Heraldo-Diario de Soria

Entre monte y albero. Proclama sanjuanera

Texto íntegro de la obra galardonada con el Toro de Plata 2026, escrita por José Luis Chaín, quien ganó por segunda vez este veterano certamen literario convocado por la Asociación cultural peña El Cuadro

José Luis Chaín el trofeo del Toro de Plata, que ha ganado por segunda vez.

José Luis Chaín el trofeo del Toro de Plata, que ha ganado por segunda vez.HDS

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José Luis Chaín
Soria

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¡Sorianas y sorianos!

¡Sanjuaneros y sanjuaneras!

Vecinas y vecinos de la tierra, del Duero, del alto cielo que nos cobija y del monte que nos reclama.

¡Gentes de Cuadrilla, hijos del júbilo y la raíz!

Hoy no vengo a hablaros; vengo a despertaros. No vengo a anunciaros nada que no sepáis, sino a prender la llama que ya late en vuestros pechos.

¡Que ya se huele la fiesta!

¡Que ya vibran las gaitas y charangas por nuestras calles!

¡Que ya se agitan pañuelos blancos al viento,

como palomas con sed de gloria!

Desde esta tribuna -prolongación de nuestras plazas, de nuestros barrios y de nuestro sentir-, proclamo solemnemente el estallido de nuestra identidad.

¡Comienzan las Fiestas de San Juan!

Unos días que no se inventan cada junio, sino que resucitan como brote eterno; llama perpetua que no se apaga porque la sostenéis vosotros: el pueblo.

Allá, donde el cielo se funde con la roca, donde los árboles murmuran y aún se saluda con sombrero, reposa nuestro altar de roquedales, tierra y yerba:

Valonsadero

Ese monte no es un paisaje; es nuestro templo. Allí, cada año, la vida brava resurge al retumbo de su propia leyenda. Doce toros -ni uno más, ni uno menos-, como columnas vivas de este rito, recorren con sus pezuñas las sendas donde el tiempo se detiene.

¡Valonsadero no duerme!

Allí se compra, se prueba, se canta y se abraza. Se empina la bota y se comparte la merienda. Allí se siente el primer latido en el pecho, mucho antes que el bombo. Allí empieza todo: donde el monte escucha el eco de la ciudad que, "mayeando", aprueba que vuelvan los días grandes.

Quien no ha sentido el rocío de Valonsadero en la madrugada, quien no ha visto los toros al alba ni ha respirado los penetrantes perfumes monteros, aún no sabe lo que es entrar en fiestas.

Y llega el día esperado, el tránsito, la frontera que ahora pregonamos.

¡Es Jueves la Saca!

¡Qué jornada, Dios mío, qué jornada!

Ese día no se madruga: ese día se nace. Se nace a caballo o a pie; se nace al grito, al polvo y a la tensión compartida.

Cuando los relojes alinean sus agujas en lo alto y el sol domina la vertical, tres voladores rompen el cielo. Un portón histórico libera la bravura multiplicada por doce, recibida por la bizarría popular. Desde el monte hasta la ciudad, cruzando cañadas, los toros caminan escoltados por la pasión de un pueblo. Los mozos los guían, las mozas los alientan, Soria entera los protege. Toda la ciudad se vuelve un río humano, un torrente de energía viva.

¡La Saca no se ve, se vive! Es el latido colectivo, la carrera ancestral que une lo salvaje con lo urbano. Cuando el último toro pisa el suelo de San Benito, no solo llega un animal: llega la esencia. Ha entrado el alma de la fiesta. Ya no hay marcha atrás.

Llega el viernes... ¡el día del rito y la sangre!

¡Es Viernes de Toros!

Doce combates, doce ceremonias envueltas en música, cachirulos, arena y capotes. Que nadie piense en la muerte como un final. Aquí el toro no cae, el toro trasciende. Su sacrificio da vida: su carne es reparto, su cuerpo es banquete, su fin es semilla.

Aunque el silencio recorra un instante la plaza tras la estocada, la ovación estalla de inmediato. El pueblo entiende que no es derrota, sino pacto. En cada Cuadrilla, el vecino recoge su tajada; el animal sagrado se comparte entre los iniciados. Así el toro no muere: se convierte en nosotros.

¡Es Sábado Agés!

Sábado de manos curtidas que sostienen la fiesta en forma de carne para comulgar con sus iguales. La tajada cruda es la señal. Quien la recibe, ha entrado; quien la reparte, lo confirma. Así se teje la red invisible que nos une. Y por la tarde, la chispa de la subasta: los despojos se adjudican entre bromas y tragos de bota. Soria es así: seria y risueña, ancestral y burlona, religiosa y pagana a un tiempo.

Al mañanear del domingo, con las sienes aún golpeadas dulcemente por los efluvios del vino y el canto, surge la joya:

¡Es Domingo de Calderas!

Las calles se visten de boda antigua. Piñorros y piñorras lucen trajes con dignidad heredada. En la mañana, la tajada cocida se ofrece con la solemnidad de lo sencillo: pan, vino, huevo y chorizo. La verdad de nuestra fiesta sin artificios. Y entonces, el milagro del desfile: doce Cuadrillas mostrando sus calderas, obras de arte repletas de flores y memoria. En cada una va un pedazo del alma de Soria; desfilan nuestros abuelos, los que vendrán y los que ya añoramos.

Y cuando el sol declina, llega el último mugido:

¡Es Lunes de Bailas!

En la mañana, la ciudad se despide con la frente alta, desfilando en solemnidad con sus santos titulares cuadrilleros.

Ya no hay toro, pero queda el eco. Ya no hay carne, pero queda el gusto. En la tarde, desde la Dehesa hasta San Polo, el pueblo es una sola comparsa. A San Polo bajamos; bajamos a bailar. Bailamos con las manos, con los pies y con las lágrimas. No hay tristeza en la despedida, porque sabemos que la fiesta solo se aletarga. La canción no se acaba; se guarda en silencio para el próximo junio.

Las Cuadrillas no son solamente nombres de barrios: son familias extendidas, catedrales de convivencia. Jurados y Juradas encarnan el compromiso y el amor por lo nuestro. Todos -colaboradores, músicos, mozos- son los arquitectos de este milagro.

Y cuando el sol se ponga tras las Bailas, que nuestra Soria se funda en un solo abrazo de colores. Que el negro de la noche se rinda ante el verde de la esperanza; que el azul de nuestro cielo se mezcle con el granate de nuestra pasión, y que el amarillo del sol de junio prenda el naranja de nuestra alegría. Porque hoy Soria no es solo ciudad, es un arcoíris de peñas y sentimiento.

Y San Juan no se ve como una postal; es un espejo donde nos miramos para encontrarnos. Aquí no hay espectadores ni extranjeros: basta con abrazar, cantar y brindar para ser parte del rito. San Juan es resistencia a la rutina y memoria viva del monte y el albero.

Que nunca falte quien enseñe a los más pequeños lo que significa un toro bravo, su sacrificio, su comunión por el valor de una tajada, el orgullo de entrar en fiestas o bailar con el pañuelo blanco en la pradera.

¡Es Martes a Escuela!

Pero, el martes, no hay nadie para ir a la escuela, pero sí para depositar un compromiso; para que el renacer de nuestra tradición quede perpetuado, para comprometerse a que, al año siguiente, uno más, haya Fiestas de San Juan; porque, desde ese instante comienza el despertar de un nuevo letargo.

¡Sorianas y sorianos!

¡Ya está dicho! ¡Ya está proclamado!

¡El monte volverá a clamar y el albero le responderá!

Que ondeen los pañuelos en cada rincón. Desde la Compra hasta las Bailas, desde Valonsadero hasta San Benito...

¡Soria entera es fuego, toro, rito, vino y canción!

¡Viva el toro bravo!

¡Vivan los Jurados y sus Cuadrillas!

¡Viva Valonsadero y el coso de San Benito!

¡Vivan las Fiestas de San Juan!

¡VIVA NUESTRA SORIA ETERNA!

(José Luis Chaín García es presidente de la Peña Taurina Soriana, autor de numerosos artículos sobre tauromaquia, así como un destacado conocedor de las fiestas de San Juan en todas sus variantes, fotográfica, histórico-social y especialmente taurina e impulsor de estos temas en redes)

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