Heraldo-Diario de Soria

LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS II

Carlos de la Casa

Precursores de la Unión Europea II

“Quien tenga Europa, tendrá el mundo”. Vladimir Ilich Lenin

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Fueron numerosos los responsables políticos y miembros de la sociedad europea los que, conscientes del desgarro que sufrió nuestro continente tras las dos guerras mundiales y el consiguiente declive, clamaron por una Europa fuerte y unida.

Así lo vimos en el artículo precedente, en donde comentamos las ideas de algunos de los precursores claves. Pero fueron muchos más los que con imaginación e impulso personal marcaron una crónica esencial.

Recordemos a Winston Churchill, Helmut Kohl, François Mitterrand, Melina Mercouri y una larga lista que nos llevaría a un texto fuera de este tipo de sábanas quincenales. Por ello, hemos optado en este segundo, y último capítulo, exponer los comentarios de una serie de personajes que evidentemente no son tan conocidos, pero que marcaron el inicio de la Unión Europea.

Simone Veil, superviviente de los campos de concentración nazis, dedicó su larga vida a luchar por una Europa unidad, llegando a ser elegida primera presidenta del Parlamento Europeo. Su amor y lucha por Europa y la libertad la llevó grabar en la espada que recibió como miembro de la Academia Francesa tres textos: “el número de su tatuaje en Auschwitz, el lema de la República francesa -libertad, igualdad y fraternidad- y el eslogan de la Unión Europea - Unidos en la Diversidad-».

Entre los científicos debemos destacar a la profesora Marga Klompé, resistente de los Países Bajos durante la Segunda Guerra Mundial. Esta intelectual fue la primera mujer miembro de la Asamblea Común de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero.

Uno de los proyectos claves fue el Plan Beyen, obra del neerlandés Johan Willem Beyen, que fue presentado en la conferencia de Mesina en 1955 y cuyo objetivo era que: «la unidad política deseada no podría alcanzarse sin un mercado común». Es evidente que este impulso fue esencial para el proyecto europeo que hoy conocemos como Unión Europea.

Hay una serie de personas que fueron protagonistas con ideas, proyectos y actuaciones que marcarían el devenir que nos ocupa. La alemana Ursula Hirschmann que, fundó en Bruselas la Asociación Mujeres por Europa. El belga Paul-Henri Spaak, «alma mater» de la Unión Aduanera entre Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo y hombre clave en la Conferencia Intergubernamental sobre la creación del Mercado Común y Euratom ( Comunidad Europea de la energía Atómica) en 1956.

¿Y qué decir de Walter Hallstein? Fue quien aprovechó su mandato como primer presidente de la Comisión Europea para crear el Mercado Común y promover la creación europea.

No quisiéramos finalizar el repaso por estos precursores sin nombrar a dos personas que, con su buen hacer, cada una a su estilo, fueron esenciales por diferentes motivos.

Por una parte, la parlamentaria francesa Nicole Fontaine, figura esencial en los proyectos sobre educación, reconocimiento mutuo de títulos académicos y derechos de la mujer e igualdad de género.

Por otra, el español Salvador de Madariaga y Rojo, cuya obra ensayística y literaria fue, en su momento, esencial para mostrar la vocación europea de España.

Es evidente que todo evoluciona, quizás demasiado rápido, y ello repercute en la sociedad, también a nivel europeo, y de ahí que sea necesario, y hasta nos atrevemos a decir urgente, hacer frente a los nuevos retos que se están presentando.

Europa debe reconsiderar su papel en el mundo actual, en donde algunos «autodenominados socios» brillan negativamente por sus actuaciones y donde otros, «a la chita callando», avanzan social y económicamente hacia occidente.

La Unión Europea debe ser consciente de su importancia, de su progreso y de su democracia, DEMOCRACIA, y que esto es la consecuencia, afortunadamente, de las ideas y proyectos de aquellos visionarios precursores que nos llevaron a la UNIÓN.

Es evidente que hoy día no estamos como aquellos seis estados que iniciaron el proceso y que se debe asumir que procede realizar ciertas reformas institucionales que permitan seguir perfeccionando en la integración política, económica y social, pero sin olvidar algo clave: la defensa militar de Europa.

Los miembros de la Unión Europea deben revisar y ponerse de acuerdo en sus competencias, analizar y dar solución a los flujos migratorios, simplificar tratados y sobre todo reestudiar el papel del Parlamento Europeo, sin olvidar el del Comité de las Regiones. Y todo ello con un único fin establecer UNA SOLA VOZ.

Finalizamos con un texto que escribimos en su día (España y el Edificio Europeo, 2003), y que estimamos que aún es válido: «La misma crisis sufrida por la Comisión a comienzos de 1999, nos demuestra que las instituciones europeas son mucho más sólidas que las personas que las representan o que los intereses de los Estados. Sin embargo, ello no excluye la necesidad de debatir toda la arquitectura institucional de Europa, buscando ese necesario equilibrio que integre a todos a sus actores, presentes y futuros, y a las funciones que está llamada a desarrollar».

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