Heraldo-Diario de Soria

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Los más en el PSOE sospechan que la mejor idea no es emprender el primer fin de semana electoral en La Granja (Segovia) con Patxi López en la Real Fábrica de Vidrio, soplado. Para acabarlo con la réplica del papamóvil por las calles de Valladolid, con un coche, que además de virguero, atenta contra la seguridad del vial. Un 127 con matrícula de BU6504E, por si la Dirección General de Tráfico, la Guardia Civil, el subdelegado del gobierno en Valladolid y el delegado del gobierno en Castilla y León no las cheiran, cuando el infractor lleva serigrafiado el logotipo del PSOE en el capó. Como ya pasó con el famoso papamóvil original, contemplado entre risas por el subdelegado del gobierno de Soria, Miguel Latorre, y los agentes de la Benemérita que lo acompañaban, aquella tarde estival de vidrio soplados y frascas indomables en Tardelcuende. Todo apunta que al candidato socialista se la suda todo, ante el sudor frío que recorre la frente de sus compañeros, que no saben dónde meterse ante la hostia que se van a meter el 15-M. En el PSOE hay mucho dirigente que vive entre alarmado, sobrecogido y acongojado, cuando no asqueado ante tanta ocurrencia diaria como emana de los estrategas que conducen a Carlos Martínez hacia el abismo encaramado en el altar de la capota de un Seat 127 con las gomas en el alambre. Cuando tienes que dramatizar en exceso y con excesos para corregir la irrelevancia, el riesgo de tragedia va mucho más allá de un utilitario de los 70 en la cuneta sin la baliza V16. Es posible que en el recuento de las urnas no te encuentren ni la pareja de tráfico. Es posible que haya que recurrir al mítico Paco Lobatón y su afamado programa ¡Qué sabe nadie! o algo así, pero con la banda sonora de Rafael. Un 127 de Burgos con matrícula de la E surca la campaña del PSOE, mientras Patricia Gómez Urbán, mira a su candidato, sonríe y luego calla, como en la canción de Cecilia. Del vidrio soplado al papamóvil hay apenas dos escobillas.

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