SORIANOS POR EL MUNDO
«Nunca pensé que podría mirar mal a un pino»
Esta misionera de Covaleda reside en Argentina desde hace 30 años / Forma a indígenas para que puedan enfrentarse a industrias madereras que asolan el monte

María Victoria, en el centro, flanqueada de dos mujeres argentinas, una de ellas (la que está a la izquierda), con rasgos indígenas.-
María Victoria Puertas Hernández sabe que hay pinos y pinos. Hace una semana dejó atrás unos, en su Covaleda natal, y más de 10.000 kilómetros después se enfrentaba a otros muy diferentes. En los primeros se perdería; a los segundos, los odia...
«Nunca pensé que podría mirar mal a un pino», cuenta esta religiosa soriana, misionera de la orden de la Doctrina Cristiana, pensando en los que, muy a su pesar, tiene que ver en Argentina, país en el que reside desde 30 años y al que llegó después de haber estado 6 en Uruguay. La animadversión es grande pero no llega a serlo tanto como las extensiones de terreno que quedan calvas después de pasar empresas madereras del lugar.
La voz de Mariví es suave y dulce, pero suena determinante. «Plantan pinos de crecimiento rápido para luego hacer pasta de papel y destruyen los bosques autóctonos y el modo de vida de los indígenas. Deshacen el monte, los despojan de su hábitat y ocupan sus tierras». Por un momento nos preguntamos si nos estarán contando el guión de una película, de tinte combativo y con final feliz a favor de tribus indígenas, guaraníes para ser exactos. Pero no es así. Cariz ‘luchador’ no le falta a la protagonista de este Sorianos por el Mundo, pero no hay final feliz al menos de momento porque el terreno devastado sigue aumentando. María Victoria reside en Misiones, una enorme provincia al norte argentino, formada por diferentes departamentos, que a su vez integran distintos municipios.
El suyo se llama San Vicente, en él viven unas 60.000 personas y en los años 70 «no existía, era selva». Ahora los pueblan descendientes de alemanes y polacos, entre otros, «mientras que a los guaraníes, que siempre vivieron ahí, los van despojando de sus tierras. Tienen una hermosa cultura y saben más del monte que cualquier ingeniero». Mariví habita una casa junto con otras dos monjas de la misma orden, una trabaja con mujeres que hacen medicina natural; otra con grupos de mujeres y comedores de niños; y luego está ella, que forma parte de un equipo de acompañamiento de comunidades indígenas. Su trabajo es contactar con los grupos que lo solicitan y enseñarles capacitación y asesoramiento jurídico para la recuperación de sus tierras.
El día a día en San Vicente comienza «más temprano» que en España. No todos los miembros del equipo son religiosos, también los hay laicos. Una vez al mes la formación va dirigida específicamente a jóvenes guaraníes «que hacen capacitación en derecho, sobre el país, los poderes, el Congreso, la Constitución... ». La historia de esta soriana por el mundo no es del todo suya. Pertenece un poco a los guaraníes y a la selva paranaense y a sus cedros, y al incienso, y al anchico y a la cancharana...