El silencio cómplice

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Ya pasó. La campaña electoral ya es historia, ya era hora, y el 15-M, también. Una historia que deja ganadores, unos más y otros menos, y perdedores. Estos últimos están más claros. Más allá de Soria Ya y su batacazo en todo regla, engullidos por el efecto del de las tierras altas sorianas, ya saben Carlos Martínez, entre los grandes perdedores aparece esa izquierda que dicen estar a la izquierda del PSOE y que ven cómo en once años, los que van de 2015 hasta hoy, pasan del todo a la nada, del cielo al infierno, de los diez procuradores al cero absoluto en el mausoleo ese que se asienta en la avenida Salamanca de Valladolid, al que por otra parte nadie echa de menos cuando está vacío, que no sin hacer nada porque eso es casi siempre.
Para la posteridad quedará aquella frase del recién estrenado entonces portavoz de Podemos, Pablo Fernández, de «ha llegado la decencia a esta Cámara» y la réplica del también entonces presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, mirándole y exigiéndole que le dijera por qué era él más decente qué él. ¡Qué tiempos! Era cuando aparecían estos partidos, como después los naranjas de Ciudadanos, y venían dando lecciones a un lado y a otro de ser lo más de lo más.
Claro que, más allá de ese mal arranque, trufado de no poca soberbia, quizás subida a lomos de ese entonces gran resultado electoral que le habían regalado los castellanos y leoneses, el de Pablo Fernández quizás sea el ejemplo más claro de cómo un gran orador político y trabajador con ideas predica en el desierto, en gran medida porque lo que queda de su partido es un sindiós, que no tiene rumbo. De IU, mejor no hablar. Basta un detalle que los define con claridad, tienen un alcalde que lleva gobernando Zamora once años y al que ni miran para, cuando menos, arrastrar algún voto. Cómo estará el paño para que Francisco Guarido no les haya querido ver ni aparecer cuando venían las municipales.
Claro que de si apariciones se trata, la más sonada es la reencarnación del otrora vicepresidente de la Junta, Juan García Gallardo. Ese que antes presumía y daba abrazos a los de VOX, Santiago Abascal incluido, y ahora va por ahí de puro y honesto pasando facturas y está por ver si queriendo cobrarlas y cómo. Que personaje. Un tipo que no hizo nada como vicepresidente de la Junta, más allá de cobrar e insultar, entre otras cosa porque lo suyo era un sillón que le regalaba Abascal y su caballo, sale ahora a decir que en ese partido de la derecha extrema de Abascal se cuecen habas. Como si no se supiera. Qué se puede esperar de un partido que dirige alguien que llegó a embolsarse 90.000 euros al año de dinero público de la Comunidad por hacer vaya usted a saber qué. Lo mismo que Gallardo cuando era vicepresidente de Castilla y León, que cobraba por vaya usted a saber y ahora denuncia por doquier. Lo suyo, lo de Gallardo, es y será un silencio cómplice con una derecha extrema que es un cáncer para la política y para Castilla y León.