Entrevista. Diego Peña de la Iglesia
«Mi caballo no sabe santiguarse, si no, lo haría. Siente y sabe que la Saca no es un día normal»
Le ruge el corazón hasta casi salírsele del pecho y el vacío en torno a la puerta de corrales en Valonsadero es parte de la esencia de su vida. Todo empieza y acaba en momentos así. Tiene el lomo que tenía su padre y el padre de su padre y su tío. Este universo es firme y de valores recios. Un universo equino y humano a la vez. Podemos hablar de Cabezuelo o de Diego. E imaginar que es jueves 26 de junio de 2025 y son las 11.58.

Diego Peña con su caballo.
P. ¿A qué se parece la dimensión de un toro el día grande de Soria en San Juan, en la Saca?
R. Ese toro está relacionado con toda la población, con todos los sorianos en el marco de cuando estás esperando en la puerta para la salida de la Saca. No solo ves el toro. Tú ves todo lo que lleva alrededor. Ese vacío que se hace cuando se abre la puerta para que salgan los toros de la Saca... es una sensación única, impresionante. A todo eso te lleva.
P. ¿Qué renace cada año en fiestas de San Juan?
R. La ilusión de mucha gente de querer seguir viviendo los festejos como siempre se ha hecho. Siempre te acuerdas de los seres queridos que ya no están, eso que te pica por dentro en el estómago en el momento de la Saca. Creo que es lo que más nos marca, como a muchos sorianos también. Hasta que no salen los toros es como si no descansaras. La salida de los toros es un antes y un después. Todo el nerviosismo, todo lo demás se acumula antes y, una vez que empieza, ya no estás nervioso.
P. Nos fijamos en el toro, sí, pero ¿a qué le huele un caballo?
R. Un caballo es de las cosas más familiares y normales que tengo en la memoria desde hace muchos años. El olor a un caballo, de cómo te huele el coche es algo que está dentro de tu día a día. No es algo raro. Un caballo te da seguridad, es tu afición siempre. Es lo más bonito del mundo. De hecho, la afición al toro en mi caso viene desde el caballo. Fue primero el caballo y luego el toro. Yo podría dejar de ir a la plaza de toros, pero nunca podría dejar de montar a caballo.
P. Cuénteme una historia familiar en clave ecuestre, aunque le retrotraiga a hace años cerca del Mediterráneo.
R. Desde bien pequeño, sobre los cinco años, cuando acababa aquí el colegio me iba a Villafortún -entre Cambrils y Salou- que es donde mi familia, mi tío, el hermano de mi madre, José de la Iglesia Lolo, tenía un espectáculo ecuestre. Prácticamente todo lo que sé de los caballos lo sé por él. En sus tiempos jóvenes fue rejoneador y en 1980 empezó con el mundo de los espectáculos. Este maravilloso mundo del caballo es por él. Estuve todos los veranos hasta los 16 años, hasta que te empieza a quedar alguna asignatura en BUP y ya no te podías ir.
P. Cuénteme una experiencia equina que forme parte de su vida.
R. De aquel tiempo una experiencia bárbara fue cuando en 1992 marchamos a la feria de Ofenburg en Alemania. Fui a acompañarle porque él tenía que realizar el espectáculo con el resto de países invitados, con la sorpresa de que me dijeron que, si quería colaborar, tenían algún caballo que podían proporcionar. Iba para estar un par de días, luego teníamos que regresar en avión para hacer el espectáculo en España, del trabajo normal que tenía todas las semanas mi tío. Y el director de la feria pidió que volviera otra vez a la feria porque había gustado mucho alguien tan pequeño -yo entonces tenía 12 años- con un caballo. Lo que me había enseñado mi tío dio resultado y me obligaron a que volviera otra vez a la feria. Es un recuerdo precioso.
P. ¿Qué caballo tiene hoy entre manos?
R. Siempre he solido tener dos. Ahora mismo, según vas creciendo, con mantener uno... Tienes que estar más pendiente de la familia, muchos de los amigos que montaban ya no lo hacen. Somos muy pocos los que por cabezones y por afición seguimos con el mundo del caballo. Ahora solo tengo uno, Cabezuelo.
P. Tengo una libreta limpia para llenar de retos. Escriba uno.
R. Habría que mejorar muchas cosas, pero que se siga manteniendo y llevando la línea de las fiestas de San Juan, que no vaya a peor. La verdad es que se está empezando a faltar el respeto la gente al toro. Yo he sido siempre un poco torista. Quiero decir con esto que me prevalece la atención del toro sobre el torero; a mí lo que más me gusta es el toro como animal.
El toro en semilibertad, cuando lo ves en un campo cerrado, es el animal más bonito del mundo. Pero sin los toros, sin la fiesta taurina, podría vivir; sin el caballo, no. Lo más bonito es que por lo menos continuara y a la gente le entrara en la cabeza ese sentimiento de respeto que hay que tener hacia el toro.
El pasado sábado pudimos ver en Valonsadero que hay gente que no lo respeta. Cuando hay tanta gente con tan solo un animal... eso está muy feo. Hay cosas que no. Y todo ello puede traer que esto se acabe. (¿Hablamos de Soria?). Sí, sí. Como no haya respeto con los animales, se acabará como está pasando en otros sitios, se irá recortando, recortando hasta que nos ganemos a pulso que nos vayan restringiendo cada vez más.
P. Aquella vez que se quedó sin fiestas.
R. Sin fiestas enteras fue un tema familiar... Al margen, estando trabajando en la Junta en la campaña de la declaración de la renta, en el Ayuntamiento de San Leonardo de Yagüe el Jueves la Saca y el Viernes de toros en el de Almazán. Fue terrible, claro. Estaba de técnico y eran los últimos días de la campaña de la declaración de la renta. Llegue el Viernes de Toros por la tarde.
P. ¿Qué se pregunta usted un Jueves la Saca a las 11 de la mañana?
R. Lo primero es la pregunta del millón. ¿Van a salir bien?, ¿se van a quedar en la puerta? Se quedaron un año y parece que se tienen que quedar ya todos. Pero lo principal es que salgan, que suban la cuesta y salgan, que no se queden por allí que es donde más cúmulo de gente hay. Luego la cabeza al final parece que te lleva a lo peor. Lo primero y fundamental en todos los festejos, lo primero que quieres por encima de todo, es que no pase nada. Lo primerísimo que tienes en la cabeza es que no pase nada grave, es lo que te viene. Pasan muchas cosas, pero que sean leves.
P. Me llama la atención que mire a la salida, cuando la mayoría de los sorianos piensan en la llegada. La pregunta del día es ¿cuántos toros llegarán a la plaza?
R. Yo voy más encaminado al daño que pueden hacer. Que salgan bien. ¿Que luego llegarán? Ya veremos los que lleguen. Una vez que pase la salida, ya es cuestión de trabajo, de que vayan llegando a la Vega el mayor número posible; luego en la segunda parada, en el Descansadero, si hay 12, fantástico. Aunque hay veces que ya no es posible, porque algún toro que ya está lesionado, muy cansado... Pero lo más importante es que salgan de abajo.
P. ¿Y su caballo?, ¿qué le dice?
R. Nerviosismo total desde por la mañana cuando lo sacas para ponerle los aperos. Bueno, bueno, bueno... Se vuelve loco, loco total. Lo sabe perfectamente. El otro día en el Lavalenguas desde que lo sacas, seis y algo de la mañana... Hay algo. Y cuando llegas allí no te quiero decir nada. Cuando ve la puerta roja ya sabe lo que hay. No sabe santiguarse, si no, lo haría. Seguro. Lo siente, sabe lo que hay y que no es un día normal. Creo que con él llevo ya en la Saca cinco años.
P. ¿Qué conviene explicar de Soria ese día a un foráneo?
R. Compañeros que tenemos aficionados al caballo, gente del sur que hacen sus romerías, lo ven y no se lo creen. 'A ver, soltáis 12 toros en la pradera, donde hay 6.000 personas y pasan entre la gente'. Lo ven y no creen lo que se hace. Cuando vienen es avisarles de lo que hay. Ahora se ve en el momento, pero antes era mucho más impactante, cuando no estaba tan difundido.
P. Humanizamos las mascotas, pero no podemos con el toro.
R. No, es algo mucho más puro y más salvaje, creo, que un perro o un gato, que es lo que más se humaniza. El caballo, bueno. Suelto en una finca y demás, quizá lo puedas humanizar un poquito más, pero el toro es imposible por su bravura. No tiene nada que ver.
P. Ahora una improcedente. La autocrítica es sana. ¿Quién dijo que la Asociación de Amigos de la Saca roza la perfección en la traída?
R. ¿Sería algo precioso verdad? Siempre se intenta, pero claro... Hay mucha gente. Intentamos hacerlo lo mejor posible, para que se desarrolle bien. Estos últimos años está saliendo bastante bien, pero la perfección es muy difícil, casi imposible. Conseguir eso sería algo tan de trabajo y profesional que dejaría la fiesta a un lado. No sería bueno tampoco rozar la perfección, porque perderías la esencia de lo que es la fiesta realmente. La fiesta no es perfección nunca.
P. ¿Banalizamos la crítica si le digo que, como todo hijo de vecino, Amigos de la Saca no tiene solo amigos?
R. Como en todas las peñas y asociaciones, siempre hay gente que no está al cien por cien de acuerdo con la junta directiva del momento y por supuesto que hay roces, claro. Pero ni más ni menos que en otras asociaciones. Está claro. Es algo que no se puede evitar ni ocultar.
P. ¿Posible un mundo sin toros?
R. Un mundo sin toros en España no es posible por el arraigo que tiene en cada uno de los rincones y de los pueblos de cada comunidad. Hay comunidades en las que igual no hay tanta tradición, como en Galicia, pero toda la zona del Levante, Valencia, Castilla... Es imposible que eso se olvidara.
P. Algo de la fiesta con lo que no comulgue. Hablo de la fiesta de San Juan.
R. El descontrol del Viernes de Toros en la plaza. Dentro del ruedo es terrible, es demasiado. El torero que viene, por muy avisado que esté, se lleva una sensación mala.
P. ¿Por qué sí o no cambiaría algo del Viernes de Toros?
R. La Policía Local hace su trabajo. Habría que intentar, sobre todo cuando está haciendo la faena el torero, que no hubiera absolutamente nadie ni sentado en el estribo, siquiera.
P. ¿Dónde está el lugar más silencioso de Soria en San Juan?
R. Sin ninguna duda, en el que cada uno tenemos dentro, donde guardamos esa paz y esa calma que hay que tener para aceptar, por ejemplo, críticas; para aceptar en algunos momentos a la gente que no está conforme con todo esto, que es difícil mantenerte en calma para no saltar y destruir la fiesta, que es lo último que quieres. Esa calma que tienes que tener de principio a fin.