El alcalde de un pueblo de Soria, a los veraneantes: "El mundo rural no puede adaptarse a las costumbres de quien viene unos días de vacaciones"
El dirigente municipal publica un manifiesto significando que es el foráneo "quien debe comprender que el campo tiene sus horarios, sus sonidos y sus necesidades. Sin agricultura y sin ganadería no habría pueblos vivos", añade
Ayuntamiento de Espeja de San Marcelino en una imagen de archivo.
Se puede decir más alto, pero no más claro. Sin acritud, además, pero con cierta contundencia. No es la primera vez que un pueblo de Soria tiene que salir al paso de voces veraniegas que se quejan o ponen peros a comentarios sobre alguna cuestión cotidiana que forma parte del modus vivendi del lugar: la campana del campanario dando las horas, el gallo madrugador, el perro suelto que cuida de las ovejas o un pobre cencerro. Espeja de San Marcelino lo tiene meridianamente claro: "El mundo rural no puede adaptarse a las costumbres de quien viene unos días de vacaciones".
Lo dice y lo firma el alcalde de este municipio de Soria, casi en el límite de la cercana provincia de Burgos, José Ramón García Esteban, con un manifiesto publicado por el Ayuntamiento y que ha lanzado en todo el pueblo y en redes sociales. "Queríamos clarificar las cosas, ante comentarios que nos han llegado y por lo ocurrido en Neila. Pero ¡cómo se va a llevar atado un perro que cuida de las ovejas y que cumple su función con el rebaño!". El dirigente municipal explica de este modo el por qué del manifiesto, publicado en todos los núcleos del municipio. Y así de claro comienza:
"Los pueblos de Espeja de San Marcelino; Guijosa, Orillares, Quintanilla de Nuño Pedro y La Hinojosa son, ante todo, pueblos rurales. Quien venga a visitarnos debe entender y respetar nuestra forma de vida. Aquí los tractores trabajan al amanecer, las cosechadoras recogen el fruto de todo un año de esfuerzo, los gallos cantan, los pájaros anuncian el nuevo día y los cencerros del ganado forman parte de nuestra historia. No son ruidos: son el sonido del trabajo, del esfuerzo y de unos pueblos que siguen vivos".
José Ramón García no entiende cómo un veraneante puede quejarse del ruido que hacen las vacas si llevan cencerro (algo ocurrido en la citada localidad burgalesa, lo que derivó en un bando municipal) o del olor que hay en ocasiones en un pueblo ganadero. El alcalde pide respeto para el medio rural y pone en valor el trabajo de quienes en él habitan, especialmente los profesionales del campo. Asegura que no ha habido "ningún mal rollo" ni tiranteces por quejas de veraneantes, pero sí algún comentario que es partidario de frenar sobre el día a día del lugar.
"Nuestros agricultores y ganaderos no solo producen los alimentos que llegan a todas las mesas. También cuidan el paisaje, mantienen limpios los campos, conservan caminos y pastos y realizan la mejor prevención contra los incendios. Son los primeros en proteger el monte y el campo, haciendo cada día una labor que muchas veces sustituye a la del mejor servicio de extinción: evitar que el fuego llegue a producirse", prosigue el manifiesto, que añade: "Por ello, pedimos respeto. El mundo rural no puede adaptarse a las costumbres de quien viene unos días de vacaciones. Es el visitante quien debe comprender que el campo tiene sus horarios, sus sonidos y sus necesidades. Sin agricultura y sin ganadería no habría pueblos vivos, ni paisaje, ni alimentos, ni el entorno que tantos vienen a disfrutar".
El manifiesto está firmado por el alcalde a fecha del viernes 24 de julio de 2026 y concluye: "Desde el Ayuntamiento reivindicamos con orgullo a nuestros agricultores y ganaderos y defendemos su derecho a trabajar sin ser cuestionados por aquello que da sentido a nuestros pueblos. Respetar el medio rural es respetar a quienes lo mantienen vivo los 365 días del año".