Entrevista. Lola Sánchez Fernández
Historia de Lola, la catalana naturópata que ama Soria: «No sé dónde me llevará la vida, pero espero que esta vez me deje aquí quieta»
¿Qué razones llevan a alguien, en madurez vital, a dejar su ciudad, su vida, y decidir anclarse a Soria sin apenas conocerla? Lola nos cuenta las suyas, que nos interesan lo justo. Otra cosa es cómo conjuga el preciado verbo de sanar. «Todos estamos sanando continuamente. Tenemos que vivir haciéndolo». Ahí lo dejamos.

Lola Sánchez.
P. ¿Cómo deja usted su tierra para trasladarse a otra como Soria en busca de qué?
R. Había dos factores fundamentales. El primero es que queríamos un lugar más natural, más silencioso y armonioso; salir de la gran ciudad y estar en el campo. También que los dos comenzábamos una nueva vida, así que fue un comienzo maravilloso. Yo tenía siempre el sueño de pequeña de querer ser como los que iban en las carretas en el oeste, cogían una tierra, la labraban, se quedaban allí y hacían una vida nueva. Eso es lo que quería hacer. Por eso vinimos a Soria (ella y su pareja).
P. ¿Repobladora, emigrante, ciudadana del mundo? ¿Qué se siente?
P. Mi lazo no fue la familia porque no tengo familia aquí. De hecho, soy una persona con muy poca familia. Pero me atraía porque cuando estudiaba Naturopatía o estaba vendiendo en el herbolario, en Badalona, donde yo vivía, Soria Natural era una marca de renombre y prestigio. Era una de las dos o tres marcas que podías entregar a cualquier enfermo y saber que iba a funcionar. Me siento más habitante del mundo, del cosmos. Nací en Barcelona, pero toda mi familia es de Huelva y la sierra, así que cuando iba al sur de vacaciones me llamaban 'la catalana' y cuando vivía en Barcelona era 'la andaluza'.
Soy de esa generación de padres que emigraron y nunca se sentía en ningún sitio. Aquí en Soria, después de romper el huevo del romanticismo, me he sentido en un lugar en el que me siento libre, libre de miradas, de todo. Siento quien soy. Quizá por el carácter soriano, que es parco en palabras, me siento acogida pero a la vez respetada y eso me hace sentir libre para hacer cosas que no he hecho nunca y aquí sí.
P. Abraza el poco usado verbo de sanar. Dígame por qué y cómo llega a él.
R. Sanar es una palabra que -desde la humildad- es más completa que curar. Curar, desde la visión de la medicina tradicional, es como compartimentar las cosas. Yo creo que nada está separado. Nuestro cuerpo habita en un lugar, con unas costumbres determinadas. Uno trabaja, tiene unos sentimientos concretos. Alguien que tiene corazón, emoción, que tiene cuerpo, mente y alma. Y todas esas cosas forman parte de uno. Sanar es observar todo eso a la hora de devolver el equilibrio a la persona, de volvernos al equilibrio a las personas.
En medicina tradicional si te duele un dedo, te dan algo para un dedo; o el estómago... Pero el estómago no está separado del resto del organismo, ni separado de tus emociones, ni de tu rabia, de tu miedo o de tu alegría... No está separado. Sanar es todo eso; es una mirada holística no solo de uno, sino del mundo en que uno existe.
P. ¿Cómo llega a él?
R. ¿A la naturopatía o a la sanación? (Al mundo de la sanación). Todos estamos sanando continuamente. Estamos en el camino de sanar, todos. No estoy sana del todo, pero estoy sanando. La vida, el camino, lo que te encuentras... no lo dejas partir. Lo reflexionas, lo masticas, encuentras lo que hay en ti que no está al derecho. Pero ese trabajo es continuo, no se termina nunca. Tenemos que vivir sanando las cosas que hay en nosotros perdidas y las que están afuera lo mejor que podamos.
P. ¿Qué necesitamos más, curarnos o sanarnos?
R. Cada cosa en su momento. No se puede decir 'como yo soy naturópata, naturista, oye, no voy a pasar jamás por un hospital'. No. Cada cosa en su momento. Si es cierto que la sanación tiene mucho que ver con el mundo interno, con el mundo interior. Conocerse a uno mismo es un primer paso y tratar de vivir de una forma limpia, ordenada y armoniosa lo más posible. Y cuando tienes algo que necesita una reparación de un doctor hay siempre fronteras, límites en todo. También en la medicina natural. Tenemos un campo en el que podemos decidir, pero hay cosas que van a otro sitio. No tengo reparos en atenderme con una psicóloga, un doctor, con un sanador, un naturópata. Con quien me haga llegar otra vez a la verdad de mi persona.
P. ¿Sanar es un don, una energía, un misterio...?
R. Es que somos energía. Tiene que ver con todo eso. Somos un conglomerado de energía, un campo de energía estático...
P. A usted qué le ha dolido más en la vida, ¿el cuerpo o el alma?.... ¿Dónde se le aloja la dolencia emocional?
R. El alma está en nosotros y nuestras dolencias son las cosas no resueltas, que a veces no logramos poner al derecho y tenemos que aceptar. La clave es en algún momento rendirse. 'Esto es lo que soy, esto es lo que me pasa...' Para no enfermar más hay que darse cuenta que hay cosas que escapan a poder hacer algo más, porque no es algo mío. Es del otro, de los otros o del mundo. Hay que ayudar a sanar ese dolor, no solo a nosotros, sino a todos.
P. Valore su experiencia vital en Soria hasta la fecha.
R. Ha sido algo estupendo para mí, porque he podido soltarme y ser yo. También empezar una nueva vida, con un nuevo compañero y eso es muy importante. Mi experiencia en Soria ha sido muy buena. Es un lugar más pequeño, nos conocemos todos. Una cosa que nos gusta mucho es que entras a una tienda y te dicen 'hola Lola', 'hola Jaime', '¿qué quieres hoy?'. Eso en una ciudad grande es imposible de encontrar. Luego, está todo muy junto; estoy en un grupo de teatro; en otro de chirigotas, cantando... Eso hace que me relacione, que me abra y me exprese y no sea tan tímida como era en Barcelona, donde todo está mucho más lejos. Aquí es todo más cercano, como si fuera una familia grande.
Los primeros cinco años estuve en un pueblo pequeño, en Valdenebro, donde todas las personas pasaban de los 70. Aprendí a hacer cosas maravillosas, a poner la comida en botes, a embotar, embotar las verduras; a coger setas en el monte. Muchas cosas que yo había conocido en mi infancia, en una Barcelona que era más de pueblo. Yo nací en el año 54 y cuando llegué aquí fue como si hubiera dado un salto 30 años atrás, encontraba la gente cuando iba a la iglesia vestida con su traje... Todo ese mundo vivido y sentido lo encontré aquí.
P. Y continúa su apuesta por Soria, ahora en Villaverde.
R. Me siento tan bien... Además me gusta el frío y hay gente estupenda. Me gustaría pasar aquí el resto. No sé dónde me llevará la vida. La vida te mueve, pero espero que esta vez me deje aquí quieta, en Soria.
P. Leo algo sobre los pilares del interior en un escrito suyo tras el suicidio de Verónica Forqué. ¿Cómo percibe estos pilares de los que habla en la tierra que la ha acogido?
R. Es de resistencia. Los sorianos siguen siendo resistentes, siguen siendo los numantinos. He observado mucho a las mujeres de pueblos pequeñitos como Valdenebro y de aquí (por Villaverde). Son las verdaderas numantinas, tienen una fortaleza, una resistencia y unas ganas de mantener... Hay algo en las mujeres sorianas que sostiene. Eso es lo que tiene Soria.
En Valdenebro se pasó una película sobre Soria donde aparecía una señora de Calatañazor a la que entrevistaban y decía... 'pues no hace tantos años que tenemos sábanas' y que a ella la tapaba su padre con los sacos de la harina. Eso es impresionante. Esa fuerza del soriano para ir adelante, la vida cultural riquísima que tiene Soria. Cuando llegamos en 2005, a los pocos días hicieron una velada de poesía en el lagar, con un camino de velas hasta llegar y quedé maravillada.
P. ¿Por qué la sanación está ligada al universo natural y a la naturopatía?
R. Porque son medicinas tradicionales, que se han hecho toda la vida, de las que no hay prueba de ciego. Es verdad que en los últimos años ha evolucionado mucho y se han podido constatar cosas como que el campo energético interviene en nuestro cuerpo y, por lo tanto, muchos otros factores que mueven la vida. Está unido a la naturaleza, porque parte de la naturaleza. A la medicina natural tradicional se han apuntado muchos laboratorios, a hacer pastillas y otra serie de cosas, porque nadie quiere perder el 'becerro de oro', la economía. Todos se apuntan al carro. Con la fitoterapia, las plantas, de los recursos naturales, el agua, la hidroterapia, el barro, la miel, que cierra las heridas...
P. Estará conmigo que ahora este universo natural está en boga, pero hace siglos tenía que ver con el universo de las brutas y no estaba tan bien visto.
R. ¿Pero qué es una bruja? Una mujer sabia, nada más. Lo que pasa es que hay mucha ignorancia, lo digo con todo el respeto. A veces hablamos sin saber la profundidad de la cosa y no tenemos toda la información. En realidad una bruja era una mujer que salía de la norma, que no quería casarse, que prefería otros estímulos viviendo en la naturaleza y consagrarse a ella. Entonces era apartada de la tribu porque no pensaba igual. Ahora nos pasa igual, está difuminado, pero es lo mismo. Bruja es una mujer sabia.
P. Manual para madres tristes. ¿De qué la cura la poesía?
R. La poesía me curó, por eso empecé a escribir. Tenía una caja llena de cositas escritas. Tuve una gran crisis personal, que me ha durado como diez años. Mi compañero, mi marido, me animó a que hiciera algo con esos escritos y ahí empecé a ordenarlas por tiempos, hice dos manuscritos, los di a dos editores en Expoesía y los publiqué.
P. Y va camino del tercero.
R. Eso es. En realidad ha sido un proceso, desde el momento en que estuve en aquella situación, que giró hacia un cáncer -por eso hay que soltar, hay que comprender lo que te duele, darle su lugar, llorarlo y soltarlo con agradecimiento por el conocimiento que te ha traído-. Ese recorrido hice hasta que llegué al cáncer, me operaron, estoy estupenda y no me han tratado mejor en ningún otro sitio. Salí ilesa y ya tengo el alta. Manual para madres tristes es un canto a mi crisis personal y ahora estoy en la última parte, que es el libro que está ya en maquetas y saldrá en otoño.
P. ¿Por qué ese título?
R. Es una situación que nos sucede a muchas madres. Parece que tengamos que ser el adalid de la bondad, la comprensión, la quintaesencia de la mujer. Y a veces hay diferencias con los hijos, en este caso con las hijas. Hay situaciones que te llevan a situaciones que te hacen daño y te alejan en el tiempo. Es natural. Es el quid del libro, ese llano, ese dolor de corazón o de alma, en el momento en que los hijos toman sus vidas y hacen otras cosas. No es un vacío del nido. Es una crisis de desconexión de aquello que has llevado en tu vientre y que luego toma su vida y a veces en su vorágine de vivir se aparta. Eso hay que reciclarlo en el interior y darle libertad porque si no, te mata.
P. Una pregunta que esperaba y no le haya hecho.
R. No sé... Sí, te voy a decir una cosa, por la situación vital, de edad en la que me encuentro, te voy a contar que desde hace tiempo estoy con un grupo de mujeres, donde nos explicaban ciertas cosas sobre este momento. Un momento en que somos oro puro. Todo lo que hemos vivido lo tenemos que destilar ahora. El mundo no sería nada si el que tiene algo que decir, se lo calla; el que tiene algo que hacer, lo deja de hacer. Así como la juventud es un momento de fuera hacia dentro, el mundo lo traigo a mi interior y lo vivo; ahora es un momento al contrario, de dentro hacia fuera; lo que he cultivado lo tengo que dejar en el mundo. Y ese momento es éste, el de la madurez, en el que vamos camino de la última frontera.