Así cantan por las ánimas en un pueblo de Soria: "Cumplid con lo que pedimos, no alarguéis nuestros tormentos"
Los hombres de la localidad mantienen una arraigada tradición rezando un cántico en la puerta de la iglesia
El Cántico de las Ánimas en Tajueco es, sin duda, una de las tradiciones más arraigadas de la provincia de Soria. Antes de la llegada de Halloween y de la celebración del Festival de las Ánimas en la capital soriana, los hombres -solo varones- de Tajueco concitaban gran expectación. También ahora cuando, a pesar de que esta expectación ha disminuido, pueden presumir de tan singular tradición.
El Cántico de las Ánimas es un rezo en las puertas de la iglesia y en otros puntos del casco urbano a cargo de dos grupos de hombres del pueblo, que tiene lugar en la tarde del 1 de noviembre, en Todos los Santos. Inicialmente son 15 estrofas, aunque existe una versión de 21. Esto rezan los hombres de Tajueco:
Canto de las Ánimas de Tajueco
Quién San Jerónimo fuera
Para poder explicar
Lo que padecen las almas
Que en el purgatorio están
Allí claman y suspiran
Metidas en aquel fuego,
Suplicando a los mortales
Les saquen de este destierro.
Herederos y albaceas,
Atended nuestro lamentos,
Cumplid con lo que pedimos,
No alarguéis nuestros tormentos.
En calabozos oscuros
Hay muchas almas metidas
Clavadas contra la tierra,
Diciendo: “De mí se olvida”.
A ti exclamo, esposa mía,
Padres, amigos, hermanos,
Pido que me socorráis
Por Cristo Crucificado.
Que estoy aquí como un niño,
Atado de pies y manos,
Y no puedo por mí propio
Ganar nada en cuanto paso.
Pues todos los hijos tienen
Obligación verdadera
De socorrer a sus padres
Para librarnos de penas.
Hombres, mujeres y niños,
Cómo de mí no te acuerdas
Para dar una limosna,
Para quitarnos las penas
Yo cuando estaba en el mundo
Os causaba sentimiento
Si tenía algún dolor
Y me aplicaban remedio.
Qué harías, si ahora me vieras
Entre tanto fuego arder,
Qué diligencias no harías
Por no verme padecer.
Mira que padece un alma
Más tormentos y trabajos
Más que padecían todos
Los mártires y los santos.
Más que todos los cautivos,
Forzados y ajusticiados,
Más que todas las mujeres
Han padecido en sus partos.
Padeció el Hijo de Dios
Por redimir los hermanos
En el árbol de la Cruz
Atado de pies y manos.
San Nicolás y Dionisio
De nuestras penas hablaron
Diciendo que Dios la leña
En el mundo la ha creado.
Toda junta en una hoguera
En un fuero de arder tanto
No alcanzara una cabeza
De este fuego en que estamos.
Esto no es ponderación,
Clemencia, favor cristiano,
Que se abrasa el Purgatorio
Y las almas no quemamos.
Si las ánimas pintadas
Causan miedo de mirar,
Qué será de aquellos pobres
En aquel fuego voraz.
A las ánimas darás
Limosna cuando pudieras,
Que lo mismo desearías,
Si con ellos estuvieras.
Los afanes de este mundo
A esto vienen a parar:
Si comprendes nuestras penas
Os librará de pecar.
Mirad, cristianos; que Dios
Agradece la limosna
Y nos da ciento por uno
En premio de eterna gloria.
Por las ánimas benditas
Todos hemos de rogar
Que Dios las saque de penas
Y las lleve a descansar.