El centenario de Soria que nació cuando "no sobraba ni una perra chica" y las vacaciones eran inexistentes y llegó a montar una pequeña cooperativa

Ramiro Aylagas y Daniel Gracia.
Se llama Ramiro Aylagas Aparicio y desde este 26 de agosto de 2025 engrosa el listado de centenarios de la provincia de Soria. Natural de Valdelubiel, la vida de este abnegado soriano ha estado marcada por el "esfuerzo constante y la dedicación a la familia", tal y como la define su hijo Jaime. También por la sencillez.
La residencia Santa Cristina de El Burgo de Osma ha rendido un pequeño homenaje a Ramiro, que ha disfrutado de un día muy especial junto a su familia, rememorando toda una vida llena de recuerdos y experiencias. Un acto al que se ha sumado la Diputación Provincial, con la visita del diputado de zona, Daniel García, que entrado una placa conmemorativa y su partida de nacimiento, fechada el 26 de agosto de 1925. Entre los recuerdos de esta larga vida de esfuerzo se encuentra el trabajo en el campo y los sudores hasta que la familia creó una pequeña cooperativa, así como la infancia de Ramiro, de la que deja su propio testimonio.
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“Nací un 26 de agosto, cuando los campesinos de Valdelubiel trillaban la mies en las eras con yuntas de mulas y trillos de pedernal, dando vueltas y más vueltas sobre la parva para separar la paja del grano. Era 1925, y mis abuelos, Carmen y Martín, humildes labradores, trabajaban con esfuerzo en sus pequeñas fincas de la vega del Ucero. Gracias a sus animales y cosechas, podían alimentar a su familia de tres hijos, sin pasar hambre, pero con lo justo para vivir. La época de preguerra y posguerra fue dura; muchas veces escuchamos la frase: 'Hambre nunca hemos pasado, pero no sobraba nada, ni una perra chica'”, recuerda el centenario en un escrito remitido por la institución provincial, en torno a una época que ya no existe en la que la vida se sostenía en buena parte del trueque.
La infancia y juventud de Ramiro Aylagas transcurrió entre el estudio y el trabajo en el campo. "Siempre fue buen estudiante, aunque no tuvo posibilidades de continuar su educación debido a la falta de recursos y la necesidad de ayudar a sus padres, cuenta Jaime, hijo del centenario.
Ramiro Aylagas se casó con Milagros, su prima hermana a quien cuidaba desde los cinco años, lo cual marcó un nuevo ciclo en su vida, aunque no cambió su labor en el campo. "La familia se fortaleció, y con la pequeña cooperativa que crearon, pudieron ir mecanizando progresivamente las labores agrícolas, aumentando su nivel de vida". Ello permitió dar educación al hijo "para que pudiera buscar un futuro distinto al arduo trabajo rural".
Para el centenario las palabras lujo, vacaciones o diversiones "eran prácticamente inexistentes". Sus únicas salidas fueron un viaje a Canarias, promovido por la Caja Rural de Soria, y algún desplazamiento a Alicante para visitar a sus hijos y nietos. "Solo a partir de los ochenta años, tras finalizar su vida laboral, pudieron pasar los inviernos en Alicante, disfrutando del clima benigno junto a la familia", rememora su hijo Jaime.
Ramiro fue aficionado a los juegos tradicionales del pueblo: partidas de guiñote, calva o tanguilla, siempre compartidos en buena compañía. "Su vida fue dura y monótona, pero con un propósito claro: trabajar para progresar", dice su hijo, que ensalza otro rasgo del carácter del padre: "Ni se arrepiente de sus decisiones ni permite que lo juzguen; fueron elecciones suyas, marcadas por sus circunstancias".
Ramiro ha alcanzado un hito extraordinario, rodeado de salud y del amor de su familia, deseando descansar y reunirse con su compañera de toda la vida.