Heraldo-Diario de Soria

Paisanaje

Mikiruc: «No quiero ser un DJ famoso, quiero que la gente sienta otra vibra conmigo»

Mikiruc compagina su formación académica con su pasión por la música, que va más allá de la cabina

Mikiruc picha en una de sus sesiones.

Mikiruc picha en una de sus sesiones.SANDRA GUIJARRO

Publicado por
Sandra Guijarro
Soria

Creado:

Actualizado:

A Miguel Ruiz Cid (El Burgo de Osma, 2007) le corre la música por las venas. Desde niño, su corazón late al ritmo de reguetón, pop, rock y cualquier género que se cruce en su camino. Su historia comenzó como la de cualquier otro joven de su generación: rodeado de amigos, deporte y una vida tranquila en familia. Pero un día, casi por casualidad, cogió el móvil de su madre y descubrió una aplicación de música que le abrió un mundo nuevo. «Hace seis años fue la primera vez que empecé a probar, con lo poco que tenía. Dos años después tuve mi primera mesa», recuerda.

Desde entonces, la música se convirtió en su refugio y en su manera de expresarse. «Siempre que estoy mal me pongo con la música, me tranquiliza mucho. Le echo muchas horas porque me gusta y me hace feliz», cuenta. Además de pinchar, le gusta escribir y componer letras, una faceta que refuerza su perfil creativo y demuestra que su relación con la música va más allá de la cabina.

Con el apoyo de sus padres, que le regalaron sus primeras mesas y lo animaron a estudiar Técnico de Imagen y Sonido, Miguel fue dando pasos firmes. Su primera oportunidad llegó en los quintos de El Burgo, la fiesta de los jóvenes que cumplen 18 años. En su tierra natal, entre amigos y vecinos, descubrió que lo suyo podía ir más allá de un pasatiempo. «La primera vez que pinché fue allí. Les gustó y me empezaron a llamar más veces», cuenta.

En ese proceso también fue tomando forma su identidad artística. Su padre lo llamaba «Miki» y, de la unión con sus apellidos, nació Mikiruc, el nombre con el que hoy se presenta. «Imagínate a mucha gente gritando tu nombre», explica, convencido de que la identidad también se construye desde el escenario.

Ese primer impulso lo animó a dar el salto a Huesca, donde compagina sus estudios con sesiones en discotecas. «En una ciudad grande, trabajar de DJ en una discoteca con mucha gente ya no tendría gracia. Aquí estoy muy bien, tranquilo, y además me llaman de varios sitios», explica. En Huesca dedica gran parte de su tiempo a la música, tanto en clase como en casa, donde sigue mezclando y produciendo. Lo hace con un estilo que busca diferenciarse, sin repetir lo que hacen otros DJs, sino ofreciendo un ambiente distinto que conecte con la gente. «No quiero ser un DJ famoso, quiero que la gente sienta otra vibra conmigo», afirma.

Con referentes musicales como Al Safir, Tengo Flow, Grecas o Bryant Myers, Miguel construye un estilo propio que mezcla géneros y busca sorprender. «A no ser que seas alguien famoso, la gente no te va a descubrir por ningún lado», reconoce. Para él, no hay secreto, solo «tener iniciativa, hablar con la gente y echarle muchas horas», porque este es un mundo que «requiere creatividad y no tener vergüenza de nada». Incluso cuando pincha en fiestas de reguetón, sabe que debe adaptarse, «aunque te gusten otros géneros», sin renunciar a aportar siempre un toque personal.

En redes sociales, especialmente en TikTok (@mikiruc), comparte sus mezclas sin obsesionarse por las cifras. «No lo hago para conseguir 100.000 visitas, sino porque me gusta y quiero que alguien lo vea. Si se hace viral, genial, pero no es mi objetivo», recalca.

Gracias a esa iniciativa, con un carácter «visionario y amable», Miguel ha logrado que su música viaje más allá de Soria y Aragón. Hace apenas unas semanas actuó en Suiza, una experiencia «increíble» ante más de 300 personas. «Un día pasas de pinchar en la discoteca de tu pueblo y otro estás en Suiza. Allí la gente es diferente, pero me lo pasé muy bien», relata. También consiguió pinchar en Galicia «por la tontería de escribir a alguien», demostrando que la espontaneidad también abre puertas.

Desde El Burgo de Osma, Miguel demuestra que la música no entiende de fronteras. Con raíces firmes, apoyo familiar y una disciplina diaria que convierte su hobby en vocación, sigue construyendo su camino paso a paso, beat a beat, con todo lo que está por venir.

tracking