Un replanteamiento del modelo micológico para depender menos de la producción de setas
El Instituto Europeo de Micología apuesta por la micogastronomía, la formación, los eventos y el cultivo ante unas campañas cada vez más irregulares por el cambio climático
Setas en el Bierzo.
El cambio climático está aumentando la irregularidad de las campañas micológicas y obliga a plantear una revisión del modelo de gestión y valorización de este recurso para reducir su dependencia de la producción silvestre de setas, según explicó en declaraciones a Ical el científico titular del INIA-CSIC y director del Instituto Europeo de Micología (European Mycological Institute, EMI), Fernando Martínez Peña.
“Como es sabido, el cambio climático está agravando la irregularidad de las campañas de producción micológica, modificando la fenología e incluso, poco a poco, la distribución de las especies”, señaló Martínez Peña, quien remarcó que existen datos que evidencian pérdidas de producción silvestre durante los últimos 20 años.
El investigador consideró que la adaptación del modelo debería someterse a debate no solo por los efectos del cambio climático, sino también por las dinámicas derivadas de la globalización del mercado de las setas, los cambios en los patrones de consumo de los micoturistas y el incremento de la presión sobre los recursos y ecosistemas. “Ningún modelo es eterno, todos exigen revisión, investigación e innovación para avanzar y ser líderes en un sector. En caso contrario, no avanzamos”, afirmó.
La propuesta que plantea el director del EMI pasa por avanzar hacia modelos menos dependientes de una producción silvestre que resulta cada vez más “irregular” y centrar una mayor parte de la actividad en las experiencias turísticas.
“Nuestra propuesta es desarrollar modelos menos dependientes de la producción silvestre de las setas, que como ya sabemos es cada vez más irregular, y co-crear modelos más centrados en la experiencia turística personalizada y adaptada a las nuevas tendencias de la sociedad”, agregó.
Para desarrollar estos modelos, Martínez Peña consideró necesaria la participación de formadores capaces de transmitir los avances y el conocimiento científico, emprendedores dispuestos a desarrollar negocios basados en la micología en el medio rural y la colaboración de las instituciones.
Una de las fórmulas que señala para impulsar estos cambios son los laboratorios vivos o ‘living labs’, en los que participen los diferentes agentes públicos y privados relacionados con el sector.
Entre ellos cita a emprendedores rurales, cocineros, orientadores micológicos, empresas agroalimentarias, recolectores profesionales, cultivadores de setas, formadores especializados, propietarios y gestores del recurso y asociaciones del sector, además de los consumidores a los que se dirigen estos productos y servicios.
Más que salir al monte a recoger setas
Martínez Peña cuestionó un modelo micoturístico excesivamente vinculado a la posibilidad de recolectar setas y plantea ampliar las alternativas relacionadas con este recurso. “Un modelo micoturístico centrado en la promoción de la recolección es demasiado dependiente del cambio climático y puede generar sobrepresión sobre los recursos micológicos y ecosistemas”, advirtió.
Frente a ello, propone potenciar “otras formas de disfrutar de la micología de mayor valor añadido potencial”, entre las que cita el turismo micogastronómico, el turismo de aprendizaje guiado y el vinculado a eventos como ferias, jornadas, exposiciones o concursos.
Estas experiencias podrían relacionarse, según Martínez Peña, con otros productos como el enoturismo o el turismo de salud. Además, consideró “muy recomendable” la musealización de espacios y exposiciones centradas en el patrimonio micológico y en los servicios ecosistémicos generados por los hongos.
Cultivo, transformación y almacenamiento
Otra de las líneas que plantea es investigar la domesticación y potenciar el cultivo de hongos silvestres comestibles como una vía de adaptación al cambio climático, siguiendo la evolución experimentada por la trufa y la truficultura.
En este sentido, Martínez Peña defendió también la creación de modelos de negocio con empresas locales y recolectores profesionales para transformar y almacenar producto local durante los años de buena producción.
“El reto es cómo aumentar el valor generado por la micología de forma ordenada, tanto en años de buena producción como de mala, es decir, ser poco a poco menos dependientes de la meteorología y adaptarnos a los cambios de la globalización y el consumo”, sostuvo.
Una campaña otoñal todavía “incierta”
Respecto a las perspectivas para la campaña micológica otoñal de 2026 en Castilla y León, Martínez Peña aseguró que la previsión “continúa siendo incierta” después de los episodios de precipitaciones registrados desde mediados de agosto.
“Hemos tenido entre tres y cuatro episodios de lluvias en Castilla y León irregulares, pero puntualmente abundantes”, explica. Las precipitaciones fueron mayores en zonas del norte de León, noroeste de Zamora y noreste y suroeste de Soria.
En algunos puntos, estas lluvias pudieron activar los procesos de fructificación de especies termófilas como boletus del grupo edulis y amanita caesarea, aunque posteriormente las altas temperaturas de septiembre no han favorecido su evolución. “En muchas zonas se han malogrado primordios y carpóforos, lo que dificultará su reactivación si llegan más lluvias”, explicó Martínez Peña, quien añadió que el contraste térmico tampoco ha sido regular, con fuertes bajadas de las temperaturas seguidas de importantes subidas.
Asimismo, recordó que muchas especies de hongos comestibles necesitan al menos dos semanas desde la llegada de las precipitaciones para iniciar la fructificación de primordios y alcanzar posteriormente un tamaño razonable para su recolección. “Entrar al monte a recolectar antes de tiempo no es recomendable, genera pérdidas de producción por pisoteo de ejemplares en formación. Tenemos que ser pacientes”, remarcó.
Respecto a si la sucesión de campañas irregulares y con pocos años buenos en términos de producción puede mantenerse en el futuro, Martínez Peña apuntó que los datos corroboran estos hechos y ante ello "solo cabe adaptarse e innovar”.
Por otro lado, indicó que el INIA-CSIC y el EMI trabajan actualmente en proyectos dirigidos a la innovación, adaptación y mejora del modelo de gestión y valorización micológica. Entre ellos se encuentra la formación de más de cien “orientadores micológicos” de toda España mediante cursos especializados de más de 200 horas teóricas y prácticas acreditados por el Instituto Micológico Europeo.
También trabajan en la ampliación de la marca ‘Setas de Origen’ con emprendedores locales para la valorización agroalimentaria de los recursos de cada territorio micológico y en el intercambio de buenas prácticas a través de la red internacional de parques micológicos Fungi Friendly Forest.