Heraldo-Diario de Soria

Entrevista. Kepa Josu Olabarria Uzkiano

«Si pudiera ser, metería en un 'reality' con vacas a todo el Congreso de los diputados: los pondría en diferentes explotaciones»

Éste es un hombre con ideas, con buenas ideas, que ha vivido en Soria más de la mitad de su vida, por muy vasco que sea, y que ve en una boñiga el mejor ejemplo de economía circular. Veterinario y ganadero -más viceversa ahora- declararía al sector Patrimonio de la Humanidad y nos pinta un fresco sobresaliente del medio rural. No por lo que tenga el trazo de brillantez, sino por lo auténtico. Sus vacas tienen suerte y lo saben.

Kepa, en el monte cerca de Arévalo con el ganado.

Kepa, en el monte cerca de Arévalo con el ganado.HDS

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P. A ver. Si tuviera que escribir una carta al ministro Planas, ¿cómo empezaría?

R. Estimado ministro. (¿Y?). Estimado ministro de Agricultura y Ganadería. Quería expresarle mi opinión acerca de ciertas políticas agrarias que están llevando ustedes a cabo. (Mójese un poco más). (Ríe). A ver. ....me gustaría que apoyaran más al sector agro-ganadero, que nos incentivaran y dieran a conocer más nuestra verdadera función en la sociedad. Y que se nos tuviera más en cuenta como productores de alimentos sanos para la población, en vez de considerarnos, como últimamente sucede, poco menos que eco-terroristas.

P. Cuénteme, ¿cómo es el momento de ayudar a parir a una vaca?

R. Es un momento delicado. Normalmente lo hacen ellas solas, pero hay veces que, por ciertos problemas, una mala colocación del feto o por un tamaño excesivo, los hay. Es un momento de nerviosismo, porque el animal está nervioso; su dueño, el ganadero, también, porque al final se está jugando un dinero; y en el veterinario, aunque es la parte más calmada, también hay cierta tensión porque quieres que la cosa salga bien; que el animal salga vivo, la vaca se recupere y el ganadero no pierda el fruto de un año de trabajo. Es un momento que hay que vivirlo. Es peculiar. Además, cada circunstancia es diferente; cada parto es un mundo.

P. Tiene los dos frentes, es ganadero y veterinario. En este momento de su vida, en Arévalo de la Sierra, en Soria, ¿qué se siente más y por qué?

R. Soy veterinario porque es mi vocación, la profesión que he querido, me gusta y con la que disfruto muchísimo. Pero ahora mismo el servicio a la clientela ha pasado a segundo plano y me siento más ganadero. Soy más ganadero, pero sin dejar nunca de lado mi visión de veterinario. No lo puedo separar. Veterinario es lo que siempre quise ser, lo que disfruto mucho haciendo y siempre me sentiré veterinario.

P. Del otro lado, ¿qué es lo que más le preocupa como ganadero hoy?

R. Lo que más me preocupa, sobre todo, es la mala imagen que quieren proyectar sobre esta profesión, que al final es producir alimentos, sanos, para la humanidad. Y la mala fama que nos están poniendo, la mala prensa que tenemos... Se nos está considerando como algo peyorativo: que estamos explotando a los animales, que nos beneficiamos de ellos. Es una visión torticera de lo que es nuestra profesión. Está enfocado, creo, a la desconexión que hay en la mayoría de la gente con el campo, que no saben de dónde proceden los alimentos ni como se producen realmente. Hay un gran desconocimiento y de ello se aprovechan ciertos grupos que quieren hacer daño.

P. ¿Qué es lo último que le han dicho sus animales?

R. Mis animales me dicen que están contentos conmigo de cómo los cuido.

P. ¿Y a sí mismo qué se dice? ¿No se cansa de este ejercicio libre de la profesión, mucho más movida que siendo veterinario trabajando para la Administración?

R. Mmmmm. He trabajado haciendo sustituciones de funcionario veterinario y demás, pero es una cosa que nunca me ha llenado, la verdad. He hecho sustituciones durante meses, quince días... Es un trabajo que tiene su qué, vale, pero a mí no me llena.

P. La angustia de ver que el ternerillo, el cordero o el potro se muere al nacer ¿cómo la aplaca?

R. Es un momento fastidiado, jodido, vamos. Ves que una vida que podía salir adelante se acaba casi antes de empezar. Es frustrante, te preguntas si podías haber hecho algo más, pero al final donde hay mucha vida, hay muerte también. Te acabas acostumbrando y sabes que siempre vas a tener un porcentaje de bajas. Intentas que sea siempre el menor posible, pero es algo con lo que tienes que convivir.

P. Vamos a pintar un fresco de la ganadería soriana. Cuatro trazos y algunos colores, por favor.

R. ¿Del medio rural soriano? Lo primero es envejecido. El futuro, gris oscuro. Hay mucha falta de relevo generacional y falta de implicación de las administraciones para que se lleve a cabo ese relevo. Y también hay cierto grado de falta de formación y de profesionalización.

P. Escuche, van a estrenar (imaginemos) un reality con vacas. Algo así como Supervivientes: 48 horas en una explotación con animales. Elija concursantes.

R. ¿Conocidos? (Sí). Si pudiera ser metería en el reality a todo el Congreso de los diputados. Los pondría en diferentes explotaciones para que supieran lo que es el trabajo agrícola y vieran un poco cómo las medidas que toman suelen tener a veces repercusiones muy negativas en el mundo rural.

P. ¿Qué intenta con la veterinaria?, ¿salvar al reino a animal o a Kepa mismo?

R. No. A ver, para mí la veterinaria es un servicio al medio rural. Como un médico asiste a sus pacientes y mejora la calidad de vida de la gente, para mí es ayudar y mejorar la calidad de vida de los ganaderos y de la gente con animales en el medio rural.

P. La urgencia o emergencia más rara, inusual que le ha tocado atender.

R. Raras no, pero bueno... Me ha pasado de llamarme a las cuatro de la mañana y decirme 'oye, vente, que está de parto la vaca'. Y llegar y la vaca nada de nada de parto. Levantarte a las cuatro de la mañana, hacer 30 kilómetros en coche... 'Eres ganadero, tienes que saber si la vaca está o no de parto antes de llamar a una urgencia'. Te quedas con cara de tonto. Cosas de esas pasan. Otra, hacer una cesárea un día de invierno a 10 o 12 grados bajo cero, en medio de dos arroyos, uno por un lado y otro por otro, y tener que hacer allí piruetas, para  la cesárea y sacar al ternero. Al final salieron la vaca y el ternero vivos.

P. Lleva en Soria tres décadas. ¿Por qué aquí y no en su tierra, el País Vasco, donde hay más vacas?

R. Pues no sé si habrá más vacas... La novia era de aquí. Nos conocimos en la carrera y acabamos en Soria.

P. Su mayor acierto.

R. Aciertos y errores ha habido muchos. ¿Mi mayor acierto? Tener mi familia, mis hijos y mi mujer.

P. A mí las abejas me flipan, ¿qué le despierta a usted más curiosidad del reino animal?

R. Mi padre siempre tuvo colmenas. Y es algo que siempre me ha fascinado a mí también. Del reino animal lo que más me gusta es la fauna salvaje africana.

P. Ser ganadero rural está infravalorado. ¿Cómo convertirlo en tendencia?

R. En todos los colegios haría obligatorio que los chicos supieran de dónde vienen los alimentos, cómo se producen. Unas prácticas, no en una granja escuela que van 10 minutos y ya está. Que sean conscientes de dónde y como se producen los alimentos, todos, no solo los de animales, para que sepan el esfuerzo que tiene, lo que conlleva y la profesionalidad de la gente que los produce. Porque es algo desconocido hoy en día.

P. ¿Por qué convertir la ganadería en Patrimonio de la humanidad?

R. Al final es nuestra principal fuente de alimentos, de proteínas. Gracias al consumo de proteínas, el ser humano ha llegado a ser lo que es, ha podido evolucionar y vive de una forma mejor.

P. Oiga, últimamente se escucha quejarse mucho a los veterinarios.

R. Ha habido mucha revolución, especialmente de los veterinarios de pequeños animales por todo el tema de las recetas veterinarias, que les obligan a llevar un control. Eso nosotros, los veterinarios de granja, llevamos haciéndolo 15 años. No nos pilla de nuevo. Es un aumento de burocracia y demás, pero también una forma de poder demostrar que no se le dan tratamientos al tuntún, que no se hacen las cosas porque sí y que cuando se dan los medicamentos es porque son realmente necesarios.

P. Qué mal suenan boñiga y estiércol y lo mucho que encierran.

R. La verdad es que la boñiga y el estiércol, ahora que está tan de moda la economía circular, es devolver a la tierra lo que hemos quitado para que pueda seguir produciendo. Es un abono natural, no contaminante por mucho que digan, porque lo que realmente contamina es el abono químico. No existe mejor ejemplo de economía circular que ése.

P. Dígame los enigmas del campo, del medio rural, que no acaba de entender.

R. Hay tantos enigmas que no acabo de entender. Es un mundo tan raro... Tú puedes hacer siempre las cosas de la misma manera y el resultado nunca es el mismo, porque dependes de tantos factores que se escapan a tu control, como la climatología. En cualquier otra cosa lo haces de la misma manera y el resultado puede ser similar. Pero en el campo no. Haciendo las cosas de la misma forma, puedes tener resultados completamente dispares.

P. Eso a usted le gusta...

R. Sí, pero me gustaría tenerlo más controlado. Al final la ganadería, como la agricultura, son una incertidumbre. Son una cierta tensión porque no sabes cuál va a ser el resultado. Este año dicen que se aproxima una cosecha muy buena, pero... puede ser que vengan unos calores exagerados o un pedrisco te deje la miel en los labios. O como el año pasado aparezca la Enfermedad Epizoótica Hemorrágica y la productividad de la ganadería baje un 40% por un mosquito. Son enigmas con los que no puedes pelear.

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