Patrimonio
La ermita mozárabe de Soria que perdió su joya artística hace un siglo
La conocida como Capilla Sixtina de la provincia sufrió un expolio infame con la venta de parte de sus espectaculares pinturas a Nueva York, una operación avalada por una sentencia del Tribunal Supremo que este 12 de febrero ha cumplido 100 años

Espectacular interior de la ermita de San Baudelio.
Se la conoce como la Capilla Sixtina del arte mozárabe en Soria y hace un siglo sufrió un atentado en toda regla. Nombres, apellidos, dinero y hasta una sentencia del Tribunal Supremo sustentan la historia de esta pequeña ermita de Soria, sobresaliente según los expertos, San Baudelio. También y sobre todo, sus espectaculares pinturas, parte de las cuales se vendieron a Nueva York. Esta es la historia.
Una docena de vecinos de la zona de Casillas de Berlanga, el pícaro León Leví, Gabriel Dereppe, J. Demotte, Zacarías García o Blas Taracena son algunos de los protagonistas del infame expolio de la ermita de San Baudelio. La historia incluye también la pasividad de la administración, un largo pleito judicial y una herida que hoy es tan visible como irreparable en las paredes de la denominada como Capilla Sixtina del arte mozárabe. Este 12 de febrero se cumplen 100 años de la sentencia que avaló la venta de las pinturas a Leví que, un año después, en 1926, se las ingenió para arrancar los frescos de la ermita y sacarlos de España rumbo a EEUU.
La Gaceta de Madrid, antecesora del BOE, publicó el 12 de febrero de 1925, hace pues 100 años, la sentencia del Tribunal Supremo por el pleito promovido por León Leví y una quincena de vecinos de la zona de Casillas de Berlanga contra el Estado a raíz de la Real Orden del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes del 12 de septiembre de 1923 que paralizó la venta de las pinturas murales de la ermita de San Baudelio.

Detalle de la sentencia publicada en la Gaceta de Madrid.
El Supremo dio finalmente la razón a Leví y los vecinos, propietarios de San Baudelio, anulando los aspectos principales de la Real Orden. La sentencia avaló que las pinturas podían ser vendidas. «Que los recurrentes dueños de la ermita de San Baudelio han podido libremente vender las pinturas murales de la misma y León Leví adquirirlas, y en lo sucesivo disponer de ellas lícitamente», se expone en el fallo. Una resolución que también tenía una segunda parte: «Que el edificio ermita, a partir de la notificación de la Real Orden de que se trata, y si hubiese sido o tan pronto sea catalogado, queda sujeto a los preceptos de la Ley de 4 de marzo de 1915, no pudiéndose hacer obra de conservación o reparación alguna sin la autorización ministerial».
Los dos aspectos son claves en el expolio que se ejecutaría meses después. Por una parte, legalizaba la operación de venta de las pinturas por las que los vecinos cobraron unas 65.000 euros. Por otra, advertía que cualquier intervención debía contar con autorización del Gobierno. Este segundo aspecto se incumplió un año y pico después por Leví que logró sacar de España las pinturas.
El exdirector del Museo Numantino Elías Terés es autor de varias publicaciones sobre la ermita y el expolio. «Mucha gente sitúa la sentencia como origen del expolio, pero yo defiendo la tesis contraria», explica, añadiendo que «el Supremo avala la venta, pero la sentencia tiene dos puntos importantes». «El primero dice que es legal la venta de patrimonio, pero el segundo dice que no se pueden hacer obras sin autorización», remarca. Para Terés ese segundo punto era una «salvaguarda» para las pinturas ya que «podían cambiar de propietario, pero no de lugar». Sin embargo, en 1926 las pinturas fueron arrancadas de los muros de San Baudelio. «Se cometieron dos ilegalidades, una es el expolio en toda regla que se cometió, y otra cuando sacaron las pinturas de España», sentencia Terés.

Imagen generada por IA representando el expolio de San Baudelio por León Levi.
¿Qué ocurrió para que Leví pudiera llevarse las pinturas a pesar de la sentencia que obligaba a contar con una autorización expresa para intervenir en San Baudelio? Para Terés es una mezcla de oportunidad y cierta pasividad de la administración. «Cuando salió la sentencia todo el mundo quedó aliviado por el tema de que no se podían hacer obras, no se las podían llevar», relata, pero Leví «tuvo paciencia». «Dejó pasar el tiempo, un año y pico, y aprovechó el verano, seguramente sabiendo que en esa época la administración está paralizada, y en dos o tres días arrancó las pinturas». Leví llegó incluso a ser arrestado en el norte de España, pero, evidentemente, no tenía las pinturas encima. «Supo esperar el momento preciso», lamenta Terés que recuerda como el guarda, Zacarías García, avisó del intento de robo, pero no se pudo impedir el expolio. «Se podría haber perseguido el delito por sacar las pinturas de España, pero no se hizo», incide.
También se ha cuestionado el papel de los vecinos de Casillas de Berlanga, dueños de la ermita. «Yo los defiendo», apunta Terés, explicando que «ellos fueron al Numantino, a Blas Taracena, al Gobernador Civil, que les dijeron que no podían venderlas, y al Registro de Almazán donde les explicaron que eran suyas y que podían venderlas, incluso se les ofreció a ejercer de abogado». El Estado dispuso del derecho de retracto o la posibilidad de tanteo para adquirir las pinturas, pero no lo ejerció. «Los letrados aconsejaron que no se ejecutara porque consideraban que no se podían vender», señala. El Estado, en un momento convulso durante la dictadura de Primo de Rivera, tampoco persiguió las pinturas cuando salieron de España.
Fue bajo otra dictadura, en este caso la de Franco, cuando se logró ‘devolver’ parte de los frescos a España. Una devolución condicionada porque, a cambio, España mandó a EEUU el claustro románico de Fuentidueña (Segovia) que hoy luce en Nueva York. «Un depósito de intercambio», puntualiza Terés, recordando que la titularidad de las pinturas, que hoy guarda el Prado, sigue siendo del Museo Metropolitano de Nueva York. En definitiva, Soria y Segovia, para variar, perdieron sus tesoros.
65.000 pesetas
En la propia sentencia se aluda a que el acuerdo entre Leví y los vecinos estableció una contraprestación de 65.000 pesetas por las pinturas. Un dinero que se quedó en nada, según apunta Terés. «Sus descendientes explican que no vieron un duro, que ese dinero se empleó en los gastos de abogados, el pago se hizo, pero no hubo beneficio económico».
Finalmente, las pinturas salieron de España rumbo a Estados Unidos. Leví cumplió así el encargo de Gabriel Dereppe que a su vez trabajaba para un anticuario de origen belga llamado Demotte. En estos momentos están localizadas una docena de pinturas en cuatro museos norteamericanos a las que se suman las seis pinturas del Prado. No son todas las que se expoliaron. «Se lograron vender muchas, pero ni siquiera están todas, habrá alguna todavía en manos privadas», sospecha Terés. Hace un año la consejería de Cultura de la Junta hizo un intento por volver a reunir todas las pinturas en Soria. Fue imposible. Los museos americanos apelaron al delicado estado de las pinturas para evitar su regreso a España. 100 años después el expolio no ha sido restituido.