Entrevista
Miguel, ceramista y maestro en el arte del barro y la arcilla: «Cada vez que trabajo en una pieza de cerámica, hay un diálogo con ella»
Hay arte que se admira y lo hay que extiende el disfrute de la vista a otros sentidos, como el gusto y el tacto. Doctor en el barro y la arcilla, encumbra la obra en su lugar, sabedor de que no sería tal sin haber pisado el Valle del Rey en la infancia. Hoy Pedrajas se ve y modela de otra manera y el barro y la arcilla, también. Miguel Rodríguez Escalada es ceramista y nos acerca a un mundo en el que la naturaleza se transforma.

Miguel Rodríguez Escalada.
Pregunta. Oiga, ¿somos barro?
R. (Silencio). De alguna manera es el material que podría definir la complejidad de cada uno, en el sentido de que es un material plástico. Y esa plasticidad es una cualidad que hace que se asemeje un poquito al sentimiento humano. En mi caso es el mejor material para expresarme y creo que he probado casi todo.
P. ¿Su artesanía se admira y no se toca o se usa desde las manos a la boca?
R. Con las dos. Personalmente tengo una concepción de la artesanía muy cercana al arte. Digamos que es todo lo mismo. Hago vajillas que son esculturas y hago esculturas que son útiles. Hay quien lo compra como coleccionista y no lo toca y se queda en una balda para disfrutar de su belleza. Y hay quien lo utiliza. Ahora mismo estoy trabajando con restaurantes de alta cocina que utilizan obras mías y también gano concursos de esculturas, que... no se tocan.
P. ¿Cómo es comer en una obra de arte?
R. Cambia la experiencia totalmente. Ahora en cierto tipo de cocina se habla de la experiencia; ya no es un simple menú de degustación, la separación de los alimentos, sino que hay todo un concepto subyacente a la comida. Digamos que ahí es donde entra en juego la alimentación y la vajilla. Son dos campos artísticos que tienen una colaboración. A mí me recuerda al Ikebana, al arte floral japonés, que siempre ha tenido un diálogo entre las flores y la pieza que las contiene.
P. ¿Cuál es el diálogo que mantiene con la pieza mientras la está haciendo?
R. Es un diálogo eterno. Empecé a trabajar con la cerámica tampoco hace tanto. Pero bueno, mi padre ya era alfarero, nací en un entorno muy vinculado a la cerámica. Fue hace cinco años cuando entré en contacto en serio con el materia. Ahí empecé el diálogo y no ha acabado. Todos los días dedico parte de mis pensamientos a ello y cada vez que me pongo a trabajar en una pieza de cerámica hay un diálogo y nos llevamos bien. La prueba es el resultado.
P. Ceramista, artesano, restaurador, alfarero... ¿Con cuál se queda?
R. Ahora mismo soy principalmente ceramista. Más que alfarero, más que restaurador y más que artesano. Ceramista engloba un poco todas esas ramas. Ceramista es aquella persona que, viniendo del arte, se ha especializado en las técnicas cerámicas. Eso no sucede ni a la alfarería ni a la artesanía... Engloba todos los demás conceptos. Un alfarero lo es porque viene de una tradición alfarera, en que su pueblo se lleva haciendo cerámica desde la Edad Media, el Renacimiento o cuando sea; un restaurador restaura obras de arte y un artesano hace artesanía. Un ceramista puede hacer artesanía, pero puede hacer arte; puede hacer alfarería y restaurar cerámica.
P. Además, ya no se bebe en botijo... ¿La cerámica sería un paso más?
R. Efectivamente ya no se bebe en botijo. Ahora hay un pequeño repunte de la alfarería tradicional, pero no permite un modo de vida al completo. En cambio al adaptarse a estos nuevos tiempos, incorporar los sentidos del diseño sí creo que es una posibilidad. En el diseño, en vajillas de alta cocina o, simplemente, en la enseñanza, que también es algo que cautiva mucho a la gente.
P. ¿Enseñanza?
R. Doy también talleres de cerámica en Pedrajas.
P. ¿Qué ha descubierto de la arcilla y el barro investigando estos materiales?
R. Trabajando en cerámica he descubierto que a simple vista puede ser una doctrina artesana aparentemente simple, pero detrás hay un montón de cosillas, que hace que esté relacionado con toda la existencia humana. Para entender bien la cerámica hay que saber un poquito de geología, que viene muy bien. Trabajo con materiales locales y hay que saber qué tipo de arcillas puedes utilizar, qué inconvenientes tienen unas u otras, qué rocas pueden servir para fundentes o refractarias, cuáles valen para tales fines... Hay que saber de termodinámica, porque manejamos el fuego, también hay que saber de física y entender muy bien cómo construir una pieza para que sea autoportante, con lo cual nos vamos también a la arquitectura. También hay que saber de diseño y tener nociones artísticas. Viene muy bien saber algo de historia. Al final son un montón de cualidades.
P. ¿A qué adjetivo del barro se parece más usted?
R. Versátil, podría ser. Le pondría otros como plástica, sensible. Eterna, cíclica.
P. ¿Modela, crea, da a luz...?, ¿qué hace?
R. Diría que transformo. Transformo mediante la creación, pero no deja de ser una transformación del material. Intento no comprar arcilla. Recojo arcillas locales y las transformo en algo que tiene sentido. Hago lo que los humanos hacen con casi todo. Coger algo de la naturaleza y ordenarlo. Llevarlo a una funcionalidad, ya sea a una función estética o a una práctica. Por eso diría que es más una transformación. En mis piezas siempre se ve el material, siempre tiene un cariz protagonista. No es que cree desde cero, parte de lo que hago ya viene creado con el material. Yo lo oriento o transformo.
P. En ese diálogo con el material, desde que lo coge de la naturaleza hasta que lo transforma, ¿qué es lo más difícil de hacer?
R. Creo que la toma de decisiones. En casi todo el mundo que practica la cerámica lo más difícil es la toma de decisiones. El proceso es larguísimo. Coges el material y para eso, antes, hay que estudiar el terreno; una vez que lo tienes recogido y sabes que funciona, has de hacer unas pruebas para ver cuál es el color final y ver si es plástico. Después tienes que hacer lo que quieras poner, es decir, puedes hacer unas bandejas con plancha, una escultura con el torno... Luego habrá que vigilar el secado, cocerlo una vez a 900 grados, aplicar el esmalte, que es un punto muy arriesgado. A continuación tienes que cocerlo una segunda vez que es la definitiva y el toque final de la obra. Cualquiera de esos procesos es bastante complicado y el fallo está siempre presente. Pero lo difícil es la toma de decisiones. 'Voy a hacer esto y no las otras 32.000 millones de opciones que podría'.
P. ¿Sabe lo que quiere o se dejan llevar sus manos?
R. Normalmente las ideas no las dictan las manos, las dictan la cabeza y las manos van intentando llevarla a cabo. Pero siempre hay una idea previa.
P. Habla del mundo natural. ¿Cuánto pesa en sus obras?
R. Mucho, mucho. Creo que también cuando nos ponemos con el barro, con la cerámica, es muy difícil que parte de tu personalidad no se vea impregnada en la obra. En parte, yo volví a Soria para poder disfrutar de la naturaleza de una manera más directa, más auténtica. La naturaleza se ve reflejada en la obra porque yo la disfruto muchísimo. Y al disfrutar de la naturaleza y relacionarla tan intrínsecamente con la obra que hago, hay una fluctuación de ideas que gira en torno a la naturaleza.
P. Expone en destacadas galerías lo que nace en un pequeño pueblo del medio rural de Soria, al cual ha regresado.
R. A mí Soria me brinda la oportunidad de dedicarme plenamente a este tipo de actividades. Si yo tuviera que hacer esto en Madrid, seguramente podría producir muchísimo menos y a mucho más coste personal. Poder volver a Soria fue un regalo.
Además de en varios concursos, a nivel nacional e internacional, estoy en La Mínima, donde hay una pequeña colección mía. Es una galería que hay en San Lorenzo del Escorial, donde comparto espacio con ceramistas de la talla de Miriam Jiménez, Juan Ortiz, Miguel Molé... Soy el ceramista más joven que hay allí. Luego tengo piezas en Ragú, una pequeña tienda de cerámica de Hortaleza, en Madrid, y en algunas tiendas de interiorismo. Aquí en Soria trabajo con La Lobita, el Kiosco y la Crepería.
P. ¿Qué expresa cuando crea?
R. Normalmente son ideas que giran en torno a la abstracción, inspiradas por las propias dinámicas de la naturaleza. Las representaciones suelen ir por ahí. Siempre se busca que lo material se exprese por sí mismo, que la idea no sean unos conceptos claros, sino una posibilidad geométrica que esté abierta a la interpretación y que el espectador ponga parte de su imaginación cuando mire la obra.
P. ¿Cómo se innova en un trabajo que viene de un oficio tan antiguo?
R. Es relativamente sencilla la innovación. Se dice que está todo inventado, pero la cerámica es uno de esos mundos que aún tiene territorios vírgenes. Ahora mismo en el arte contemporáneo la cerámica está teniendo un repunte tremendo porque las opciones son infinitas. Son tantas que superan el intelecto humano, así que al final acaba siendo relativamente sencillo si tú estás muy al día de lo que hay en el mercado, de lo que se hace y ha hecho. Tiene una parte complicada y una parte relativamente sencilla, si tú estás en ese ambiente y muy al día de lo que hay en el mercado.
P. ¿Qué pieza resume su momento actual?
R. Creo que lo resume una pieza que hice hace un par de meses. Es un momento complicado, digamos que no estoy haciendo todo lo que me gustaría, pero ahora estoy remontando un poco. Es una llamarada, no tiene nada que ver con el resto de mi obra, pero es una llamarada, con la base azul, que se vuelve rojiza y de ahí pasa al naranja y acaba un amarillo muy vivo. Son los colores del fuego y habla de esa transformación que el fuego representa.
P. ¿Cómo le ha marcado Soria y tener ascendencia alfarera?
R. Me ha marcado bastante. Para mí lo que tiene, y lo que me puede ayudar a nivel de inspiración, es la cercanía con la naturaleza. Por otra parte, venir de una familia en la que ya se hacía cerámica me ha dado muchos conocimientos de otras tradiciones cerámicas y mucha capacidad de perspectiva. Creo que si hubiera conocido la cerámica en otras circunstancias, en vez de desde pequeño, no hubiera sido lo mismo. No es que me haya influenciado directamente, mi obra no tiene nada que ver con lo que hacía mi padre, pero sí me ha ayudado mucho a conocer el discurso, la historia, el ambiente en el que se desarrolla la cerámica.