Entrevista. Adrián Hernández Altelarrea
Adrián Hernández Altelarrea, músico polifacético: «No he visto nada que se parezca a las sanjuaneras; les tengo devoción absoluta»
Sin misterio en las notas de cualquier pentagrama, el músico tiene algo de virtuoso. Lo mismo en la interpretación, que leyendo el silencio. Igual en una charanga, que en una orquesta -joven o no- o una banda. Adrián nos cuenta lo que la música le dice, desde La Consagración de la Primavera a la Oreja de Van Gogh. Escuchamos.

Adrián Hernández
Pregunta.– De dirigir la JOSS (Joven Orquesta Sinfónica de Soria) a tocar en una charanga en las fiestas de un pueblo (San Esteban). Sirve usted para un roto y un descosido.
R. Es parte de mi filosofía de vida, hacer de todo y no dedicarme solo a una cosa. Desde hace años lo hago. No solo soy clarinetista, también soy pianista, saxofonista, soy director, doy clases. Un poquito de todo.
P. ¿En qué es más usted?
R. (Silencio largo). (¿Hola?). Sí, sí, estoy pensando. Haciendo música, en general. Es un poco genérico, pero sí, da igual. Da igual en qué. Entonces, la música soy yo.
P. Está a punto de cumplir la edad de Cristo y ya ha puesto una pica en Flandes, dirigiendo en su tierra una orquesta de la talla de la JOSS, en la que también es profesor.
R. Sí, profesor en la escuela y luego dirijo la orquesta. Es una cosa un poquito diferente. La escuela es algo que va durante el año, es una escuela de música. Y la JOSS es un poquito aparte, porque es dirigida a chavales de últimos cursos de conservatorio, incluso Conservatorio superior, algunos ya con la carrera terminada. Es un plus de nivel, de responsabilidad y de todo.
P. ¿Qué le llevó a trabajar fuera de España y por qué volvió?
R. Me llevó en parte porque es lo que hacía todo el mundo y porque quería salir. Siempre quise salir porque, como te dije, soy de Covaleda. A los 15 años ya me fui a vivir fuera de casa, a hacer el instituto a Soria, a estudiar Conservatorio y luego, después de estudiar la carrera, sabía que quería irme fuera de España en algún momento para vivir, para aprender y para todo. ¿Qué me hizo volver? Soria. (Concrete un poco). Iba a volver a Soria y sabía que tenía trabajo en Soria.
P. Por mucha música que suene en el Otoño en Soria, no me negará que corren malos tiempos para esta arte.
P. No lo niego. La figura del músico siempre parece que está a contracorriente. Y estamos, pues eso, de un sitio a otro. Incluso si buscas la estabilidad de lo que puede ser el empleo público, también casi de un sitio a otro. A nivel de oposiciones no sale mucho. Mucho de aquí para allá.
P. ¿Qué lleva más interiorizada, la Ronda de Duruelo o una sanjuanera?
R. Una sanjuanera. (¿Por qué?). Creo que es una mezcla de costumbre, de tradición... han sido muchos años de sanjuaneras. Pienso que la sanjuanera es un milagro, un milagro de la música popular. Anoche (por la noche del martes 9), estoy en San Esteban tocando en la charanga y tuve esta conversación, que voy a seguir teniendo muchas veces. La sanjuanera es un milagro de la música popular.
Es una música popular, festiva, pero hecha de una manera que no se ha visto en la historia. El hecho de estar durante 50 años don Paco y don Jesús haciendo esa música, con ese bagaje, con esa calidad musical, que pocas veces se puede encontrar en lo que denominamos música festiva, música de fiesta, música popular... Yo no soy un experto en la materia, pero todavía no he visto nada que se parezca a las sanjuaneras. Desde que las descubrí hace años, lo mío es devoción absoluta a las sanjuaneras, a las 31 sanjuaneras.
P. Habla casi con veneración por esta música festiva.
R. ¿A las sanjuaneras? Sí, es veneración, sí.
P. ¿Ser de Pinares arrecia el pentagrama?, ¿lo hace más duro?
R. Un poquito. Entiendo que tampoco tengo un arraigo muy grande de que tenga mi cuadrilla de toda la vida en Pinares. De hecho, lo poco que me sigue trayendo a Pinares es mi pueblo, mi familia, las bandas: la de Covaleda, como músico, y la de Duruelo como director. Me falta un poquito de arraigo en el sentido de grupo de amigos, en sentido social. Tengo mis amigos, pero en relación con la música; fuera de la música, no demasiados.
P. ¿Qué música escucha entre pinos?
R. Toda aquella que merezca la pena. Últimamente estoy bastante aficionado a la música electrónica, aunque suene curioso.
P. ¿A qué se parece dirigir una orquesta?
R. En dirigir una orquesta, el hecho de dirigir bien, hay mucho trabajo detrás y mucho trabajo de meses. Hay mucha gestión, mucha gestión de personas. Es una gestión humana enorme en lo que es dirigir una orquesta. Diría que casi hay más gestión humana que gestión de de música y de arte, por así decirlo. Es gestión pura, la previsión es importantísima.
P. Una obra de obligado cumplimiento de escucha en el Congreso de los Diputados.
R. La Consagración de la Primavera, de Igor Stravinsky. (¿Y por qué tendrían que escucharla sus señorías?). Es una de mis obras más top para mí. Me supuso muchísimo y me abrió la mente a nivel orquestal y a nivel de música. ¿Por qué la tendrían que escuchar? Porque te abre la mente.
P. ¿A qué cree que nos ayudaría una pildorita melómana diaria y no lo sabemos?
R. A aprender y a descubrir. Mi filosofía de vida es aprender, aprender, seguir aprendiendo y no dejar nunca de aprender. Creo que una pequeña pildorita, como dices, nos puede ayudar a tener la cabeza activa, a tener la cabeza aprendiendo, a no quedarnos dormidos como sociedad, como seres humanos y seres inteligentes que somos.
P. De todos los que toca, ¿qué instrumento prefiere y por qué?
R. De manera más oficial el clarinete, el piano y el saxofón son mis tres instrumentos principales. Pero lo siento, no me puedo quedar con ninguno, porque los tres tienen sus cosas. Sería un poco traicionarlos y he dedicado muchas horas a todos en diferentes sentidos. El clarinete fue mi primer instrumento, con la carrera, el máster, ha sido el que más horas he dedicado. Pero al piano también he dedicado muchísimas y es un instrumento muy abierto, versátil y me siento muy cómodo con él. Y el saxofón, pues porque me ha dado mucho trabajo en mi vida, muchísimo. Y ya últimamente me he metido un poco más en serio con él, a sacarme el título, pero de los tres. No puedo. Lo siento.
P. ¿Cuándo descubrió la música?
R. De la manera más sencilla, mis padres me apuntaron a las actividades extraescolares de niño en Covaleda. En el pueblo había taekwondo y música y me apuntaron a la música porque me veían con ganas. Tenía 5 años y así he seguido.
Mi padre es músico de afición, no ha estudiado, pero toca y ha tocado muchos años la guitarra y otros instrumentos.
P. Hace algún tiempo entrevisté a un gaitero enamorado de la dulzaina. ¿Por qué sí o por qué no es menos música la gaita?
R. Para mí es un porque sí, porque es un instrumento popular que ha dado mucho a la música popular. (¿Quiere decir que no es menos música o que sí es menos música?). Que no es menos música. Como músico de conservatorio, músico -entre comillas- académico, la gaita parece que está por debajo, porque mucha gente la toca o, entre comillas, cualquiera la toca. Pero la gaita da mucho, la dulzaina da mucho. Lo da, lo ha seguido dando y lo tiene que dar. Quizá sí que soy partidario de cierto punto de especialización, de aprendizaje, que no sea a la buena de Dios, un mínimo de puntito de calidad, pero soy defensor de de la dulzaina.
P. Confiese, ¿qué escucha cuando nadie le ve y nadie le escucha?
R. La Oreja de Van Gogh. Que es lo que se llama ahora, para ser un poco más moderno, un placer culpable. Es una mezcla de nostalgia, de cuestiones sentimentales que están por detrás, pero me gusta mucho. Es de los conciertos que más he llorado en mi vida, ver la Oreja de Van Gogh en directo.