Heraldo-Diario de Soria
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El Partido Animalista Con el Medio Ambiente (PACMA) no quiere sanjuanes. O, mejor dicho, no quiere que los sorianos disfrutemos de nuestras fiestas de San Juan. Tras intentar cargarse, también en nuestra provincia —y sin el éxito deseado—, el Toro Jubilo, ahora vuelven a la carga para tratar de erradicar al toro de nuestras ancestrales fiestas. ¡Manda huevos!, que dijo Trillo. La de veces que me pregunto por qué algunas personas no dejan a las demás vivir en paz y disfrutar de sus tradiciones. Pues nada, que no hay manera. A ver, que tocapelotas hay hasta en la sopa. Diría incluso, que se está convirtiendo en deporte nacional. Pero es que lo de esta gente es ya de juzgado de guardia. Venir a decirle al ayuntamiento de la ciudad que modifique los festejos para que no giren en torno al toro, es ya lo que nos faltaba por oír. ¿Se lo imaginan? Estos ilustrados —que por cierto tan solo obtuvieron 29 votos en la capital en las pasadas elecciones al parlamento autonómico—, quieren eliminar, con la inestimable ayuda de algún picapleitos que a buen seguro se prestará a ello llegado el caso, al toro de nuestras fiestas. Vamos, que el día del Lavalenguas, el de La Compra, el de La Saca, o el Viernes de Toros, los sorianos nos toquemos el higo mientras nos comemos una bolsa de pipas cara al sol. La verdad es que no debería ni de estar escribiendo estas líneas. Al fin y a la postre aún les estoy dando más publicidad de la que en verdad merecen. La lógica me dice que lo que este grupo pretende es una quimera. Pero, por otro lado, les aseguro que viendo cómo va España, no me fio ya ni un pelo de que esto caiga en manos de algún juez `woke´ y se arme la marimorena. Nos estamos llevando en los últimos meses tantas sorpresas que ya uno puede esperarse cualquier cosa. Fíjense, por ejemplo, cómo algunos se pasaron media vida criticando a la señora del Caudillo por aquello de los collares, y resulta que a quien en verdad les pirraban las joyas eran a otros. Ver para creer. Y espérense. Lo que sí tengo claro es cómo sería la respuesta de toda una ciudad a tan siquiera un intento de desvirtuar nuestras tradiciones. Hace unos años —lo recordarán—, ya hubo un conato torticero en este sentido, cuando dos hombres, por un lado, y dos mujeres, por otro, intentaron inscribirse como jurados. Recuerdo que escribí sobre eso en este mismo periódico, y bajo el título, “Fiestas de San Juan, o, a este paso, de Santa Juana”, hice un alegato donde aseguraba sin atisbo de duda que las tradiciones hay que mantenerlas intactas para que precisamente lo sigan siendo. Con el paso de los años estoy convencido de que algunas cosas mejorarán en nuestros cinco días mágicos. El recurrente asunto de los polvos de talco es un ejemplo de esos necesarios cambios. Y quizás algún día lo sea desdibujar el carnaval que se ha creado alrededor del Viernes de Toros y volver a poner de moda la bota de vino colgada al hombro. Tradición por encima de todo. Y los tocapelotas, al corral.

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