`Pena de telediario´

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Con la procesión del Encuentro celebrada ayer en la plaza Mayor de la capital hemos dado por finalizada la Semana Santa soriana. Atrás han quedado unos días de profundo fervor religioso en donde las calles rebosaban alegría por la gran afluencia de turistas. Nuestra Semana Santa, «sobria, austera, devocional y típicamente castellana», cada año engancha más. Pero unos días antes de que comenzara la conmemoración de la pasión y muerte de Cristo, el Hospital de Santa Bárbara de la capital se transformó en un particular monte Gólgota donde dos personas sufrieron su particular calvario con crucifixión mediática incluida, y todo ello, sin el pertinente juicio. Al parecer, y todo según los medios de comunicación —informados presuntamente a su vez por instancias superiores en lo que fue un rocambolesco laberinto informativo firmado con sello político—, dos directivos del hospital fueron detenidos al estar acusados de cometer presuntamente unos delitos, que ahora sí, y de forma garantista, deberá resolver un juzgado. Pero con independencia de que un juez condene o absuelva a estas dos personas cuando se celebre el juicio y por las causas que se les imputan, la llamada ‘pena de telediario’ que conlleva un escarnio público a quien la padece, surtió su efecto como se pretendía. Y vaya si lo hizo. Les aseguro que las formas en la filtración de lo acontecido aquel día —casi televisado al minuto—, huele a venganza política por lo sucedido en la reciente campaña electoral al parlamento autonómico de Castilla y León. ¿Acaso alguien pensaba que iba a quedar impune el haber sacado en plena campaña asuntos sensibles y relacionados con el ámbito familiar de alguno de los candidatos? Donde las dan las toman, debió de pensar alguien con bastante mala leche y con el libro de ‘El Principe’, de Maquiavelo en la mesilla de noche. Y espérense, porque cuando se enciende el ventilador de la mierda, después es difícil de parar. Y entre medias a tal vendetta, y con independencia de que haya o no algún delito administrativo —la justicia se pronunciará y si realmente lo hay lo condenará como es su obligación—, lo que sí que ha habido son dos cabezas de turco que, en mi opinión, y como cualquier otra persona, no merecían este linchamiento público que de forma bilateral ha hundido ya su reputación, salpicando también a la del Sacyl como se buscaba en ultima instancia. No sorprende que tras estos hechos los socialistas corrieran a solicitar una comisión de investigación en el todavía no constituido parlamento autonómico. Hienas sedientas de sangre, ya saben. Como algunos venimos denunciando desde hace tiempo, la sanidad soriana sigue en su punto de mira. Pero no todo vale en política. Y hay líneas que no se deberían de traspasar. Y ni por unos, ni por otros. Pero viendo cómo desfilan últimamente por la puerta de salida, sanguinarios etarras con las manos aún manchadas de sangre, ¿de qué nos vamos a sorprender? Yo cada día de menos cosas. Se lo reconozco.