La reja de la insigne colegiata de Berlanga de Duero, pagada por un mecenas que está enterrado en el templo

Fue realizada por Domingo de Hubidia, maestro de rejería, vecino de la villa de Durango, en el señorío de Vizcaya

Bóvedas de la colegiata de Santa María del Mercado, en Berlanga de Duero.JUAN CARLOS CERVERO VADILLO

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Soria

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Pretendemos con estos breves apuntes aportar un dato, que creemos inédito, sobre la insigne iglesia colegial de Santa María del Mercado, sita en la villa de Berlanga de Duero. Y esto por haberse conmemorado este año la gloriosa efemérides de los quinientos de la solemne colocación de la primera piedra de su majestuoso edificio, del que Francisco Sabatini, de camino hacia El Burgo de Osma, exclamó: ‘¿Dónde hallaría este arquitecto el modelo de una obra tan bien entendida y estudiada? Ella sola honrará la capital de un reino’. Acto, el de la colocación, que tuvo lugar aquel lejano y tranquilo día 22 de junio del año del Señor de 1526, cuando era papa León X, obispo de Sigüenza Fadrique de Portugal y emperador de España y de Las Indias Carlos I.

Nos sumamos, pues, a la celebración a la vez que con tal motivo nos hacemos la siguiente pregunta que, sin duda, no tendrá respuesta: ¿No habría sido oportuno que la diócesis hubiera solicitado del Papa, a través de la Penitenciaría Apostólica y avalada por la Nunciatura, la declaración de un año jubilar o santo? Pero vayamos al 14 de junio de 1600.

Fue ese día cuando Juan Ruiz de Roa, canónigo de la catedral de Osma, en nombre de Juan de Brizuela de Hoyos y Salamanca, arcediano de Soria en dicha catedral, se concertó con Domingo de Hubidia, maestro de rejería, vecino de la villa de Durango, en el señorío de Vizcaya, con el fin de que éste hiciese una reja para la capilla que los Brizuela tenían en esa colegial, entonces perteneciente al obispado de Sigüenza. Pero ¿llegó a hacerse?

Por el contrato, que pasó ante Bartolomé de Espinosa, escribano de El Burgo de Osma, sabemos que se trababa de ‘una reja de hierro, grande y herrada […] de la forma y manera que lo muestra y figura la traza’, firmada por dicho canónigo y Juan de Moros, y por Alonso de Cardeña, a ruego del dicho Domingo de Hubidia.

Las condiciones dejan constancia que había de tener de alto, desde la peana hasta el asiento de la coronación, 15 pies ‘con balaustres, peana de abajo y cornejas y desde el principio de la coronación hasta el remate de la cruz, que es el fin de la coronación, ha de llevar seis pies que por todo son veinte y un pies los que debe llevar en alto hasta el fin de la cruz’. De ancho otros 15 pies, han de ir repartidos y caber veintisiete balaustres de labor y hechura que pinte la dicha traza’. Señala, después, las dimensiones de los balaustres de la primera y segunda orden, que han de ir coronados por sus cornisas y sobre la última de éstas se había de asentar la coronación, en medio de la cual, ‘al pie de la cruz, ha de llevar dos escudos, uno adentro y otro afuera’.

Reja que tenía que pesar 3.200 libras y no más y si más pesare no se le había de pagar más que las dichas ‘y si menos pesare no se le ha de pagar más del peso’. Por cada libra se le daría a 46 mrs. así de balaustres como de cornisas, follaje, armas, coronación y no más.

Estaba obligado a comenzarla a hacer dentro de seis meses, a contar desde ese día, siendo avisado por Juan de Brizuela. Acabada ‘y pasándose los dichos seis meses y otros seis meses más […] el dicho Domingo de Hubidia, sin esperar más aviso […] la pueda comenzar cuando quisiera y por bien tuviere’. Una vez hecha la tercera parte, tenía que darla, a su costa, puesta en Berlanga, donde ‘se le ordenare’ abonándole Juan de Brizuela 1.000 rs. 

Dentro de otros seis meses, a contar de esa entrega, lo había de hacer de la segunda, también a su costa, pagándole otros 1.000 rs. Y en otros seis daría el resto de reja, siendo obligado Domingo de Hubidia a asentarla pagándole el resto de su importe. Para esto último había que darle todo el plomo necesario, hechos los agujeros y andamios y toda la comida que gastare él y sus dos oficiales ‘que ayudarle vinieren’.

Se le permitía además poder comenzarla en la fecha del contrato y asentarla sin esperar los citados plazos. En tal caso estaba obligado Juan de Brizuela a pagarle en el plazo de los dos años primeros: la tercera parte dentro de un año, otra en año y medio y la última en dos años, a contar desde el día susodicho 14 de junio de 1600. Pero si el rejero no la diese ‘enteramente acabada y asentada, limpia a contento del Sr. don Juan de Brizuela y a vista de oficiales’, podía el arcediano buscar, a costa de Hubidia, quien terminase. Y por lo que más costare, gastos que se hicieren en buscar quien la concluyera y salarios de los que fueren a encontrarlo, a razón de 500 mrs. por día, podía ser ejecutado judicialmente el dicho Domingo de Hubidia y sus bienes donde fueren hallados.

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El mecenas de la reja, Juan de Brizuela de Hoyos y Salamanca, al que había que biografiar, testó ante Bartolomé de Espinosa, el 11 de enero de 1613, y se le enterró en la capilla de San Andrés de la Colegiata de Berlanga de Duero.