QUINTA ESQUINA
Isabel Galán: "Hay que quitar estereotipos a la muerte"
«Todos los días me pregunto por el dolor» «El miedo puede traducirse en una mirada hostil» «El mal que más me duele es la mala educación»

Isabel Galán-A. Martínez
Hablaría un máster de su profesión; lo justo de sí misma aunque piense que es clara y diáfana; y nada sobre San Juan (puntualizamos, sobre la cuadrilla de la que aún es jurada, Santa Catalina). Buscábamos hablar con la enfermera, que sobre lo último sobran doctores... y encontramos a una mujer que se ve incombustible y se deja cuidar poco: Isabel Galán Andrés (Navaleno, 1965), presidenta del Colegio de Enfermería.
Pregunta.-¿Qué le duele cuando no está en enferma?
Respuesta.-Muchas veces el conocimiento. Es decir, el pensamiento.
P.-¿Qué nos mantiene vivos?
R.-Las ganas, sí, las ganas. Si una persona tiene ganas de vivir, metas... eso da para vivir. Está claro que biológicamente morimos pero el vivir, como sentir de vida, se hace con ganas.
P.-¿A usted qué le puede?
R.-Muchas cosas. Ahora mismo un poco la pasividad. No digo que haya que salir siempre a la palestra pero como ciudadanos y personas tenemos una obligación que posiblemente no ejerzamos.
P.-¿Cómo maneja el pesimismo?
R.-Soy bastante pesimista. El mío, poniéndome metas y luchas. Por la trayectoria profesional, y estás implicada en una institución como ésta, luchas por algo que crees. Y el pesimismo de otros, con empatía, sabiendo escuchar de forma activa.
P.-¿En qué lugar del cuerpo le ponen los puntos a Soria?
R.-No tengo muchos sitios donde ponerlos, porque creo que somos muy nobles y de saber estar. Pero a lo mejor por las circunstancias históricas y actuales, yo pondría los puntos en el espíritu.
P.-¿Qué buscaría en su cerebro?
R.-Es difícil porque inteligencia tenemos mucha. El soriano es inteligente y cultivado. ¿Qué le pondría al cerebro? Futuro, expansión.
P.-¿En qué invierte que no compre?
R.-Hoy se compra todo, pero lo que no se compra es honestidad, la lealtad. Se puede comprar la fidelidad, pero no la lealtad, que ya no es con otro sino con uno mismo.
P.-A la enfermera, ¿qué nos falta para acercarnos a la muerte con más tranquilidad?
R.-¿Para tomarla como algo que es parte de un proceso vital? Quitarle muchos estereotipos. Educacionalmente venimos de una cultura. La muerte es un proceso vital y hay que vivirla con dolor, pero como un proceso que hay que pasar. Lógicamente es triste, pero hay que vivirlo emocionalmente con la mayor serenidad... hablando de lo que se siente. No hay que ocultar los sentimientos
P.-¿Cuándo dejó de preguntarse por el dolor?
R.-Todos los días me pregunto por el dolor. Una cosa es el dolor físico y otra el emocional, ya no digo psíquico. Va unido. Por el dolor yo pregunto todos los días. Nunca me dejo de preguntar por ello. Pero si vas al sentido emocional, a ese concepto, no me dejo de preguntar por él.
P.-¿Alguna vez le volvió la espalda?
R.-Sí, como mecanismo de defensa. Todas las personas cuando se sienten mal, lo hacen. Es negarse, ‘yo no estoy mal’.
P.-¿Qué mal le duele más?
R.-La mala educación puede conmigo.
P.-¿Y de su ciudad?
R.-Ahora que me haces pensar... Tenemos lo que..., un poco estamos como queremos. Es una ciudad que está como quiere estar. Si no quisiéramos estar como estamos hubiéramos hecho algo. A mí personalmente me duele de mi ciudad que no sea más reivindicativa.
P.-¿Qué ve en los ojos del enfermo?
R.-Depende. Hay muchas veces que miedo. La mayoría de las veces se ve miedo a qué tengo y a qué me espera; otras, resignación. En gente mayor que lo asume, posiblemente lo que se ve es paz. En el sentido de decir ‘ya’. En gente más joven, posiblemente miedo. Pero ese miedo puede traducirse en una mirada hostil. Si tengo miedo me defiendo.
P.-A la jurada, ¿qué deja a su paso el santo Juan, San Juan para entendernos?
R.-¿Tiene doble sentido la pregunta? (Como usted quiera). Mi marido es muy muy muy soriano y todos somos muy sanjuaneros. Me gustan, sí. ¿Qué deja a su paso? Aprendí algo siendo jurada, no todo. Lo viví como una experiencia porque tenía dos opciones. O sí o no. Y dije ‘adelante’. Intenté vivirlo bien, no sólo por mí sino por la gente que nos ayudó.
P.-Vaya revolución en su cuadrilla, oiga.
R.-No voy a opinar. Permíteme que no opine. (¿Ni siquiera un poco?) Creo que no debo, sencillamente porque estoy representando a unos vecinos. Y tengo que trasladar la voz de los vecinos. (Pero si ya no es jurada). Sí, perdona, hasta el día del Catapán, soy jurada. (Pues ánimo, que por ahora no tiene relevo).
P.-El sentido que más cure...
R.-Cada sentido tiene su papel y capacidad de curar según el momento. Pero quizá el tacto... Según como te toque, te sientes de una manera u otra. Y para nosotros la observación es imprescindible, casi la principal herramienta de trabajo.
P.-¿Qué ha visto menguar a la par que su profesión crecía?
R.-Posiblemente hiera bastantes susceptibilidades... Académicamente hemos sido una profesión que ha avanzado muchísimo y siempre estamos ahí, pero traducido a la profesión en el día a día, no hemos sido capaces de avanzar al mismo ritmo. Entono el mea culpa incluso como representante de una profesión. Y me lo planteo a veces.
P.-La última. Una palabra de consuelo en tiempos de zozobra.
R.-Soy poco ocurrente. Esperanza y lucha.