Heraldo-Diario de Soria
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.Pilar Perez Soler

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Lo que ocurre en Valladolid con las policías sólo ocurría en la Venezuela de Chávez, Hugo, y ahora, con menor intensidad en la de Delcy, la muy mejor amiga de Ábalos y Zapatero. Es esa afición que tienen algunos agentes policiales por amedrentar en la vía pública especialmente a periodistas, en el ejercicio de su libertad no sólo profesional, sino también ciudadana. Al entender de algunos elementos uniformados, no todos, pero sí unos cuantos, si tomas una imagen en la calle te pueden identificar para ver qué vas a hacer con la foto. Ponerla de fondo de pantalla si se le pone por los cojones, por ejemplo. El alcalde Carnero debería dedicar su esfuerzo soterrador en desasnar a esta calaña. Estos episodios de puro fascismo y analfabetismo constitucional son más cotidianos de lo que parece. Y lo son porque los responsables prefieren mirar para otro lado mientras se mina la libertad. Al edil de autos, Alberto Cuadrado, el de VOX que no quieren ni en VOX, que los tiene como su apellido, se la suda completamente la libertad. Como completamente se la sopla a la jefa policial, Julia González, sabedora de excesos y desatinos. Aunque a esta no le incomodan las fotos, cuando es ella la que luce palmito a todo trapo. No es de ahora, ya ocurría con el pasmarote de Palomino, concejal impertérrito en tiempos de Puente. Ocurre con policías nacionales, también, como sufrido. A ver si alguien les explica a estos analfabetos procesales que un ciudadano, periodista o no, puede tomar fotos y vídeos en la vía pública cuando y donde se le ponga por los cojones. No es a los uniformados a los que compete, cuando se les pone por los cojones, amedrentar ciudadanos por el mero vicio de fantasear ser homólogos del ICE de Trump. No son todos, ni mucho menos. Pero los que callan otorgan. Estas tropelías sólo pasan en Valladolid. O toma partido el alcalde, el subdelegado y el delegado del desgobierno o serán cómplices del avance del chavismo policial.

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