Heraldo-Diario de Soria

TRIBUNA

Fernando G. Córdoba

Voto: Reflexión y exigencia de compromiso

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A la llamada de las urnas se ha dado en bautizar como fiesta de la democracia y, digo yo, que si esto es así, somos muy amantes de la fiesta democrática, porque cuando no es el Consistorio son las Cortes regionales y cuando no, las Cortes Generales. Es más, lugares hay en los que convierten en vicio esta fiesta y la repiten. El caso es que no sé si los votantes somos muy conscientes de la responsabilidad que asumimos al depositar nuestro voto en la urna, como tampoco sé hasta qué punto somos conscientes de la cota de poder que estamos otorgando a quien logre hacerse con el poder. Y llegados a este punto, fíjense en la fuerza (y no únicamente léxica o semántica) que adquiere la palabra poder. Porque, efectivamente, quien logra los votos que le permiten hacerse con la presidencia de un Ayuntamiento, de una Diputación, de un Gobierno Autonómico o del Gobierno de la Nación, es mucho el poder que adquiere y, desde luego, muchísimas las decisiones que toma, se supone que en nuestro nombre. Y es ello lo que me lleva a pensar si en cada proceso electoral dedicamos el tiempo necesario (o siquiera un tiempo mínimo) a analizar más que programas (casi siempre incumplidos en su mayor parte) aptitudes, actitudes, comportamientos, ejemplaridad, gestos, respuestas no solo a preguntas sino también a situaciones, trayectoria y personalidad de los candidatos... Me dirán que son muchas cosas y no lo niego pero soy del parecer de que somos muy poco exigentes con la fuerza de nuestro voto. ¿Cuántas veces hemos escuchado eso de que nuestros representantes son cada vez más mediocres tanto intelectual como moralmente? Pues si ello es así se debe, indudablemente, a la permisividad de los votantes. Es curioso pero cuando somos consumidores, por ejemplo, nuestro comportamiento cambia. No acudimos de nuevo al establecimiento en el que no nos sentimos bien tratados o en el que nos sentimos engañados o en el que no tienen los productos que a nosotros nos gustan o apetecen. ¿Por qué, sin embargo, tanta condescendencia con el político o el partido que ha defraudado nuestras expectativas? Es pernicioso dogmatizar la política. Y, en cualquier caso, el ciudadano siempre tiene la opción de la abstención o del voto en blanco; por cierto, que esta cuestión de abstención y voto en blanco merecería reflexión y comentario en artículo propio.

El político trata de arrancarnos el voto y para ello utiliza todas las herramientas a su alcance y nuestra obligación es estar alerta para descubrir las posibles “trampas” que pueda ponernos para lograr su empeño. Además, cuando damos nuestro voto a un candidato, debemos ser exigentes, nuestra obligación es la de hacer valer la fuerza de ese voto y que el candidato entienda que no es ningún cheque en blanco. Por tanto, es nuestra obligación de votantes, la exigencia de cumplimiento por parte de partidos y candidatos; como debería ser nuestro amor propio el que nos llevara a castigar el engaño, la mentira, la falta de compromiso, la traición a los valores y principios que dicen representar. Es posible que los políticos se hayan relajado porque han percibido que el votante se ha encasillado, se ha hecho rehén de unas siglas a las que siempre va a entregar su voto de forma incondicional y de forma totalmente altruista. Es un error no hacerles ver que nuestro voto tiene una fuerza que se han de ganar día a día, como en cualquier otra actividad de nuestra vida.

Se habla en ocasiones del voto indeciso y tengo para mí que es esta una denominación engañosa y la auténtica sería la de voto responsable. El voto responsable es el de aquel ciudadano que analiza, juzga y en base a ello vota a uno u otro partido; el voto de quien lo hace a unas siglas de forma incondicional es un voto irresponsable. Buena cualidad es la fidelidad, pero esta requiere de un compromiso por ambas partes y si una de ambas lo rompe, la otra no tiene obligación alguna de seguir adelante con el compromiso adquirido al verse defraudada su confianza y, lógicamente, el pacto -porque de eso se trata- se resquebraja.

El voto no debe significar el hecho simple de depositar una papeleta en una urna, sino un proceso que requiere de reflexión, como consecuencia de ello toma de una decisión y, posteriormente, exigencia en el cumplimiento de un compromiso. Las elecciones democráticas son, deben ser, un compromiso, desde la sinceridad y la honradez, entre los partidos políticos y sus votantes.

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