Tudanca no sigue en el Senado

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Tudanca no seguirá en el Senado, plaza brindada directamente por Pedro Sánchez a cambio de su disciplina y sumisión en las primarias inexistentes para que Carlos Martínez llegara, entre pétalos de rosas, a la secretaría general de Castilla y León. Pero ese compromiso de Sánchez, como casi todos, tenía fecha de caducidad con las nuevas elecciones del 15-M y la consiguiente renovación, o no, de senadores autonómicos. Y se escuchó en el grupo socialista de Cortes, como el chiste del soldado Artemio que se quedó sin huérfano cuando hacía la mili: «Que dé un paso al frente quien vaya a seguir de senador. ¡Tú no, Tudanca!». Es el propio afectado el que lo cuenta, con lloriqueos, a su círculo. Tras 20 años viviendo del momio y cotizando de la política se le abre un alentador panorama laboral. Sánchez lo da por amortizado y en Ferraz no quieren ni oír su apellido. A ver si Page, el rebelde con causa, o Barbón, la marioneta de Adriana Lastra, se apiadan y lo empotran en algún chollo con cargo al contribuyente manchego o asturiano. Porque lo de montar otra asesoría política, tal y como está el patio de Zapatero, no parece adecuado. Además habría que trabajar. Y ese es un defecto del que carece Tudanca, que lleva en su ideario socialista aquello de: trabajar y morir, lo último. Por cierto, ahora que la UCO vuelve a cursar visitas, como le dé por aparecer por la sede del PSOECyL y pida las cuentas ocultas y salgan los sobresueldos en formato de kilometrajes y dietas, alguno acompaña a Zapatero en su periplo procesal. No olvidar que Tudanca se embolsaba 15.000 o 20.000 al año en ese concepto, añadidos a los más de cien mil que ya cobraba de Cortes, tal y como reflejaban las contabilidades del partido. Extraño concepto, porque el sueldo iba íntegro al bolsillo. Tenía coche y chófer de partido, que era quien pagaba hoteles y demás consumiciones. La UCO es mi pastor, nada me falta.