Entrevista. Arcadio Marín del Rey
«Nosotros queríamos dejar un piso por un pueblo y en Soria al revés: la gente se va a la ciudad teniendo una casa estupenda»
Caer en Tejado (Soria) fue una moneda, una búsqueda y una huida, la predestinación o la suerte. La existencia de este hombre en los últimos cuatro años no se entiende sin un cielo ‘entejado’, mirando arriba o abajo. A ras de suelo, Arcadio construye vida y se empapa de una Soria que no aparece en las guías.

Arcadio Marín.
P. ¿Venirse de Barcelona a Soria para montar un hotel rural en un pueblo de Soria tiene mucho de valentía o de inconsciencia?
R. Diría que ni una cosa ni la otra. No sé... Valentía sería en el caso de que abandonara todo allí y viniera con una mano detrás y otra delante. Pero no era el caso. Inconsciencia tampoco. Aunque no teníamos un plan muy pre-establecido, sabíamos dónde veníamos y que queríamos tranquilidad, un negocio propio que no sabíamos muy bien cómo iba a funcionar. En ese sentido, sí era un poco arriesgado, pero no inconsciente. Teníamos nuestra casa en Barcelona y si hubiera salido mal, siempre podíamos volver. Allí teníamos nuestros trabajos.
P. ¿Cómo fue la elección?, ¿lanzó una moneda al aire y cayó en Tejado?
R. Más o menos. (Ríe). La realidad es que la idea, por lazos familiares, era ir a Logroño, en realidad al sur de Navarra, pero está tocando con La Rioja. Allí era caro para nuestro presupuesto y lo que hicimos fue ampliar la zona de búsqueda y nos pusimos como margen estar cómo máximo a dos horas de esta zona de La Rioja que te comentaba. Y ahí apareció Tejado, con una casa muy bonita que nos gustó y que estaba a hora y media del lugar. Por eso acabamos aquí. Nos gustó la casa, el pueblo y cuadraba la distancia a la que nos habíamos puesto el límite.
P.- ¿Y les sigue gustando Tejado?
R. Sí, sí... Era lo que buscábamos: dedicarnos a un negocio particular, sobre todo por mi parte, porque mi pareja tiene su trabajo a parte y buscar un pueblo tranquilo, no con muchos habitantes y una vida tranquila y rural. Y sí, nos gusta.
P. El mayor triunfo de su vida.
R. Quizá poner en marcha este proyecto que nos ha salido bien. No las teníamos todas con nosotros; tampoco habíamos hecho un plan de estudio ni un plan de negocio.
P. ¿Hasta qué punto Soria es como se la esperaba?
R. En el aspecto rural quizá no esperaba que fuera tan, tan despoblada. No esperaba que la gente de los pueblos cambiara tanto el pueblo por la ciudad, por irse a Soria. Creo que hay mucha gente que vivía en los pueblos hasta hace unos años -y podía seguir viviendo aquí- y se ha trasladado a Soria a vivir a un piso de 90 ó 100 metros, teniendo unas casa estupenda en los pueblos. Eso sí me ha sorprendido, porque es justo el cambio que nosotros estábamos realizando: queríamos dejar un piso que, por muy grande que sea, siempre es un cajón, por un pueblo. Y aquí es al contrario, la gente se va de los pueblos a vivir ni siquiera a Soria ciudad, sino a grandes edificios y bloques a las afueras.
P. ¿Por qué lo hizo usted?
R. Estábamos cansados de la gran ciudad. Vivíamos en Barcelona, en un barrio que se había transformado mucho para el turismo, porque estábamos cerca de la playa. Estaba saturado de turistas y con mucho ajetreo. Y éste fue uno de los motivos que nos hizo salir de Barcelona.
P. ¿Qué podría vender Soria y no lo hace a ojos de un catalán?
R. Muchísimas cosas. Es algo que, enlazando con la pregunta anterior, sí me ha sorprendido. Soria está obcecada en vender siempre Laguna Negra, Calatañazor, Cañón de Río Lobos y de ahí no salimos. Y nosotros nos hemos dado cuenta de que hay infinidad de pueblecitos, de paisajes, de lugares impresionantes que no salen en ninguna guía y que habría que potenciar para intentar desestacionalizar un poco el turismo, que siempre viene en momentos puntuales para buscar la Laguna Negra. Y para no saturar esos lugares que sí son bonitos y, obviamente, hay que visitar. Yo he tenido clientes este puente de mayo que no han podido acceder a la Laguna Negra, porque había tanta cola que no les merecía la pena hacer dos horas de fila. Hay que abrir un poco la provincia. Cuando no tenemos gente salimos, hacemos excursiones por pueblecitos de la provincia para luego poder informar a nuestros clientes de lugares impresionantes que no salen en ningún sitio. Ahora se me ocurre Andaluz, un pueblo que está cerca de Berlanga, que tiene una iglesia románica impresionante y un mirador sobre un río, igualmente impresionante. Y no sale en ninguna guía.
P. A veces las cosas y hasta las personas precisan un meneo. ¿También el sector al que pertenece?
R. Sí, en el sentido que hablaba: agitar un poco a las instituciones, a los establecimientos, alojamientos turísticos para potenciar todos los atractivos turísticos que tiene Soria y dejar de centralizarnos siempre en lo mismo. En ese sentido sí necesita un meneo y revalorizar lo que se tiene. Creerse la gente que Soria es una provincia con mucho intereses turísticos y ponerlos en valor. Recuerdo que cuando llegamos aquí, algún comentario en el pueblo fue: "Esa casa, así, no vais a sacar nada..." Bueno, pues resulta que la casa está situada en una ruta turística por la que pasan ciclistas holandeses. Y nadie la conocía. A veces los sorianos no se creen lo que tienen.
P. ¿Cuántas veces le han dicho que tiene un nombre como poco raro?
R. De pequeño quizá sí, pero no excesivamente. Cuando vivía en Barcelona decía 'prefiero llamarme Arcadio a llamarme Jordi', que es como llamarte aquí José. Pues prefiero tener un nombre más original.
P. A los cuatro años de estar en Soria coge las riendas de la Asociación de Turismo rural Tursoria. Mérito no le falta.
R. Bueno, ha sido llevado por las circunstancias. La anterior junta directiva de la asociación, encabezada por su presidenta, había llevado a cabo una serie de acciones que no se ajustaban a los estatutos de la asociación y que habían puesto de relieve un desconecto un poco generalizado en los socios. Se le pidió que se hiciera una asamblea extraordinaria y luego una ordinaria para pedir explicaciones sobre esas actitudes que se habían hecho un tanto autoritarias podríamos decir, porque se llevaban a cabo sin el consenso de los socios y si su consulta. Y, bueno, en la última asamblea la situación se desbordó un poco.
La presidenta creo que, ante la más que previsible falta de apoyo de los socios, presentó la dimisión y se marchó. Se marchó tal cual, nos dejó allí solos en la asociación, sin ninguna documentación porque se la llevó toda y tuvimos que ponernos a crear una nueva junta y empezar a trabajar desde cero.
Tuvimos bastantes problemas para que nos facilitara toda la documentación y a día de hoy estamos esperando que se nos faciliten cosas, como por ejemplo el dominio de la web. Consideramos que la web es una herramienta imprescindible para darnos a conocer como establecimientos turísticos de la provincia. El dominio, a pesar de que se estaba pagando con dinero de la asociación, estaba a nombre de la antigua presidenta. Y hemos tenido que empezar a cero con la página, cuando ya tenía una situación en Internet bastante alta. Hemos bajado y se ha empezado de cero. Esa es la situación.
P. ¿Qué le ampara cuando tiene un mal día?
R. No sabría qué decirte. Lo que me ampara es mi situación personal y afectiva. Tengo una pareja que me apoya en todo lo que hago. Y yo a él. Me suelo apoyar en él cuando tengo algún problema. Tengo una estabilidad afectiva, hablo aquí solo de mi pareja porque estamos solos, eso no quiere decir que tenga una situación también estable con el resto de la familia. Una situación afectiva y confortable te soluciona muchos problemas, la verdad.
P La última vez que hizo turismo por este atlas geográfico que se llama Soria.
R. Ahora es una época complicada. Nosotros nos establecimos en una zona de caza y estamos en plena temporada alta, así que desde ahora hasta otoño nos es complicado. Pero en temporada baja, en invierno, solemos cerrar la casa y nos vamos a hacer turismo por toda la provincia, descubriendo lo que te decía antes, pueblitos como Andaluz, Riotuerto, que está cerca de aquí. La última vez que hemos hecho turismo algo más lejos de nuestra zona fuimos a Navaleno y al valle del Tera, que nos sorprendió mucho.
P. ¿Quién se pierde por un hotel rural como el suyo un martes por la mañana? (La entrevista se realiza el martes 6 de mayo).
R. Un martes por la mañana, ahora, están a punto de llegar tres cazadores que estamos esperando. Y en cualquier momento se podría presentar un ciclista holandés, por ejemplo, haciendo la Ruta Ibérica. Los ciclistas suelen reservar de un día para otro: van haciendo rutas de equis kilómetros y nunca saben hasta dónde van a llegar. Sería más que factible que nos entrara una reserva o directamente te llaman a la puerta y hay una o dos personas con bicicletas y cargados con mochilas.
P. ¿Qué construye usted en Tejado, en El cielo entejado, más allá de un negocio?
R. Una vida. Estamos construyendo una nueva vida completamente diferente a la que teníamos en Barcelona, sin duda.
P. ¿Qué se ve en ese cielo entejado?
R. Se ven muchas estrellas. El nombre de nuestro establecimiento está relacionado con eso. Cuando llegamos aquí, a Tejado, lo primero que nos sorprendió fue el cielo. Muchas estrellas que representan la luz y la ilusión que tenemos en ello.
P. ¿En Tejado uno huye del mundo o se lo encuentra?
R. Ambas cosas. Huye de un mundo que no te gusta y que no quieres, y por eso te has trasladado. Y te encuentras, en nuestro caso, un nuevo mundo que es lo que íbamos buscando. Y siempre es así a todo el mundo, cuando hace un cambio de este tipo y se encuentra lo que quería o andaba buscando. En nuestro caso así ha sido. Nos hemos encontrado con un mundo rural que es el que necesitábamos.
P. Lo último que ha aprendido.
R. Relacionado con el mundo rural, cada día aprendemos una cosa relacionada con la agricultura, con cómo sembrar un huerto, cuándo plantar... Afortunadamente tenemos buena relación con los agricultores de la zona que nos van explicando. Tenemos nuestro propio huerto que estamos a punto de plantar. Cada día aprendemos una cosa relacionada con el mundo rural, con la caza, con nuestros clientes... Es muy interesante conocer un mundo que no conocíamos, poder llevarlo a cabo y coger el fruto. Es muy gratificante sembrar cada año el huerto y en verano ofrecer a tus clientes los productos de tu huerto. Eso es algo que en una ciudad es impensable.
P. Lo más sorprendente en este tiempo.
R. Lo que nos sorprendió al principio es que el soriano, quizá el castellano en general, es serio, que a veces se puede confundir con cerrado. Cuesta un poquito entrar en contacto con él, pero una vez entras ya no hay ningún problema. Más que costar es que es un proceso más lento que en otros lugares, donde la relación es quizá más instantánea. Aquí cuesta un poquito más en el sentido de la lentitud, pero una vez que has conseguido entrar no hay ningún problema. Al contrario. Nosotros somos pocos en el pueblo, pero digamos que bien avenidos.
P. ¿Qué piensa de vez en cuando en voz alta?
R. Piensas en el negocio, si va a ir bien o no, en su vida de aquí a unos años... Esas cosas. Pienso en el futuro como imagino que hace la mayoría de gente.
P. La recomendación para un soriano que va de turismo a Barcelona.
R. Siempre digo lo mismo, se vaya a Barcelona o a cualquier otro sitio. Sal de los lugares comunes y que vaya todo el mundo. Mézclate con la gente, camina por la ciudad y sus barrios. Es la única forma de que conozcas el lugar que estás visitando. Obviamente tienes que visitar la Sagrada Familia, pero no te quedes solo ahí. No cojas el metro. (¿Y viceversa?). Obvio, obvio. Nosotros tenemos el hotel en una de las zonas que se supone es menos turísticas de Soria, estamos en el Campo de Gómara. A mis clientes les explico cosas que ver por aquí y te puedo decir que los hay que han estado dos o tres días y no han salido de la comarca. Les has explicado qué visitar y con eso han tenido suficiente. Y luego han dicho que volverían a ver la Laguna porque esta vez no han podido. Se han quedado viendo pueblos, despoblados, paisajes...