Heraldo-Diario de Soria

El esperpento que no cesa en una deplorable investigación criminal

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.Pilar Perez Soler

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La investigación del caso Esther López, la joven desaparecida y encontrada muerta casi un mes en una cuneta a las afueras de Traspinedo (Valladolid), además de un desatino sin precedentes es de tal despropósito que es un verdadero insulto a la memoria de la joven y al dolor de la familia. Cuando parecía que el esperpento había concluido tras una instrucción vapuleada y una investigación desprestigiada, y en vísperas de la apertura de juicio oral contra el principal sospechoso, Óscar S., último en ver con vida a la joven, y cargado de contradicciones en su relato, aparece un zulo en la casa de la urbanización, donde el incriminado dice haber dejado a la chica aquella fría noche. Casa familiar de Oscar S., y que sus padres vendieron hace menos de medio año.

El zulo no ha aparecido ni fruto de las investigaciones, tras tres días inspeccionando de arriba a abajo la vivienda los agentes hace cuatro años, ni por que hablase de su existencia Oscar S. ¿Podrán explicar los expertos de la Guardia Civil, que desembarcaron por docenas, provistos de todo tipo de equipamiento y perritos entrenados, cómo no vieron el zulo, al que se accede por una trampilla en una de las estancias? Seguramente no podrán explicar ni eso ni el cúmulo de negligencias que se cometieron. Porque por mucho que se empeñen en mantener la tesis de que el cuerpo de Esther no estuvo en aquella cuneta, a trescientos metros de donde partían las batidas con decenas de agentes, cientos de voluntarios, drones y perritos con nombres de rockeros, los forenses les desmienten desde el primer día en sus informes, que aseguran que el cuerpo de la chica estuvo allí desde el mismo día de su extraña muerte. Los agentes pueden inventar o sostener el relato que quieran, pero la ciencia forense es la que deja en evidencia toda la investigación desde el inicio, pasando por la búsqueda, hasta hoy mismo, con el capítulo bochornoso que se ha abierto con la aparición del zulo que la Guardia Civil no encontró en tres días de inspección. Ahora buscarán restos biológicos. Cuatro años, en condiciones de gran humedad y abandono, parecen suficientes para no encontrar restos biológicos, si los hubiera, de que el cuerpo de Esther López estuvo allí oculto mes y pico. Confiemos en que precisamente tal negligencia no sea coartada para sostener un relato sin capacidad probatoria. La investigación criminal se sustenta en las pruebas, no en la especulación literaria. Es verdaderamente deplorable el proceder de la investigación, pero también de la instrucción judicial en algunas fases. Está casi a la altura del caso Rocío Wanninkhof, que es el renglón más torcido de la investigación criminal reciente en nuestro país.

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