Heraldo-Diario de Soria

El pueblo de Medinaceli esconde una solución ingeniosa para la conservación de alimentos que hoy vuelve a llamar la atención

Durante siglos, los habitantes de este pueblo de Soria dependieron de una construcción discreta y esencial para conservar alimentos y enfriar líquidos mucho antes de que existiera la electricidad

El nevero de Medinaceli.

El nevero de Medinaceli.

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En Medinaceli se conserva un nevero, una estructura excavada en la tierra que permitía almacenar la nieve del invierno y transformarla en hielo para su uso durante los meses más cálidos. Este sistema, hoy recuperado dentro del recorrido patrimonial del municipio, fue durante siglos una pieza clave de la vida cotidiana y del abastecimiento de la villa.

La reciente mejora de sus accesos ha servido para volver la mirada hacia este elemento, que forma parte de un conjunto más amplio de construcciones similares repartidas por distintos puntos de España, aunque no todas han llegado hasta nuestros días en un estado de conservación comparable.

Ingenio climático

El nevero es, en esencia, un pozo artificial con muros de contención, a veces cubierto, diseñado para conservar el frío durante largos periodos. Contaba con aberturas específicas para introducir la nieve en invierno y extraer el hielo en verano, cuando la demanda era mayor y el recurso más escaso.

Este tipo de estructuras es conocido desde época romana, aunque alcanzó su máximo desarrollo entre los siglos XVI y XIX. En ausencia de sistemas eléctricos, la nieve se convirtió en un recurso estratégico que permitía alargar la vida de los alimentos y mejorar la conservación de líquidos en los meses de calor.

Trabajo invisible

La actividad asociada a los neveros comenzaba tras las últimas nevadas de primavera. La nieve se cortaba y se trasladaba hasta los pozos, donde se prensaba cuidadosamente para reducir su volumen y favorecer su transformación en hielo. Después se cubría con capas de tierra, paja, hojas o ramas, creando un aislamiento eficaz.

Durante el verano, los bloques de hielo se extraían y se transportaban de noche, a lomos de animales, hasta los núcleos urbanos cercanos. Podían llegar a pesar hasta 50 kilos y su traslado requería un esfuerzo físico considerable, realizado en condiciones duras y sin los medios de protección actuales.

Herencia conservada

El declive de los neveros llegó en el siglo XX, con la aparición de la producción industrial de hielo y la posterior popularización de los frigoríficos domésticos. Estos avances hicieron innecesarios los antiguos sistemas de conservación basados en la nieve y dejaron obsoletos muchos de estos almacenes.

En Medinaceli, el nevero se mantiene como un testimonio visible de ese ingenio adaptado al entorno y al clima. Su conservación permite entender cómo, durante generaciones, la nieve fue un recurso fundamental y cómo una solución aparentemente sencilla sostuvo una forma de vida entera. Hoy, este elemento discreto del paisaje vuelve a despertar curiosidad y a ocupar el lugar que le corresponde dentro del patrimonio histórico de este pueblo de Soria.

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