La escapada ideal para toda la familia a menos de dos horas de Soria
Un destino natural y cultural con animales, senderos fáciles y un casco histórico perfecto para desconectar en noviembre y diciembre

La escapada ideal para toda la familia
La escapada familiar que más recomiendan quienes viven en Soria en esta época del año está en pleno Sistema Ibérico: La Rioja y el entorno de Ezcaray, un territorio cercano, accesible y lleno de planes para niños y adultos. Su combinación de naturaleza suave, gastronomía, rutas cómodas y experiencias al aire libre la convierte en una opción perfecta para un fin de semana sin prisas y con mucho que hacer en poco radio.
Un valle que parece diseñado para disfrutar en familia
El viaje desde Soria es cómodo y variado: primero el paisaje abierto castellano, luego el paso hacia La Rioja y, por último, la entrada en un valle que respira tranquilidad. Al llegar, la primera impresión es siempre la misma: montes suaves, casas de piedra y un río que acompaña todo el paseo.
Las distancias son cortas, las carreteras sencillas y el entorno muy manejable, detalles que agradecen las familias con niños o quienes viajan con mayores. En esta época del año, además, los hayedos del entorno mantienen tonos ocres y rojizos que aguantan hasta bien entrado diciembre.
Rutas fáciles que dejan buen sabor de boca
La Vía Verde del Oja es la gran protagonista para quienes buscan caminar sin complicaciones: un itinerario prácticamente llano, con firme perfecto y tramos sombríos que bordean el río. Sirve para caminar, llevar bicicletas pequeñas o simplemente pasear sin prisa.
Otra opción muy familiar es la Senda del Agua, un recorrido corto entre praderas y zonas de ribera donde siempre hay algo que ver: aves, troncos caídos, corrientes suaves y pequeños puentes que encantan a los niños. La zona no exige técnica ni experiencia, solo ganas de respirar. Quienes vienen desde Soria suelen destacar lo “entendible” que es el paisaje: limpio, accesible y sin riesgos.
Un pueblo que se vive despacio
Ezcaray tiene algo que funciona especialmente bien en invierno: calles estrechas y bien cuidadas, soportales donde refugiarse si llueve, plazas que invitan a sentarse y un conjunto histórico que se recorre sin esfuerzo.
La Iglesia de Santa María la Mayor sorprende por su escala y su interior, y el entorno del río y las pasarelas ofrece uno de los paseos más agradables del valle. Para quienes viajan con adolescentes o niños curiosos, la villa mantiene pequeñas tiendas, hornos artesanos y cafés cálidos donde refugiarse si el tiempo se tuerce.
Además, diciembre le añade un plus: luces tempranas, decorariones navideñas tempranas, ambiente tranquilo pero vivo.
Gastronomía que no falla
Ezcaray es uno de esos lugares donde comer bien es parte inevitable del viaje. Hay restaurantes tradicionales, modernos, tabernas con menú del día y locales especializados en producto local.
Platos suaves para niños, cazuelas riojanas, carnes de la zona, verduras de temporada y postres caseros comparten protagonismo con cafeterías donde siempre huele a bizcocho. Quienes vienen desde Soria suelen alargar la sobremesa, porque es un pueblo que invita a no mirar el reloj.
Un plus invernal: actividades para todas las edades
El valle tiene una vida cultural activa incluso fuera de temporada. Talleres, mercados de fin de semana, visitas a pequeñas queserías y paseos guiados se alternan con actividades especiales según fecha.
Y, aunque el puente suele ser anterior al gran arranque de la nieve, Valdezcaray suele abrir algunos remontes o preparar su entorno, por lo que muchas familias aprovechan para dar a los niños su primer contacto con la montaña invernal. Si hay nieve en cotas altas, el paisaje desde Ezcaray se vuelve especialmente fotogénico.
Un destino que permite desconectar sin cansarse
Ezcaray es ideal para escapadas donde se quiere hacer “mucho de poco”: caminar, comer, descansar, hablar, jugar al aire libre, sentarse junto al río o visitar algún mirador. No hay que planificar demasiado, no hay prisas y no hay grandes desplazamientos internos.
Por eso se ha convertido en uno de los clásicos para quienes viven en Soria: ofrece la sensación de viajar, pero sin desgaste; permite llenar el día de planes, pero sin correr; y deja espacio para que cada miembro de la familia disfrute a su ritmo.