Heraldo-Diario de Soria

El orgullo de unos premiados y el aliento social de María Caamaño

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Los premios Castilla y León que hoy se entregan y que sirven para reconocer a un puñado de los mejores de los nuestros en disciplinas tan diversas como la ciencia, el deporte, los valores humanos o la tauromaquia, son sin duda uno de los múltiples ejemplos de la infinidad de cosas que unen y cosen esta comunidad formada por las nueve singularidades que conforman el carácter más plural de cualquier territorio de Europa. Todos y cada uno de los galardonados son un reflejo de la riqueza humana, puesta al servicio de los demás, que contiene este territorio, cuyo presente y futuro nos concierne a todos. Los siete galardonados son un compendio de la riqueza profesional que emana de Castilla y León. Y que además se fragua y se cimenta en Castilla y León.

La virtud, las virtudes, no son elementos que suelan resaltar en el mediocre debate de esa mediocre política que se ha aposentado en Castilla y León. La de esos que ven apocalipsis casi diarios mientras esta tierra progresa, avanza y se desarrolla. Con dificultades, con desigualdades y también con desequilibrios, que es lo que hay que atajar sin más dilación y sin dejar que vayan pasando los mandatos como los trenes por la estepa ante la mirada de las vacas.

Los siete galardonados son piedra de toque esencial de nuestro orgullo. Son la representación inequívoca de una sociedad dinámica. Por eso cuando los políticos, erráticos, intenten instrumentalizar el falso apocalipsis diario de Castilla y León como instrumento para minar al rival político, no deben olvidar que lo que hacen es herirnos y ofendernos a todos. La crítica debe ser medida, certera, centrada y mesurada en sus formas. Lo otro es algarada que evidencia una desgana atroz por construir y parasitar la política como medio de vida personal de los dirigentes y sus palanganeros. Hoy la política, como cada año, debería mirar a los galardonados para contagiarse de su visión constructiva, sin por ello renunciar a la crítica edificante. Seguramente, como cada año, no lo haga. E incluso los buenos deseos de hoy estén caducos en la celebración del 23 de abril, Día de Castilla y León.

Hoy la celebración debe ser también un reconocimiento a una de los nuestros que se fue hace unos días. María Caamaño, la ‘Princesa futbolera’, que bregó media vida de su corta existencia contra el cáncer, driblándolo con ‘La sonrisa de María’, ese impulso de aliento para los niños enfermos. María, premiada hace un año, no podrá acompañar a los premiados. Pero, desde su cielo, es el mejor aliento de lo que simboliza la sociedad de Castilla y León.

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