociales y, por supuesto, con la felicidad del resto de contendientes que nunca imaginaron tanto desahogo en el líder del principal partido de la oposición. Carlos Martínez se juega mantener el tipo o ahondar en el descalabro que comenzó en 2022 con el final de la herencia de su amigo Luis Tudanca. Cualquier mínima caída sería poner al PSOE en mínimos históricos en Castilla y León y un nuevo golpe a la credibilidad de Pedro Sánchez.

Esta partida hace tiempo que empezó a jugarse, pero ahora se reparte la última mano, esa en la que los ciudadanos van a decidir el 15-M qué les ha parecido lo visto sobre el tapete político.

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