La pederastia de la Iglesia y la corrupción del PSOE tienen cura

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El arzobispo de Valladolid, a la sazón presidente de la conferencia episcopal, peca en ocasiones de excesos retóricos en sus sermonear político. Llamar banda de ladrones a los dirigentes de un Estado, así sin diferenciar la paja del grano, es más que un exceso. Seguramente traición del subconsciente de su juventud en el Partido Comunista, porque Luis Argüello es una vocación tardía que ha llegado muy lejos en la Iglesia, tanto como en el asunto de la banda de ladrones. Pero no tanto a la hora de poner coto, orden, disciplina y contundencia con la pederastia que asola la Iglesia. La réplica del ejecutivo de Pedro Sánchez a Argüello era más que evidente. Y también versa sobre paja. Sobre ver la paja en el ojo ajeno, aunque sea y no distinguir la viga en el propio.
La Iglesia, más concretamente el clericalismo, no está para sermonear en exceso después de lo que hemos conocido y seguimos conociendo a diario. Ayer mismo condenaron a un cura por violar a cuatro feligresas a las que había drogado y grabarlas en vídeo. El demonio está dentro del clero todavía. Y eso es lo que debería ocupar día y noche al presidente de la Conferencia Episcopal Española, que es una de las iglesias que menos contundencia, transparencia y determinación ha demostrado muchos años después de que el escándalo de la archidiócesis de Boston abriera el melón y nos dejara sobrecogidos a todos. De todos es sabido que a Argüello le chifla el boato de los medios. Tal vez el camino de la discreción y la humildad cristiana sea mejor consejera, que el del entorno de asesores que, para agradar, está constantemente programando apariciones que a veces acaban en tragedia retórica. Donde hay una banda de pederastas, violadores de niños y otras clases de degenerados sigue siendo en las sacristías. Y mientras no se ponga coto al encubrimiento no se pondrá fin. Decir que la Iglesia ha asumido su pederastia es lo mismo que afirmar que Pedro Sánchez y el PSOE se han enfrentado con gallardía, valor y honestidad a la creciente corrupción que les sacude cada día. Sin darse cuenta, Argüello ha tenido ya que caer en la cuenta que desde la pederastia unos y desde la corrupción los otros, la actual Iglesia y el PSOE caminan por vidas paralelas, como diría Plutarco. Con estos mimbres a Argüello se aleja del purpurado cardenalicio, que tanta desazón le causa. La corrupción de unos y la pederastia de los otros empezará a esfumarse de sus vidas cuando empiecen a afrontarla sin la soberbia que conduce al encubrimiento y con la transparencia que es la mejor de las curas y virtudes para combatir no la inmoralidad, pero sí la delincuencia estructural, ya sean violadores de niños o corruptos.