Sin ánimo de estresar a PP y VOX, igual es hora ya de hacer gobierno

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No es por apremiarles, apurarles o estresarles a estos de PP y VOX. Pero pasados 72 días desde las elecciones han tenido tiempo más que suficiente para cuajar un acuerdo más pormenorizado que un libro de Umberto Eco, cargado de notas a pie de página. Es tiempo ya de formar el acuerdo de coalición que todos sabemos que van a formar desde incluso antes de las elecciones. Aunque el acuerdo esté traducido a 60 lenguas, incluido el sánscrito y sumerio y serigrafiado en letra gótica y aderezado con miniaturas policromadas al estilo de los códices calixtinos, para ilustrar la zarandaja esa de la prioridad nacional, ha habido tiempo más que suficiente. Valga el sarcasmo, la ironía y la acidez para demandar por enésima vez que ambas formaciones se sienten a formar un gobierno con el consiguiente reparto de carteras, que a la postre es lo que interesa a la mayoría de los implicados. Tanto a los que entran como a los que salen. E incluso a los que se van a quedar relamiéndose las expectativas.
Cada semana sale uno de VOX, ya sea de Castilla y León o de Bambú, que es donde se cuece todo y se envía servido a los de aquí, que no las huelen, diciendo que ya queda poco. Para, como en los versos de Lope de Vega, lo mismo contestar mañana. El más clarividente ha sido Mañueco, que todavía la semana pasada, en clave socarrona, ya advirtió que hay que tener «tranquilidad» y «serenidad». Una clara alusión, para los que quieran entender el metalenguaje del salmantino, al tacticismo de VOX, que, como en Extremadura y Aragón, tiene una mano en el pacto de Castilla y León y un ojo en las expectativas de Andalucía, donde el PP se quedó a dos de la mayoría absoluta. El asunto es tensar a Feijóo y mantener esa tensión sobre el PP, evidenciando que su mayor prioridad nacional es la estrategia, ahora que hasta ASAJA, en tiempos aliado inquebrantable de los de Abascal, les ha desnudado, por boca de su número dos, José Antonio Turrado, las necedades que conlleva eso de la prioridad nacional a la hora de engrasar la maquinaria laboral del campo, de la construcción, de la hostelería o de otros muchos servicios que dan brío a la pujante economía de Castilla y León.
El tacticismo les pasará factura en las próximas generales. Como se la pasó la autocomplacencia y el desapego en las expectativas de las últimas autonómicas. El resultado fue magnífico. Las aspiraciones, desastrosas. La prioridad nacional en Castilla y León es un gobierno que insufle vigor a la Junta con un nuevo presupuesto. Y de paso que haga acudir al puesto de trabajo a la oposición, que llevan dos meses y medio tirados a la bartola.