Heraldo-Diario de Soria
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En el año 2015, Pedro Sánchez dijo que le gustaría ser recordado como el presidente que arregló la economía. Delirios de grandeza, ya saben. Que será recordado es obvio. Pero me temo que no por sus logros económicos, sino por otras razones más abyectas. Alejandro Magno –que a buen seguro también se haría la trascendental pregunta sobre cómo le recordaría la historia– pidió en su lecho de muerte ser enterrado con las manos afuera del ataúd para testimoniar que venimos con ellas vacías y que con ellas vacías nos vamos. Un ejemplo de humildad. Nada que ver con el actual inquilino de la Moncloa: narcisismo en estado puro. Y más cosas. A buen seguro, nuestro aún alcalde Carlos Martínez Mínguez –al parecer el 13 de abril se despide–, también se habrá preguntado cómo le recordará la gente. Y una cosa es la percepción que él tenga sobre sí mismo, y otra bien distinta, la del ciudadano. Estoy convencido de que después de casi 20 años en el cargo habrá opiniones para todos los gustos. Casi cuatro lustros dan para mucho. Les reconozco que yo sí lo tengo claro. Para mí, este alcalde pasará a la historia como el regidor que partió la ciudad en dos mitades; como el que se cargó a golpe de hormigón la esencia de ciudad castellana que teníamos hace años; y como el que, para más INRI, aliñó las otras dos anteriores con un obsesivo adoquinamiento de las calles para tocar aún más las pelotas a los conductores y peatones provocando con ello que una ciudad que antes era cómoda dejara de serlo. Les he dicho que cada uno tendrá su opinión. Esta es la mía. El legado de Martínez Mínguez dará para muchas tertulias a partir de ahora en la barra del bar como es tradicional en esta ciudad. ¡Cómo le gusta eso al soriano! Pero que lo disfrute mientras dure, porque en cuanto su sustituto tome posesión y eche a andar por su cuenta, se cumplirá eso de ‘a rey muerto rey puesto’, y el ciudadano pondrá la mirada y la atención en quien en breve nos mostrará si traza una línea continuista en el consistorio, o si, por el contrario, trae su propia hoja de ruta con un nuevo talante. Quien está llamado a ser alternativa de gobierno en la ciudad tiene ahora una perfecta oportunidad de demostrar si es merecedor de ello. Toda una vida esperándolo. Y ha llegado. Dicen que así se las ponían a Fernando VII. Pero que no se confíen con el que viene; y que ni mucho menos lo menosprecien. No vaya a haber algún susto. Es zorro viejo. Se lo digo yo. Pero, sobre todo, que no caigan en el error de ocupar lo que queda de legislatura con asuntos ya exprimidos en exceso y que en otras ocasiones no dieron resultado. Si de verdad quieren recuperar el ayuntamiento tendrán que agudizar el ingenio; levantar las que fueron y son unas siglas ganadoras; deshacerse de quien cuya única ambición sea cobrar una liberación; de quien reste votos en lugar de atraerlos, y, lo más importante, ofrecer una clara demostración de que otro modelo de gestión es posible. ¿Lo lograrán? Lo veremos.

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