Entrevista. Juan Manuel Arroyo Lafuente
«No creo que haya crisis. Pienso que últimamente lo que falta son ganas de trabajar»
Si hacemos caso al paralelismo que hace (el inicio empresarial es «como un niño que empieza a andar»), este soriano cabezón y decidido ha envejecido lo suyo en cuatro años. Juanma se crio en un bar, dijo que nunca terminaría en el mundo de la hostelería y hoy piensa y sueña a lo grande en el sector. Su niña mimada es el Botánico -con su socio-, cree en el equipo y está de lleno en el área del alojamiento. Pero lo que a él le gusta, dice, es la batalla, estar en la barra sin levantar cabeza. (¿Nos lo creemos?)

Juan Manuel Arroyo Lafuente
P. Lo mejor que le ha ocurrido en el último año.
R. Me pasan tantas cosas en tan poco tiempo que no sé por dónde lo podría enfocar. Estos últimos tres años han sido de gran crecimiento de cara a los negocios, así que lo mejor podría ser la sensación de que vamos creciendo y por el buen camino. Las buenas sensaciones del último año, porque al principio, cuando empiezas a ser empresario y a moverte, pues eres como un niño cuando empieza a andar. Y una vez que te encuentras que vas echando a andar, viendo la luz y creciendo, es cuando dices: 'Ostras, todo ese esfuerzo va mereciendo la pena'.
P. ¿Y eso es suerte, decisión, resultado de ese esfuerzo que dice?
R. Sí, lo achaco más a eso, porque las cosas no son fáciles. Como digo a mucha gente: Si te lo piensas, no lo acabas haciendo. O sea, esfuerzo en muchos sentidos. No es fácil. La gente se piensa que es abrir un negocio y que todo te llueva. Y no, hay mucho detrás. Ya no solo en el esfuerzo físico que puedas hacer en el sitio, sino también esfuerzo familiar.
Yo, por ejemplo, ahora me he tenido que ir a más de quinientos kilómetros de mi familia y tengo dos niños, una mujer, más negocios que atender... Suelo hacer una comparativa: tú te has lanzado a una piscina, te han soltado en el centro y ahora tienes dos opciones, una vez ahí, o nadas y sales adelante, o te hundes y ahí te quedas.
P. Procede de familia de hosteleros: sus padres tenían un bar en Herreros. ¿Qué aprendió allí?
R. Cuando yo nací, ellos llevaban el bar de Peña Gamella, el chiringuito de allí, y se iniciaron también en otro bar en Soria. Yo realmente me crie en ése de Soria. He vivido siempre allí en Herreros, a 22 kilómetros de Soria. Íbamos y veníamos todos los días. A mi padre lo he visto muy poco. Siempre he hecho vida con mi madre, soy hijo único y, gracias a ella, me involucraba y me metía también en un montón de quehaceres. He tocado un montón de palos y de extraescolares. Me crie en un bar y siempre decía que nunca iba a terminar en esto.
La hostelería es uno de los sectores que menos atrae a la gente para dedicarse. Pero bueno, por circunstancias en la vida, al final he terminado en él. Creo que el haberme criado y haberlo mamado desde pequeño, algo has aprendido, al igual que la enseñanza que te han hecho tus padres durante aquellos años.
Has visto la dedicación, todo lo que cuesta... Mi madre también era una persona que se metía siempre en un montón de historias y no le importaba nada. La cuestión era ir haciendo, ayudar de una manera o de otra. Creo que ésa ha sido la gran enseñanza y lo que me ha hecho ser como soy y tirar adelante en todo lo que hago.
P. Dentro de todas las profesiones ligadas a la hostelería, ¿qué sería y por qué? Hablo de los que curran y entran en el reparto de las propinas.
R. Siempre he tenido discusiones con los míos: lo que les intento decir es que todos son iguales, un equipo. Desde el que por las noches tiene que limpiar o barrer, al friega platos o coge las comandas, hasta quien termina cobrando una caja, el que está en la barra y atiende la primera consumición del cliente hasta el camarero que recoge la última mesa. Todos somos un equipo. Quien está fuera y quien está dentro, el que coge el teléfono... Todos importantes y esenciales para que el cliente se acabe yendo contento. Y todo se tiene que medir de la misma manera. La diferencia es que hay gente que se encuentra mejor en un ámbito que en otro y por sus capacidades puede llegar a ser jefe de sala o jefe de cocina. Pero quien está detrás también es súper importante para que el trabajo salga adelante.
Por identificarme en un puesto... a mí siempre me ha gustado lo que llamamos la batalla. O sea, estar en la barra y que todo el rato haya gente y no puedas ni levantar cabeza. Me encuentro más a gusto en la barra que en la terraza con la bandeja o en el comedor.
P. ¿Qué hay que tener para ser un gran hostelero, además de dinero? Lo de gran es en sentido cuantitativo, por el número de negocios que tiene (entre otros, un hotel, una casa rural, un restaurante, un bar, otro con sala de conciertos).
R. Creo que tienes que venir del lado de tus empleados. Es decir, saber lo que cuesta, lo que tienen que desempeñar. Ponerte en esa situación. Empecé con todo este tema, aunque ya lo había tocado, después de la pandemia. La pandemia cambió mucho a la hostelería, igual que a muchos sectores, pero a la hostelería la cambió totalmente. Ahora hay últimamente muy poca gente ya profesional o gente joven que se quiera dedicar a esto.
Si tú no das a los trabajadores unas condiciones mínimas, siempre se van a cansar, mirar para cambiar de sitio y van a luchar, como todo en esta vida, por su puesto mejor o ganar más o tener más días libres. Entonces, tiene que ser un poco equitativo entre una parte y otra.
Tienes que tener la cabeza muy asentada, porque en la hostelería parece que entra mucho dinero en un día, pero también hay muchos días y meses malos y tienes que tener ahí guardado. El problema de la hostelería es que la gente piensa que llevar un negocio es muy fácil y no es así. Hay gente profesional que sabe trabajar como profesional de hostelería, pero no sabe llevar un negocio de hostelería. Y yo, pues es lo que te digo, quizá no soy el mejor profesional de hostelería, pero creo que a la hora de llevar el negocio, lo he encaminado mejor.
Tenía un amigo que decía: "La hostelería o el negocio de hostelería es el más fácil para arruinarte lentamente".
P. ¿Qué le falta a su juicio a la hostelería soriana?
R. Faltaría, pero no sé si solo a la hostelería o en general, tener un poco menos de envidia y ayudarnos más los unos a los otros. Si todos remáramos en la misma dirección y nos preocupáramos por lo que hacemos nosotros y no por lo que hacen los demás, nos iría mucho mejor.
P. Para consumo propio ¿prefiere la noche, la tarde, el día?
R. Quizá eso va acorde a la edad que tengas o tu situación. Ahora, familiarmente y con mis hijos, pues casi lo que más hago es por la tarde. Pero bueno, desde siempre mis padres han tenido un bar y en vez de seguir con ese consumo, esas franjas de mañana y tarde, me dediqué a la noche. Estoy también bastante ligado y la verdad que me gusta más la noche. Aguanto más el cliente de noche que a veces el cliente de día.
P. ¿Por qué se ha ido tan lejos a montar su último negocio hostelero, en el Mediterráneo?
R. Ha sido una idea que ya tenía desde hace varios años, fruto de que mi cabeza nunca para y siempre quiere ir un poquito más allá. Y ya que veraneaba aquí, en Benidorm, pues fue el lugar donde he empezado. Aquí hay mucha clientela durante más meses al año. De momento, estamos en aprendizaje, que hay meses menos flojos.
P. Oiga, en Soria somos de bares.
R. Sí, la verdad que sí. Nos gustan mucho los bares y los turistas cuando vienen dicen: "Qué barbaridad, no me imaginaba que una ciudad tan pequeña...". Claro, ellos lo ven el fin de semana. En Soria somos de bares, pero para el fin de semana o momentos de festividades. Entre semana, los bares están bastante muertos, la verdad.
P. El mayor sacrificio en la hostelería.
R. Mi mayor sacrificio en esos años fue ser padre. Fui padre con veintitrés años, no es que sea sacrificio, sino que fue el mayor cambio de mi vida, como para mucha gente. Respecto a lo empresarial, también puede ir ligado a ser padre, porque tienes una dedicación extra. Y aunque por aquel entonces no me dedicaba a la hostelería, sí trabajaba mucho en otro sector, también de ocio, y pasaba muchas horas fuera de casa.
P. Uno de sus bares (El Botánico) tiene cierta componente cultural, con conciertos, poco usual en la ciudad.
R. Pensamos que en Soria era necesario algo así. Tanto mi socio como yo somos amantes de nuestra ciudad. Él ya llevaba un recorrido en todo esto en Almazán y allí funcionaba muy bien. Si en un pueblo funcionaba, en una ciudad también lo podía hacer. Estábamos seguros. Yo también tengo recorrido en el mundo de los espectáculos y, a parte de ser un negocio, es una pasión para nosotros. Era una cosa que faltaba en Soria, dar algo diferente que no se hiciera en otros establecimientos y que no fuera lo típico. Y por eso apostamos por ello.
P. ¿Qué dice cuando alguien le habla de la palabra crisis?
R. No creo que haya crisis. Creo que lo que falta últimamente son ganas de trabajar. La gente no tiene ganas de trabajar, se dan muchas ayudas o se busca el dinero por otros lados. Hay gente no tiene asociado en su cabeza que para vivir hay que trabajar; teniendo algo menos van sobreviviendo. Pienso que hay que tener más objetivos a largo plazo y sueños que cumplir.
Todo cuesta dinero y para ello hay que trabajar, en un sector, en otro, más horas, menos. Hay gente que tiene hasta dos trabajos. Realmente no hay crisis, sino lo que faltan son las ganas de trabajar. Hablas con compañeros y todo el mundo dice que no encuentra personal. Se podría llegar a tener más trabajo, pero si no tienes personal, no tienes mano de obra y no puedes llegar a la demanda que hay en muchos sectores.
P. ¿Terraceamos o vamos de barra?
R. En Soria, por su condición climática, más bien vamos de barra. Pero sí es verdad que aquí, en cuanto vemos cuatro rayos de sol, nos gusta estar en la terraza. Tenemos tan metido en la cabeza que hace frío durante mucho tiempo, que en cuanto se puede estar en la terraza, la gente valora y aprecia el estar fuera.
P. Pronto habrá nuevos precios para las terrazas.
R. Querían hacer una nueva ordenanza. Veremos cuando salga realmente lo que ponen. Creo que en Soria al final nos debemos mucho a la hostelería y tendríamos que ayudar a que si un bar puede sacar fuera una terraza y ampliar o mejorar de cara a la gente que viene a consumir y al turista, pues deberíamos de ayudarle un poco. Así que no creo que deban ser abusivos los precios que pongan.
P. ¿Por qué sí o no cogería si pudiera el teleclub de un pueblo?
R. Bueno, la verdad es que no creo que lo cogiera. Un teleclub es algo un poco más íntimo, es decir, para una persona sola, un matrimonio, una pareja, dependiendo del tamaño del pueblo. No creo que en un sitio pequeño se pueda al final tener gran beneficio. Recuerdo otra anécdota de otra persona de la hostelería que me dijo: "Siempre tienes que pensar a lo grande y si quieres ganar a lo grande, tienes que montar algo grande. Si te conformas con poco, con algo pequeño lo tendrás. Pero se hace el mismo esfuerzo en un sitio y en otro, será la misma dedicación y el mismo esfuerzo". Así que depende ya de los objetivos de cada uno. Por eso, ya que te implica mucho esfuerzo -porque esto es mucho esfuerzo y comeduras de cabeza y problemas- pues prefiero pensar a lo grande. Por eso no cogería algo pequeño.
P. ¿Fue a ella o la hostelería vino a usted?
R. La hostelería vino a mí, porque desde pequeño mamé la hostelería. Me tuve que poner a trabajar cuando estaba terminando los estudios y lo que encontré fue en la hostelería. Después, acabé llevando un negocio otros cinco años de hostelería y, por último, dedicándome a otro sector de ocio, y por estar con mi familia, mi mujer fue quien me ofreció lo primero que cogí, fue ella quien me metió en esto. Diría que la hostelería no me la he podido quitar en toda la vida y siempre ha venido buscándome. Parece que tenía que ser esto a lo que me tenía que dedicar.
P. Dentro de todos los negocios que tiene, su niña mimada es...
R. Llevo tan poco tiempo que creo que no he cogido cariño, pero sí es verdad que, como desde joven empecé con el tema de la noche, podría ser El Botánico. A parte de por los números, es mi pasión el tema de la música y los espectáculos, a lo que me he dedicado durante muchos años.
P. ¿Por qué será que bares y restaurantes resisten a cualquier crisis?
R. Creo que es necesario en la vida de cualquier persona. Cuando tú llevas toda la semana trabajando, haces la misma rutina de ir del trabajo a casa, de casa al trabajo, necesitas esa manera de salir, distraerte. ¿Y dónde lo haces? Hay gente que va al gimnasio, otra a la peluquería... Donde mejor entablamos conversación, donde cambiamos opiniones, donde podemos ver otro tipo de personas en la misma situación que nosotros es en los bares.