Carriedo y lo del arraigo

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El pacto de los del PP y VOX se sustenta en la mamarrachada esa del arraigo. Van a pedir arraigo para repartir lo que VOX llamaba paguitas desde la oposición y ahora son alicientes de españolidad y españolismo patrio. Anda que no pusieron verde, que te quiero verde, las promesas de Mañueco de subvencionar a los chavalillos el carné de conducir o del gimnasio, que son medidas tan sanas y competitivas como las que tienen otras comunidades, que andan a la caza del empadronado como alma que lleva el diablo. ¿O es que las subvenciones sólo son legítimas y españolísimas si son para ASAJA y sus satélites satelitales? El caso es que el otro día avisó Carlos Fernández Carriedo, el portavoz imperturbable, que lo del arraigo va a cotizar para el reparto de ayudas a los alquileres de pisos. Bien hecho. Pero a ver cómo conjugan que uno de Albacete recién empadronado tenga más derecho a la paguita que uno de Almazán que se fue por necesidades del guión laboral y quiera regresar a casa, ahora que pintan oros en nuestra tierra. Se me antoja alambicado el argumentario de la normativa de alquileres y demás paguitas. Pero donde reside lo magro de todo esto es en el corazón mismo del pacto. Ponen unas condiciones de arraigo para todo hijo de vecino, pero para ellos todo el monte es orgasmo. Sin ir más lejos, ¿va a legislar lo del arraigo para los asesores? Porque VOX nos están llenando esto de madrileños, toledanos y sevillanos, que no están ni empadronados. Sin ir más lejos, Alberto Díaz Pico ya ha montado consejería patera para alojar (¡aloha!) a un farmacéutico hispalense sin botica. Todo su arraigo radica en haber asistido al coso taurino en el último San Pedro Regalado en compañía de Pepa Millán, portavoz de cámara, y su séquito. O lo del arraigo vale para todo, para todos y todo el tiempo o tiramos la puta al río, que diría un castizo, o el mismísimo Hemingway tras arrearse un cántaro de vino en los sanfermines. Arraigando, que es gerundio.