Heraldo-Diario de Soria

Entrevista 

Guillermo González, coach especializado en emociones y talento: "Deberíamos permitirnos sentir y hacernos conscientes de nuestras emociones"

Difícil atreverse con la inteligencia emocional sin acabar mirándose al espejo. A riesgo de que eso ocurra y vislumbremos cierto vaho (espejos así hay a patadas) charlamos con un especialista en emociones y escucha interior y en música y talento. Guillermo es coach y sabe de la importancia de mirar hacia dentro y buscar nuestro lugar en el mundo.

Guillermo González.

Guillermo González.MARIO TEJEDOR

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Soria

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P. Su filosofía sana (del verbo sanar). ¿Cómo lo hace?

R. Siendo sincero. Creo que todos nuestros proyectos están basados en la honestidad y en el qué hubiésemos querido para nosotros. Salen de dentro, de nuestras necesidades y están proyectadas a poder cubrir las necesidades de otros. Nacen de dentro, buscamos lo mismo. Buscamos la salud, el bienestar, el crecimiento personal. El nuestro lo buscamos fuera.

P. Es usted coach especializado en musicoterapia, o sea, musicoterapeuta, especializado en emociones, creatividad, talento. ¿Qué recompone? ¿Qué enseña?

R. A conocerse uno mismo. A la escucha interior y el trabajo de la conciencia. A hacerse consciente de quién es uno mismo. Quizá ha sido mi búsqueda personal la que me ha llevado a estos lugares, ¿no? Siempre me he movido por interés y necesidad personal de conocerme, de entender el mundo, de desarrollar mi sensibilidad  aceptar mi sensibilidad. Todo esto es lo que puedo transmitir hacia afuera.

P. ¿Qué es lo último que le ha dicho su yo interno que le haya descolocado? Si es que lo ha hecho.

R. Sí, todo el tiempo lo hace. Así que me venga a la cabeza, que el éxito no tiene valor. Que el éxito social es la pelea; creo que una de las principales peleas de esta humanidad. El buscar tu lugar en el mundo respecto a una sociedad y buscar tu lugar respecto a tu verdad interior. 

P. ¿A cuánto está de encontrar ese lugar? ¿O ya lo ha hecho?

R. Debería reconocerme o empezar a aceptar y a valorar que estoy en el camino. Pero siempre hay un runrún, un come-come ahí diciendo que te falta mucho, que tienes que seguir trabajando y buscando. Aunque pienso que estoy en buen camino.

P. Harmonii suena bien. ¿Es un proyecto, una idea, una empresa? Resuma.

R. Harmonii es una asociación que busca facilitar el desarrollo personal y la educación social a través de herramientas como la música, la creatividad musical, el yoga, la educación emocional. Busca ayudar al autoconocimiento y al desarrollo de las personas. Parte de una idea personal, pero ahora es cada vez más acuariano y colectivo. No solo personas, sino energías colaborando, dándole forma y desarrollando. En Harmonii cada vez somos más.

P. ¿Por qué elegió Soria para su desarrollo, y más concretamente Conquezuela?

R. Suponía que iba a venir esa pregunta. La vida nos trajo aquí. Podría decir que Soria nos eligió, pero no sé quién nos eligió. El caso es que aparecimos por aquí buscando paz, una casa para descansar que terminó convirtiéndose en nuestra casa, y en nuestra provincia. Luego hilos se han ido soltando una vez que hemos llegado aquí, todos los contactos. Soria ha sido la que se ha puesto en movimiento. Aparecimos por Conquezuela porque era el lugar más tranquilo y más energéticamente creativo y energéticamente  enriquecedor que pudimos encontrar.

P. ¿Por qué no es música todo lo que suena?

R. La música es algo espectacular, es energía. Lo que es es energía, ¿no? Cuando empiezas a profundizar en la sonoterapia, en el trabajo con música a niveles, terapéuticos o de desarrollo personal, te das cuenta de que la música es algo enorme, pero que, al mismo tiempo, son emociones. Eso es energía, vibración, son los planetas, el universo. Es algo muy, muy grande. Al fin y al cabo, nosotros somos vibración, células vibrando, con lo cual somos música también. 

P. Soria inspira en literatura. ¿También lo hace en la energía musical?

R. Sobre todo en la energía. Yo creo que Soria tiene una vibración muy fuerte y unos campos telúricos. El hecho de ser una provincia muy poco poblada hace que energéticamente todavía esté muy virgen en ese sentido. Creo que Soria inspira creatividad, principalmente.

P. ¿Qué se investiga en un laboratorio musical que no tenga que ver propiamente con la música?

R. Las emociones, la voz interior. ¿Cómo te diría? Esa voz interior, ese ser que tienes escondido. Esa persona que está ahí debajo, que tiene miedo de mostrarse al mundo o que no sabe, que todavía no tiene las herramientas para mostrarse al mundo... Eso es lo que trabajamos principalmente en un taller musical, mucho más que en sí mismo la música.

P. ¿Y qué nos cuentan esas experiencias de música que ha desarrollado, por ejemplo, con internos de la prisión, con jóvenes y adolescentes de la capital? ¿Qué nos dicen?

R. Cuentan historias no narradas todavía, cuentan cómo estamos. Estoy preparando un documental acerca del proyecto de la cárcel, que está financiado por la Caixa, donde los protagonistas son los propios internos, tres internos en concreto. Y ahí podemos ver las las historias de su vida. Ponen voz a lo que no oímos habitualmente. Y nos cuentan que hay mucha, mucha tela por cortar. Hay mucho que decir, emociones ocultas, mucho talento oculto, creatividad perdida por la dificultad y los obstáculos que nos pone la sociedad para crear y ser. Te das cuenta de cuánto talento hay por ahí escondido.

Es un poco lo que también queremos mostrar en el documental: qué difícil es para las personas que no tienen facilidad -por motivos económicos, sociales o culturales- de expresar su creatividad. Qué difícil es si naces creativo y talentoso, pero en un contexto donde eso no tiene valor. Estamos aprendiendo muchísimo con todos estos proyectos y muy ilusionados. En el fondo hablan muy bien del futuro de la humanidad. Hay esperanza.

P. ¿Sí?

R. Sí, sí, creo que sí. Sobre todo trabajando en un lugar como un centro penitenciario, que en principio es un poco la calle de atrás, lo que no queremos ver. Estamos encontrando allí una cantidad de talento muy grande y muchas cosas que decir. También unas historias de vida terribles. Las condiciones en las que se han desarrollado muchas de estas personas quizá no las hubiésemos aguantado nadie: unas infancias terribles, unas situaciones de padres, abusos, drogas, violencia, espantosas. Y todavía están aquí escribiendo letras, cantando canciones y sacando talento. Cuando la vida nos lo pone más difícil, nos obliga a sacar lo mejor de nosotros mismos. Somos una sociedad que llevamos tiempo viviendo demasiado cómodos. Todos queremos vivir cómodos, pero la comodidad no nos ayuda a desarrollarnos y a salir de nuestra zona de confort e intentar hacer algo constructivo y creativo, a intentar mejorar. Pues nos quedamos dónde estamos. Entonces te das cuenta de que los que menos facilidades han tenido, más desarrollada tienen esa capacidad y más cosas tienen para aportar. Todos tenemos cosas para aportar.

P. Educación emocional. ¿Quién necesita tal cosa?

R. En esa pregunta está un poco el resumen de nuestro trabajo. ¿Por qué esto no viene de serie?, ¿por qué no le estamos poniendo como sociedad el punto de atención, el dedo en la llaga? ¿Por qué no estamos trabajando con eso? ¿Por qué eso no está en los colegios, en los institutos, en todas partes? Si es que lo vamos a necesitar y es algo básico para que la sociedad pueda sobrevivir.

P. ¿No es una necesidad creada? Quiero decir, de este siglo... ¿O ha existido siempre, lo que ocurre es que ahora está de moda?

R. No, evidentemente es una necesidad de siempre. Otra cosa es que tienes que estar enfrentándote a la supervivencia. Es como la tabla de necesidades de Maslow. ¿En qué necesidades nos estamos moviendo como sociedad? Si tenemos que sobrevivir, si estamos al primer chakra, a sobrevivir en la vida, a comer, a que no nos coman los leones, a luchar por la supervivencia..., no podemos estar dedicados a las emociones. Pero es que como sociedad y cultura, hemos ido evolucionando hasta un punto en el que ya tenemos cubiertas las necesidades básicas. Entonces ahora mismo tenemos una responsabilidad grande con nuestro trabajo de quiénes somos, de cómo nos gestionamos.

P. A usted, Guillermo, ¿le preocupan (u ocupan) más sus emociones o sus sentimientos?

R. Eh..., mis emociones. Pero vamos, creo que en ese sentido emociones y sentimientos son primos hermanos. A mí me ocupan mucho mis emociones. Sufro mucho con ellas y sufro mucho para gestionarlas. Por eso uno es experto en sus traumas, en sus dolores vitales. Deberíamos ser profesores de lo que más nos cuesta en la vida, porque es lo que más estamos trabajando todo el tiempo.

P. Descienda, por favor, a lo concreto y dígame qué es lo que más le cuesta.

R. El gestionar mis emociones. Tengo un problema de hipersensibilidad o de persona altamente sensible. No sé si es un problema, aunque lo haya llamado así; en realidad es una característica.

P. Bueno, y hasta una virtud...

R. En mi caso, y podría generalizar, es un tema de choque entre tu sensibilidad y tu necesidad de integración en una sociedad. Por eso también lo de escaparnos a un lugar lo más tranquilo posible. Nosotros, mi mujer y yo, mi familia, venimos de Madrid y 5 millones de habitantes son demasiados a nuestro alrededor. Es realmente mi gran lucha: ser capaz de gestionar mi sensibilidad emocional, dentro de un sistema colectivo donde vivimos muchos y donde nos relacionamos de muchas maneras; donde conviven muchas vibraciones o sensibilidades diferentes. Esa mi gran lucha. No tener que esconderme en una cueva y no salir nunca, pero tampoco tener que estar tan sobre estimulado con un exterior en constante movimiento, generando información, acciones todo el tiempo.

P. Ir a hacerlo a la calle Amargura tiene tela.

R. Es una ironía del universo. Sí, totalmente. Nos encantaría poder cambiar el nombre, pero no tenemos capacidad para ello.

P. Soria como provincia, ¿debería estar más preocupada por sus sentimientos o por sus emociones?

R. Dime, ¿qué diferencias ves tú entre emociones y sentimientos?

P. La emoción es... no sé si más irracional, pero pienso que es algo  más físico. Quizá no sea más irracional, pero sí resulta más inevitable y espontánea. Y el sentimiento, como que tiene que ver más con eso que llamamos corazón. Digo... Igual estoy liando la madeja.

R. ¿Crees que el sentimiento es más cultural, de alguna manera, o más racional, más decidido, más voluntario?

P. No sé... Quizá sí, puede que el sentimiento sea un poco más racional. ¿Cómo lo ve usted, que es el experto?  

R. Pienso que los sentimientos pueden ser algo más cultural, o estar más metidos en un sistema cultural; de algún modo los forman, los vemos alrededor, los podemos decidir.

Creo que lo más importante son las emociones, porque en las emociones no está nuestra parte controladora, que es lo importante. Ahí está la verdad, al fin y al cabo. Tus emociones innatas, al no poder controlarlas, es lo que en realidad te está saliendo. Los sentimientos los controlas y eso, al final, termina siendo también un problema. Las terapias están llenas de gente que intentan controlar sus sentimientos o controlar sus emociones. En realidad, lo que tenemos es que conocerlas. (Le recuerdo que la pregunta era sobre Soria).

Creo que Soria, como todo Castilla, tiene un enorme déficit de conciencia emocional. Culturalmente. Efectivamente en Soria hay un problema de conciencia emocional, de mostrar las emociones, especialmente en los hombres, por cultura. Hay emociones reprimidas, muchísimas. Y eso causa mucho dolor, mucha impotencia y mucha rigidez. Hay mucho autocontrol. En la Meseta y en Soria concretamente sí deberíamos intentar mirarnos hacia dentro, permitirnos sentir, o permitirnos hacernos consciente de lo que ya sentimos, ¿no? Ser conscientes de que nuestras emociones están, porque eso es salud. Al final, cada vez que hacemos consciente una emoción, estamos liberándonos de una enfermedad, de una dolencia asociada a la falta de conciencia. Normalmente, casi todas las emociones vienen de procesos que estamos experimentando internamente y que necesitan salir. Son maestras. Nos vienen a decir qué necesitamos, qué nos está pasando. Si las bloqueamos, lo convertimos al final en enfermedades crónicas. Así que sí, en Soria necesitamos hacernos conscientes de nuestras emociones.

P. Cuénteme esta presencia suya en el concierto del 8 de septiembre en Almazán con Barry B.

R. Ahí estamos con otro de los proyectos que está haciendo Harmonii, el más longevo y, de hecho, el que nos dio pie a a hacer todos los demás. Es el de Construyendo mi futuro, con Servicios Sociales de la Diputación de Soria. Estamos trabajando con un grupo de chavales de Almazán, vimos las ganas que tenían y su capacidad y creatividad, en concreto con la música. Les apasionaba la posibilidad de ser músicos, de ser artistas de música urbana. Levamos 8 años con ellos. Hemos presentado videoclips en el Festival de Cine y ganado algún premio. Están actuando en conciertos, en el certamen de Creación Joven de Soria. Tenemos muchos proyectos con estos chicos.

El Ayuntamiento quería que tuviesen una presencia en las fiestas y poder hacer algo con ellos y surgió la posibilidad del Sonorama Day, de hacer de honor de Barry B y allí estaremos. Van a estar unos cuantos chicos de Almazán y alguno de Soria con un proyecto de música urbana muy interesante, subiéndose a un escenario de verdad, muy pro. Y con mucha ilusión.

P. Llegados a este punto, ¿qué le diría su coach a las emociones de la periodista? Le confesaré que en fase de suelta emocional.

R. Te diría algo que sé que es lo más difícil. Y es que confíes. Que confíes en ti, en tu voz; que confíes en tus intuiciones y en lo que eres. Porque la sociedad nos ha enseñado a desconfiar de nosotros, a que si no entramos en unos estándares, si no haces las cosas como las está haciendo el vecino, entonces algo va mal. Y de este modo estamos perdiendo nuestra autenticidad.

La mayor parte de los problemas se resolverían si simplemente confiásemos en lo que ya estamos haciendo, porque muchas veces no es un problema de que no hagamos lo que deberíamos hacer; la mayor parte de veces ya lo estamos haciendo. La cuestión es que seguimos desconfiando y nos ponemos palos en las ruedas todo el tiempo. A la periodista le diría que confíe en sí misma. Y a Pilar lo mismo.

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