SANIDAD
Sacyl controla en el hospital a 100 enfermos de hepatitis C
Algo más de la mitad reciben tratamiento pero todos serían susceptibles de tomar el nuevo fármaco que ha originado la polémica.

Sólo la farmacia del Hospital de Santa Bárbara dispensa el tratamiento frente a la hepatitis C.-VALENTÍN GUISANDE
Sacyl controla en Soria a unos cien enfermos de hepatitis C, personas que sufren la enfermedad y que son supervisadas en el centro hospitalario, aunque no todas reciben tratamiento médico. De este centenar de personas sólo están medicadas algo más de la mitad, de acuerdo al genotipo del virus que padezcan, según precisó el jefe de la Sección de Digestivo del Hospital de Santa Bárbara, Pablo Alonso Antón. En lenguaje coloquial genotipo equivaldría a variante, hay seis diferentes (así denominados, 1, 2, 3...) y no tienen igual respuesta ante un mismo tratamiento. A pesar de que ha ido evolucionando en el tiempo, el tratamiento presenta duros efectos secundarios, resulta largo en el tiempo y ofrece una incertidumbre añadida bastante desalentadora: no saber si habrá o no respuesta, si el enfermo se curará o no. Hasta ahora.
La aparición de un nuevo medicamento hace unos tres meses, de nombre Sofosbuvir, ha llegado acompañada de una oleada de protestas de afectados, reclamando que ese medicamento llegara a todos los enfermos después de declaraciones de responsables ministeriales acerca de que el fármaco (bajo la marca comercial de Sovaldi) solo estaba indicado «para determinados grupos de pacientes afectados por este virus», según se dijo en su día desde el Ministerio de Sanidad, lo que más tarde fue matizado.
Como telón de fondo de la polémica hay varios frentes. Por un lado, se trata de un medicamento antiviral con el que se pueden conseguir altas tasas de curación, carece de los penosos efectos secundarios que tiene el resto de los tratamientos, es más corto y por lo tanto más cómodo para el afectado. Por otro otro, el alto coste que supone el tratamiento, el cual según las primeras estimaciones al inicio de la polémica rondaría los 60.000 euros por persona (los tres meses que dura). «Ahora, según informaciones del laboratorio lo han rebajado hasta los 25.000 euros», apunta el doctor Alonso.
Inflamación del hígado
A ello hay que añadir la gestión de las autoridades sanitarias y el grado de politización que pronto adquirió el asunto. Y otros dos frentes aún: los propios enfermos y quien les asisten, esto es, el médico que prescribe. Nadie como el profesional, a veces ni siquiera el enfermo, para acercarse a la enfermedad y más concretamente a la hepatitis C. La hepatitis es la inflamación del hígado por un virus. Si se trata del virus C, hablamos de una hepatitis «aguda». Pero que el calificativo no asuste. «En la mayoría de los casos, el enfermo está asintomático», lo que quiere decir que apenas presenta síntomas, «puede presentarse como una gripe y casi no se detecta». Así, la enfermedad puede variar en gravedad, de leve a una afección grave que requiere hospitalización. «De estos casos de hepatitis C aguda, entre un 10 y un 30% de los casos la enfermedad se cura sola. Pero un 70%/90% de los afectados no se curará por sí mismo y pasará a ser crónico», prosigue.
Se da la circunstancia de que muchos puede que no sepan que tienen la enfermedad hasta pasado mucho tiempo. «Su evolución es lenta y pueden pasar 20 ó 30 años sin síntomas». El enfermo sabrá que tiene el virus en un análisis de sangre rutinario o si la enfermedad se agrava (por otras dolencias o por sí misma).
De las personas que sufren sufren hepatitis de forma crónica un 20% desarrollarán una cirrosis en el hígado, la fase final de la inflamación y en un porcentaje menor puede evolucionar a un cáncer de hígado. «El grado de fibrosis que tenga determinará uno u otro tratamiento», explica el jefe de Digestivo.
También influye en el tratamiento el genotipo que tenga. «El virus C tiene seis genotipos y por desgracia el más frecuente es el 1, que es el que peor responde a los tratamientos habituales», añade el médico. La mitad de los enfermos de hepatitis C tienen la variante uno del virus, la que peor se cura. Los genotipos 2 y 3 responden mejor y en un porcentaje alto sanan con el tratamiento.
El alto coste económico de todos los tratamientos (en especial del último) y los efectos secundarios (fuertes hasta la llegada del que ha originado la polémica), caracterizan el tratamiento para la hepatitis C, que sólo se dispensa en farmacia hospitalaria. Otra constante ha sido su evolución.
«En los primeros años, la hepatitis crónica se trataba con Interferón, una inyección subcutánea. Después se añadió otro tratamiento antiviral, la Ribavirina (pastillas diarias) que supuso un escalón de mejora», indica el Pablo Alonso. La combinación de ambos medicamentos se conoce como la doble terapia y hasta hace dos o tres años era el tratamiento normal frente a la hepatitis C. La aparición de nuevos antivirales inhibidores de la proteasa (Telaprevir, Boceprevir...) da lugar a la triple terapia, con el añadido de uno de estos fármacos a lo que antes se prescribía.
«Con el tratamiento anterior -explica el doctor Alonso en referencia a la doble terapia- sólo se conseguía eliminar el virus en la mitad de los casos. Con la triple terapia, la respuesta al tratamiento puede llegar hasta el 75% o el 80% de los casos». Pero todo tiene un precio y no sólo económico. «Las posibilidades mejoran mucho, pero a costa de que esos nuevos antivirales tienen muchos efectos secundarios. Todos los tratamientos para la hepatitis tienen efectos secundarios, pero con la triple terapia se agravan», significa el doctor. Hay enfermos en los que incluso hay que suspender el tratamiento.