Heraldo-Diario de Soria

MÁS SE PERDIÓ EN CUBA

Ignacio Soria Aldavero

Cara al sol

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El eclipse de la semana pasada paralizó a media España. Todos eclipsados. Lógico, con el coñazo que dieron. ¡Menudo coñazo, señores! Lo que iba a ser algo extraordinario en décadas, o así nos lo vendieron en los medios de comunicación y hasta en la sopa, ha adquirido ya forma ordinaria porque al año que viene, y según nos han contado a posteriori, va a haber otro eclipse que dicen será mejor que este. ¡Tócate los pies! Que se preparen los andaluces; ¡ozú! Cómo nos marean. O cómo nos dejamos marear. Al gobierno nacional le vino ni que pintao que el sol se escondiera para que no se hablara de otras cosas. Menudos pájaros. Ceuta y la invasión, o la trama sanchista del siglo, ya saben. Soria no fue ajena, por su posición geográfica, a ese maremágnum que giró en torno al eclipse. Más de un año preparándolo, y llegó el día. Valonsadero se llenó de gente. No tanta como la esperada, porque un `Jueves La Saca´ es difícil de superar, pero gente hubo. Y en la provincia también. Un hecho así había que exprimirlo, aunque tan solo durase unos minutos. Y nuestros alcaldes del medio rural lo sabían. La capital, horas antes a tan insigne momento estaba a rebosar de visitantes. El soriano, y que tiene la cualidad de distinguir quién es de aquí y quién no con tan solo darse un paseo por el centro, lo pudo comprobar. Quienes sí que han hecho el agosto -y nunca mejor dicho-, han sido los establecimientos de hospedaje y pernoctación. Lleno total en sus instalaciones, pude leer. Y me alegro. De los apartamentos turísticos, aun sin datos oficiales, me atrevo a decir que también se habrán llenado los bolsillos. La ley de la oferta y la demanda, pero sobre todo la fiebre del eclipse -y que a alguno le nubló el raciocinio-, provocó que, en algunos casos, se vieran ejemplos de la más diáfana avaricia con unos precios para pasar una noche del todo desorbitados e impensables en otras circunstancias. España y la picaresca, qué les voy a contar. Los que en general no quedaron muy satisfechos, porque en toda fábula también hay parte dramática, fueron los restauradores que vieron cómo los visitantes no sucumbían a sus menús, y cambiaban sus mesas con mantel, copa y servilleta, por neveras de campo y mucho táper. Vamos, que venció la tortilla de patata como cantaron Los Nikis en su icónica canción «El Imperio Contraataca». Mención especial merecen las distintas fuerzas de seguridad por velar por el buen desarrollo de este evento multitudinario bajo un grave riesgo de incendios por las altas temperaturas. No se lo pusieron nada fácil. Pero todo salió bien, y media España, pudo disfrutar, cara al sol, de un momento mágico.  

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