Los pueblos de Soria que resisten con menos de 20 vecinos y todavía mantienen vida todo el año
La provincia mantiene varios municipios con muy pocos habitantes, aunque algunos conservan comunidad, memoria y servicios básicos

Imágenes de archivo de los cuatro pueblos sorianos con menos de 10 habitantes.
En Soria, la despoblación ha dejado un mapa lleno de pueblos diminutos, pero no todos son pueblos fantasma. Algunos municipios con menos de 20 vecinos siguen teniendo vida durante todo el año, aunque sea con comunidades muy reducidas, vecinos de regreso y asociaciones que sostienen la memoria colectiva.
Los pueblos que resisten
El último recuento situaba en la provincia varios municipios por debajo de esa barrera simbólica. Entre los casos más extremos aparecen Valdeprado y Villanueva de Gormaz, con 8 habitantes; La Quiñonería, Estepa de San Juan y Maján, con 9; además de La Riba de Escalote, La Losilla, Valdelagua del Cerro, Caracena, Portillo de Soria, Carrascosa de Abajo, Aldealpozo, Carrascosa de la Sierra, Momblona, Velilla de los Ajos, Cigudosa, Fresno de Caracena, Pinilla del Campo y otros núcleos que completan el grupo más frágil del padrón.
Lo llamativo es que estos números no siempre significan abandono total. En algunos casos, el pueblo conserva residentes estables; en otros, mantiene actividad por las segundas residencias, las visitas frecuentes o la acción de colectivos vecinales. Esa diferencia explica por qué no todos los municipios pequeños funcionan igual, aunque compartan el mismo problema de fondo: perder población año tras año.
Sarnago como ejemplo
Un caso especialmente representativo es Sarnago, en Tierras Altas. Allí no vive nadie todo el año desde hace décadas, pero el pueblo sigue latiendo gracias al trabajo de la Asociación de Amigos de Sarnago, que impulsa actividades, recupera tradiciones y da uso a edificios históricos como la antigua escuela, hoy convertida en espacio formativo y de encuentro.
La escena resume bien lo que ocurre en la Soria más vacía: menos habitantes no siempre equivale a menos vida. En Sarnago, vecinos, familiares y amigos regresan cada año para cursos, fiestas y encuentros, mientras se mantienen símbolos de identidad como el centro etnográfico, la biblioteca abierta o la procesión de agosto. Es una forma de resistencia rural que depende mucho más del arraigo que de la estadística.
Lo que dice el padrón
Los datos del INE muestran que Soria sigue siendo una de las provincias más afectadas por la despoblación, aunque el padrón reciente también refleja ligeros repuntes en el conjunto provincial. En el caso de los pueblos más pequeños, la clave no está solo en cuántos habitantes hay, sino en si quedan personas capaces de sostener una mínima rutina cotidiana: abrir una casa, cuidar un huerto, organizar una fiesta o simplemente no dejar que el pueblo desaparezca.
Esa es la gran paradoja de la provincia. Soria concentra algunos de los municipios con menos habitantes de España, pero también conserva ejemplos de continuidad, identidad y regreso. Por eso estos pueblos no solo interesan por su tamaño, sino por lo que representan: la frontera entre el abandono y la permanencia.
Soria
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Patricia de la Torre