Eclipse
El eclipse que 'aterrorizó' a Soria hace 800 años: «Obscuratus est solis»
En 1239 la luna borró el sol sobre la provincia durante 6 minutos y el evento quedó grabado en piedra en San Pedro y san Nicolás

Inscripción relativa al eclipse de 1239 en los sillares del claustro de San Pedro.
La antigua iglesia de San Nicolás y el claustro de la concatedral de San Pedro tienen grabado en piedra el traumático impacto del eclipse de 1239. Era un 3 de junio y señalan las crónicas que la oscuridad fue total durante 6 minutos y permitió ver las estrellas. El evento pasó a la historia por el relato de Jaime I El Conquistador que lo observó desde Montpellier y lo legó para la historia en su autobiografía Llibre dels fets. Soria fue, como ocurrirá hoy, un enclave privilegiado y su recuerdo perdura hasta nuestros días.
El eclipse de 1239 quedó inmortalizado para siempre en dos inscripciones en piedra que aún se conservan. Una está en el claustro de la concatedral de San Pedro, en uno de los sillares, y la otra en una pieza recuperada de la antigua iglesia de San Nicolás y que hoy se expone en el Museo Numantino. Ambas conservan un mensaje similar, en latín, haciendo referencia al fenómeno.
En el caso de San Nicolás la inscripción reza «(Obs)CVRAT(us) EST SOL(is) ER(a) MCCLX(XVII)». Como curiosidad cita el año 1277 que adaptando la fecha al calendario gregoriano –restando 38 año– da la fecha de 1239. Su traducción es «el sol se oscureció». Mientras en San Pedro se puede leer: «OBSCVRATVS E(st) SOL(is) T(i)CIO NO...» que viene a significar exactamente lo mismo.

Fragmento recuperado de la iglesia de San Nicolás con la inscripción sobre el eclipse de 1239. La pieza está expuesta en el Numantino.
De aquel eclipse hace casi 800 años solo quedan esos restos. La repetición del fenómeno en 1905 sí dejó mucho más recuerdo en Soria. La capital de la provincia fue el lugar elegido para la observación por el Real Instituto y Observatorio de la Armada –en aquel momento Instituto y Observatorio de Marina–. Esa institución aún guarda el informe sobre el eclipse de principios del siglo XX y la campaña en Soria.
Para la ‘misión’ en Soria se adquirió un «anteojo Steinheil» o un «celostato Lippman». Se eligió Soria porque «era de las localidades del interior la que ofrecías más probabilidades de buen tiempo y cielo más puro, de tener tiempo favorable, dada la altitud de más de 1.000 metros». El material se embarcó en un «wagón» en San Fernando y se desembarcó en Soria. «Por último, se nos facilitó por el Ayuntamiento un amplio y despejado local en el cerro de Santa Bárbara y por su mediación también la sociedad de obreros puso a nuestra disposición su domicilio social que eran dos hermosos salones y una casa anexa próximos a la estación, donde podíamos instalar en el salón bajo las oficinas con todos los aparatos registradores de tiempo y cronómetros, y en la casa inmediata el gabinete fotográfico».

Montaje del puesto de observación en Santa Bárbara en 1905.
Aquella expedición estaba liderada por el capitán de fragata Tomás de Azcárate y los primeros astrónomos eran Serafín Sánchez y Francisco Castellanos. En total el Observatorio desplazó a Soria a más de una veintena de personas con diferentes funciones. El informe detalla todas las observaciones que se realizaron e incluye un dibujo sobre el propio eclipse, como puede verse en esta página. En el eclipse de 1905 la provincia también recibió expediciones de observación extranjera, destacando la liderada por Flammarion en Almazán.

Dibujo del eclipse de 1905 en Soria.
Unos 40 años antes, en 1860 hubo otro eclipse en el que Soria fue protagonista, en esta ocasión, desde el Moncayo. Una comisión internacional hispanofrancesa convocó a los astrónomos en la cima del Moncayo para la observación del eclipse de Sol del día 18 de julio. La convocatoria resultó todo un éxito y al evento acudió la flor y nata de la astronomía europea, encabezada por personalidades como Urbain Le Verrier, descubridor del planeta Neptuno en 1846, y Léon Foucault, quien en 1851 demostró la rotación terrestre instalando un gran péndulo en el Observatorio de París, que luego fue trasladado al Panteón de París.
'SUPERESTRELLA' FLAMMARION EN ALMAZÁN
El eclipse de 1905 convirtió a Soria por unos días en epicentro del mundo científico. A nivel nacional el Observatorio de San Fernando montó un puesto de observación en la capital, pero sí cabe, hubo más atención hacia Almazán, donde se reunió un importante grupo de científicos comandados por el francés Camille Flammarion. En aquel momento el galo era el astrónomo más reconocido del planeta y además desarrollaba una importantísima labor divulgativa.

Camille Flammarion.
La propia Sociedad Astronómica de Francia explica que Flammarion buscaba un lugar apartado y tranquilo, pues no quería revivir las «invasiones» de Elche en 1900. El rey Alfonso XIII, de paso por París, le había aconsejado instalarse en las montañas de la provincia de Soria. Siguiendo el consejo, entre otros, del director del Observatorio de Madrid, eligió Almazán, un pequeño pueblo de 3.000 habitantes enclavado en la Sierra de Muedo, a 1.000 metros de altitud y en el eje central.
El 27 de agosto, Flammarion tomó otro tren y llegó a Almazán alrededor de la medianoche. Una multitud inmensa lo esperaba con hogueras, aclamando. Llegaron al palacio donde se alojarían, donde fueron recibidos por el ayuntamiento mientras la banda municipal interpretaba La Marsellesa, que los músicos habían aprendido unos días antes. La familia propietaria del palacio fue muy hospitalaria y se desvivió por atender a Flammarion.