LA CAPITAL
‘El día de mañana’ versión Soria
En la película ‘El día de mañana’, de Roland Emmerich el cambio climático provocaba que en Tokio cayeran piedras de granizo del tamaño de una naranja. Salvando las distancias, porque en este caso el pedrisco alcanzaba dimensiones parecidas a las de una castaña, Soria vivió diez minutos en la que lisa y llanamente la población se quedó pasmada ante el fenómeno meteorológico que sucedió en torno a las siete de la tarde. Las previsiones apuntaban a la posibilidad de que se produjeran precipitaciones, y una enorme nube negra era el preámbulo de lo que sucedería poco después. Un tremendo trueno que resonó en toda la ciudad pregonó una ‘pedregada’ de tal calibre que a fe que quien recibió un granizo en la cabeza le llegó a hacer daño.
El ruido también contribuía a un paisaje demoledor, en el que el granizo rompía hasta los globos de algunas farolas. El pedrisco cayó en seco, de forma que las alcantarillas, secas como la mojama dese hacía días, no pudieron evacuar toda el agua acumulada. En cuestión de unos pocos minutos, la ciudad se convirtió en una auténtica balsa de agua que complicó la circulación de los vehículos. Los más, decidieron detenerse para esperar a que capeara el ‘temporal’. Por las cuestas, el agua corría a raudales, como en San Pedro, camino del río, en la calle Caro, en Morales Contreras o en el túnel de Eduardo Saavedra. Riadas y riadas de agua.
Las banderolas de El Collado colocadas para el mercado medieval no pudieron soportar el peso del granizo y del agua y se doblaron, afectando a una de las farolas de la plaza del Olivo, que se vino abajo. Como si fuera un guiño, la farola no dejó de alumbrar desde el suelo. Con el agua cayendo Collado abajo, uno de los establecimientos más afectados fue Rhos, en el que su propietario, Alberto Gil, reconocía que el agua había llegado «hasta los probadores». «Llegó al fondo de la tienda e incluso el techo se ha descorchado; en el edificio nuevo un desagüe era como una manguera en la que salía el agua hacia arriba y se iba a los sótanos». Avisó a los bomberos, quienes le interrogaron sobre si el agua alcanzaba los dos palmos. Al final pudo arreglárselas él solo. La tromba de agua tuvo bien ‘entretenidos’ a bomberos y Policía Local, con entrada de agua en algunas comunidades de vecinos, como el pasaje Beltrán o la calle Estdudios. Por la noche, los bomberos tuvieron que afanarse en las calles A, B y central del polígono Las Casas. Una granizada de 10 minutos había puesto en jaque a la ciudad.
La precipitación, desde luego, no sirve para aliviar la sequía, ya que alcanzó los 13,2 litros por metro cuadrado. El problema fue la tromba de granizo en tan solo diez minutos que desbordó las alcantarillas y salidas de agua de la ciudad.
Cuando escampó, llegó el momento de que los automovilistas evaluaran los daños en sus coches. Los que estaban más a la intemperie, las chapas sufrieron hendiduras. Los que estaban más protegidos, prácticamente no se notaba. En algún caso, debido a que las piezas no estaban bien sujetas, los espejos retrovisores cayeron al suelo al ser alcanzados por un granizo. La tormenta se reanudaría por la noche pero prácticamente sin pedrisco. Las precipitaciones durante la jornada del jueves, sin embargo, ya no fueron tan abundantes. Al cierre de esta edición no se habían alcanzado ni los tres litros por metros cuadrado.
En cuanto a los daños en el campo, a falta de una evaluación más concisa, como quiera que la tormenta se centró en la capital soriana y ahora no hay apenas sembrado, sí se puede decir que el granizo es el peor enemigo del girasol y de los viñedos.