Heraldo-Diario de Soria

MÁS SE PERDIÓ EN CUBA

Ignacio Soria Aldavero

Levantamiento de alfombras

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A lo largo de la mañana de hoy el alcalde de la ciudad dejará de serlo. Lo que no lograron Encarnación Redondo, Mar Angulo, Adolfo Sainz, Yolanda De Gregorio o Belén Izquierdo, sí lo ha conseguido la incompatibilidad de ser alcalde y procurador en el parlamento autonómico. El invencible alcalde se va, pero como ya escribí un día, en el fondo se queda. Al menos de momento. Casi 20 años dan para mucho. Y la sombra es alargada. Pocos creyeron que al que tildaban de forma hiriente como el ‘reponedor del Sabeco’ iba a acumular tantas victorias en las urnas. Pero lo hizo. Jamás me gustaron esas críticas personales -en más de una ocasión lo censuré-, y no me gustaban, porque siempre he creído que no existe trabajo indigno. Al chaval de la Barriada de Yagüe hay que reconocerle el mérito de haberse hecho a sí mismo y haber logrado lo que otros no consiguieron: ser el alcalde de la ciudad que lo vio nacer. Otra cosa bien distinta es la herencia que como regidor socialista nos deja. Y aquí la cosa cambia, porque el poder, si se ejerce bien, redunda en la ciudadanía de forma positiva, pero si se administra mal y con cierto autoritarismo como aquí ha ocurrido en los últimos años, surte el efecto contrario. En la pasada legislatura, donde tuve el honor de ser concejal del Partido Popular pude comprobar ese efecto contrario del que les hablo y que me llevó a la firme conclusión de que el ayuntamiento de mi ciudad se había convertido en un cortijo particular donde la legítima mayoría absoluta se utilizaba de forma déspota y no solo contra la oposición, que, al fin y al cabo, estaba para aguantar lo que le echaran. Ahora que estamos en las postrimerías de casi veinte años de ‘carlismo’, les aseguro que la herencia que nos dejan es una de esas envenenadas que nadie quisiera recibir. Pero como el diablo sabe más por viejo que por diablo, hasta para eso han sido hábiles, y han sabido camuflar sus tropelías mediante una dosis continua de ‘pan y circo’ inoculando una percepción errónea de lo que de verdad subyace tras tan potente droga inventada en la antigua Roma. La ya insostenible situación laboral del verdadero motor del funcionamiento del consistorio, -y que son los maltratados funcionarios de la casa- es solo la punta del iceberg de lo que aparecerá si dentro de un año hay cambio y con él, el necesario levantamiento de alfombras. Cuando pase el efecto de la anestesia inoculada a parte del pueblo, y como hiciera San Pedro, les aseguro que habrá rondas de negación a doquier. Yo no sabía; yo no estaba allí; cómo me iba yo a imaginar… Lo verán. Lo veremos. Que la ciudad ha cambiado en muchos aspectos es innegable. A peor también. Pero las grandes obras eclipsaron la atención a los otros pequeños grandes detalles que también hacen ciudad. ¿Sobre qué cimientos se ha creado tal cambio en la capital y quién la mantendrá? Si rascan un poco, y de forma objetiva lo miran, lo verán claro. ¿De verdad estamos mejor? 

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