Fin a Luis Fuentes, por fin

.
Mañueco puso fin, por fin, al periplo de uno de los mayores absentistas laborales que ha conocido la política patria y autonómica. El Consejo de Gobierno zanjó la andadura de Luis Fuentes durante 11 años por la lides de las Cortes y de la Junta, cobrando a cuerpo de Rey, pero vagueando a cuerpo de parlamentario. Durante estos once años nos ha costado cerca de millón y medio de euros por no hacer nada más que dedicarse a la intriga, la traición, el deshonor y lamerle los zapatos al que fuera menester, bien fuera Igea primero o su rival en el PP después. Tenía que haberse ido hace tres años, pero los años cotizados, que no los trabajados, porque no consta tal efecto, no le daban para jubilarse con la máxima. El PP lo indultó por desentenderse de Igea a última hora, cuando Igea era un náufrago solitario al que no siguieron ni los suyos, a excepción de Luis Tudanca, el del síndrome de Estocolmo. El PP no paga traidores. Los pagamos los contribuyentes. Fuentes es uno de los tipos mas ruines, arrastrados y mezquinos que ha pasado por la vida pública. Y no son pocos los que han pasado. Él siempre estaba dispuesto a inclinar al cerviz con tal de preservar sus cien mil al año en las Cortes y sofá naranja que metió para el despacho nada más llegar, allá por 2015 en el que echar la siesta. Para más detalles, pregunte al por entonces jefe de protocolo del parlamento, que fue el que tuvo que encargar la mudanza para que el de San Pelayo estuviera cómodo y alineado con los colores del partido. Esa fue toda su contribución a la política. Que no se enteró ni de que el PSOE había metido la primera moción de censura de la historia siendo presidente, porque creía que el registro cerraba a las dos. Los tres últimos años ha parasitado en el Corredor Atlántico, pegándose viajes a ferias de logística en Barcelona, a gastos pagados. De la escoria de aquellos rescoldos todavía queda otra alimaña de similar talla, Miguel Ángel González, alojado de asesor de la nada.