Heraldo-Diario de Soria
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«Un país que pacta es

un país que progresa»

José Ignacio Torreblanca

Sin duda alguna el mejor pacto político que existe es el que nos dimos los españoles en 1978. Desde entonces y gracias al pacto institucional estamos viviendo los mejores años de nuestra historia. Evidentemente ha habido problemas, algunos muy graves (véase lo ocurrido con ETA) y otros múltiples. Todos ellos se han ido encauzando de la forma más adecuada posible.

Ello nos llevó a encontrar una amplia y profundad libertad, con la que soñábamos los españoles y a la vez se nos abrieron una serie de puertas junto a las más avanzadas democracias de la tierra.

Algunos momentos fueron duros, muy duros: «La matanza de la calle Atocha», «23 F» y evidentemente los continuos asesinatos de la banda terrorista ETA.

En aquellos años, se iniciaba el camino hacia la unión de todos los españoles en busca de una soberanía popular que luchase por la defensa de los derechos bajo un respeto a las diferentes opiniones.

Junto a esa realidad política, el presidente Adolfo Suárez, consciente, igualmente, de la situación económica (crisis del petróleo de 1973), de la crítica situación laboral, de las fugas de capital, etc., tomó la decisión de hablar de estos temas con los lideres de la oposición: Felipe González y Santiago Carrillo y mandató al Prf. Fuentes Quintana, su mano derecha en asuntos económicos, que buscase un acuerdo con las fuerzas sindicales y tras largas jornadas logró un entendimiento con todos, excepto con la CNT.

El resultado de las gestiones realizadas fue la firma de los PACTOS DE LA MONCLOA, el 25 de octubre de 1977, «tomando conocimiento y comprometiéndose a su desarrollo el Congreso de los Diputados dos días después, y el Senado el 11 de noviembre»

Esos Pactos fueron firmados por: Adolfo Suárez, como presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo por UCD, Felipe González por el PSOE, Santiago Carrillo por el PC, Enrique Tierno Galván por PSP, Josep María Triginer por la Federación Catalana del PSOE, Joan Reventós por CSC, Juan Ajuriaguerra por PNV y Miquel Roca por CiU. Manuel Fraga por AP suscribió el acuerdo económico, pero no el político.

Junto a este acuerdo debemos mencionar el PACTO DE TOLEDO, cuyo principal precedente fueron los Pactos de Moncloa. Este surgió de una proposición de Convergencia y Unión sobre la Seguridad Social.

El Congreso de los Diputados, tras conocer el «análisis de los problemas estructurales del sistema de seguridad social y de las principales reformas que deberían acometerse», aprobó por unanimidad, en el pleno del 6 de abril de 1995, 27 medidas para excluir de la controversia política el sistema de protección social.

Basten estos dos ejemplos para comprobar lo que es pensar en la ciudadanía y en España.

Hoy día, tenemos al Gobierno solicitando un Pacto frente a la Emergencia Climática, pero sin reunirse con nadie, sin llevar el tema al Congreso y solo hablando de cara a la galería y buscando la fotografía. Mostrando con ello la realidad y esta es que estamos en un período de nuestra historia en donde los acuerdos son imprevisibles y la situación es de bronca permanente.

Y el gobierno, insistimos, no habla más que del cambio climático y la agenda veinte-treinta, cuando la realidad es que en los últimos años España se está incinerando y no hay conversaciones para un Plan Nacional de Incendios.

Ceuta es invadida, Melilla, aunque más lentamente, igual. Las islas están siendo puntos de llegadas de ilegales. ¿Dónde está el Pacto sobre la Migración? Al parecer se habla con el Reino alauita, pero no con los partidos de la oposición.

Y que decir de la ‘Memoria’ hoy democrática y ayer histórica. Más de lo mismo, impuesta, no pactada y claramente ni democrática, ni histórica. Surgida de un afán de revanchismo partidista, fuera del tiempo cronológicamente y evidentemente sectaria y tendenciosa.

La diversidad ideológica y el desacuerdo partidario propios y lógico de una sociedad plural, como la nuestra, que debe solventar sus desacuerdo en libertad y en lógica democrática no deben ser obstáculo insalvable para analizar y consensuar los asuntos claves para España.

Estamos viviendo unos años en que los extremos, por ambas partes, pretenden, y a veces logran, una polarización que hacen insalvables los pactos necesarios y ello es absurdo. Si los dos partidos mayoritarios asumen que España no puede estar en un incendio político constante, deberían actuar en consecuencia y marcar a los ciudadanos como cuestión prioritaria y olvidarse de sus sillones.

Es necesario, imprescindible y urgente olvidarse de la célebre frase del presidente Rodríguez: «nos interesa que haya tensión» y buscar la adaptación social a los acontecimientos diarios: incendios, migraciones, vivienda, seguridad, carreteras, ferrocarril, etc. etc.

España y los españoles de bien están, estamos, reclamando pactos necesarios, pactos interpolíticos, pactos intergeneracionales. Algunos hablan y han escrito de un nuevo paradigma, no hace falta ir a eso. Baste ver lo que España y los españoles acordamos para lograr una transición sin odios y con raciocinio. La verdad es que entonces se luchaba, como ya hemos dicho, por una libertad sin ira y por lograr la democracia, no por sillones y puertas giratorias.

Nada impide que los responsables políticos actuales encaren, de una vez, con seriedad un debate sobre la actualidad de nuestro País, este País llamado ESPAÑA.

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