Josué, el soriano que aterriza aviones a 30 bajo cero: «Soria está muy presente para mí en Canadá y quiero que mis hijos también la vivan»
Siempre le gustó marchar lejos y descubrir cosas nuevas. Y así sigue. Hace unos días este soriano voló entre auroras boreales y se quedó sin palabras. No es un símil. Es tan real como la dificultad de meter a tierra un avión de pasajeros a 30 bajo cero y la pista de aterrizaje helada. Es lo que hace. Josué es piloto, reside en Quebec y sus días son los cielos de Canadá. Cada vez que vuelve a Soria siente que regresa a casa. Conocemos su historia.

Josué Rodrigo Jiménez.
P. ¿Cómo se ve Soria desde el cielo? Bueno, igual no la ha sobrevolado. ¿Cómo la imagina, entonces?
R. No he sobrevolado el cielo de Soria ni el de España. Vivo en Quebec, en Canadá, y el cielo que vuelo principalmente es el gran bosque de Quebec, del gran norte y las ciudades de aquí. Como soriano, y porque me ha gustado siempre mi ciudad, me imagino la belleza de nuestra pequeña Soria con todos sus detalles. Una ciudad entrañable, con toda su naturaleza. Un día me gustaría sobrevolarla y poder ver a qué se parece.
P. Cuénteme, ¿qué hace un soriano en Canadá?
R. Toda una historia. Desde muy joven siempre me ha llamado la atención viajar y salir de mi zona de confort, ir un poco más lejos, descubrir la novedad. Desde que tenía 15 años, y estábamos todos los amigos en lo que llamábamos 'la casa del gato' -que era como la cuna de todo lo que he hecho en mi vida- siempre quería salir.
A los 20 años ya me había marchado de Soria, ya vivía en Galicia; sobre los 25 me fui a vivir a Suiza; después a los 27 hice con la que es mi pareja un viaje por todas las Américas: compramos un coche en Quebec y bajamos hasta Perú. Ella es de Canadá. Luego regresamos y aún teníamos la intención de seguir viajando y descubriendo lugares. Pero nos cayó la covid encima y paramos aquí durante un tiempo, que dediqué a reflexionar y a darnos cuenta de que estábamos un poco cansados de viajar.
Nos quedamos aquí, hicimos familia y todo empezó así. Descubrí una escuela de aviación que no estaba lejos de casa. Viajar, pilotar un avión y sentir la libertad es el sueño de todos los adolescentes y también el mío. Poder volar como las aves. Me animé, pensé en hacerme piloto profesional y pedí financiación. Así fue a grandes rasgos.
P. Y Soria exportando talento.
R. No sé... Siempre he pensado que lo que tenía mi ciudad es que nosotros hacíamos lo que queríamos, aunque no tuviéramos medios. Una cualidad de los sorianos es que se nos pone una cosa en la cabeza y la hacemos, con medios o sin ellos. Nos lanzamos a la piscina.
P. ¡Quién sabe! Puede que algún día eche currículum en el aeródromo de Garray.
R. (Ríe). Podría ser... El boom de la aviación es un gran desconocido para casi todo el mundo. No es tan fácil como echar un currículum en Garray y poder ir allí. Se funciona con licencias, con un tipo de federación. Yo ahora estoy con la Federación Internacional, que es a la que Canadá está sujeto; luego está la americana, la europea... No es tan fácil cambiar nuestras licencias de un país a otro.
Todos pensamos que volar nos da la libertad, pero en realidad nosotros somos los más sujetos a todas las normas y leyes, en pro de la seguridad, naturalmente: para el pasajero es lo mejor. De lo que pensamos a lo que realmente pasa es muy diferente. Podría, sí, pero tendría que pasar de nuevos mis cursos, mi licencia a la europea. No creo que vaya a ser tan fácil pasar por Garray y darme una vuelta en avión.
P. ¿Cómo ve esta infraestructura aeronáutica?
R. Soy de Soria, pero a los 18 años me fui a Ventosilla de Garray, que está cerca de Garray. La pista anterior sí la conocía. Pero después de las obras nunca he estado físicamente en el aeródromo. Me lo voy a anotar y en el próximo viaje voy a dar una vuelta por allí.
P. ¿Cómo se ve la provincia de Soria no desde arriba, sino desde lejos?
R. Hay mucha materia ahí para hablar. Creo que la visión de la provincia de Soria es como si estuviéramos en un film, le diéramos al pause y se quedara así. Cada vez que me iba y volvía, tenía la sensación de regresar al mismo sitio. Y estaba todo más o menos igual. Siempre hay que salvar las diferencias, con pequeños cambios aquí o allá, pero la sensación era ésa. Era reconfortante para mí, porque cada vez que volvía, todo estaba según mis recuerdos, los pueblos, la gente en el mismo sitio. Te diría que la provincia de Soria es como si se ha quedado congelada en el tiempo. Últimamente sí parece que ha habido muchos cambios. También mi forma de pensar ha cambiado. Antes me gustaba ver a Soria igual en mi regreso; ahora que reflexiono un poco más prefiero que haya cambios. Diría que la provincia de Soria es eso, un pequeño cubito de hielo en el tiempo.
P. 'Mamá, me voy a recorrer mundo'. ¿Cómo fue eso?
R. Imagino que cada uno de nosotros es las ambiciones que tiene. Algunos están más a gusto en su sofá, en la zona de confort, con lo que conocen, y ahí se ven más representados como persona. Yo he sido siempre al contrario. Lo que me hacía vivir la vida es irme un poco más lejos y descubrir cosas nuevas. Como te digo, teníamos esta 'casa del gato', que me ha llevado a tantos sitios... Mi primer viaje fue con un amigo en el Inter raíl. No sé si todavía existe. No planeamos ni un albergue ni un sitio donde ir. Nuestro plan era ir donde queríamos y a la aventura.
Mi madre siempre lo ha sabido también, porque siempre me he movido. Creo que mis padres también han tenido que ver. Nos íbamos todos de vacaciones en un pequeño Ford Fiesta a la otra punta de España. Ellos, sin saberlo, han contribuido a despertar en mí el gusto de conocer, de ver y estar en un lugar solo por continuar andando. No parar y no dar vueltas a la misma mesa.
P. ¿Por qué piloto?
R. Es como el sueño de todo adolescente, al menos de mí en mi adolescencia. De hecho, cuando yo fui a vivir a Suiza tenía un plan. Lo digo en modo de risas. Era el país más caro del mundo, donde mejor salarios hay, y mi plan era: "Hago una buena cantidad de dinero y me puedo pagar mi curso de aviación". Yo vengo de una familia humilde. Me acuerdo de los bocadillos de mantequilla con azúcar. Es lo que había. "Me hago súper rico con este plan y me pago mi curso de pilotaje". Pero mi plan nunca funcionó. (Risas). No se atan los perros con longaniza. Nunca llegué a conseguir tanto dinero como pensaba. Tanto tenía, tanto gastaba, que también ha sido uno de mis guías en la vida. Y entonces ahí abandoné. Ya no quiero ser piloto. Bueno, ya no puedo ser piloto; y decidí sacar mi licencia de paracaidista.
Con eso me di con un canto en los dientes. Ahí se quedó congelado mi sueño de piloto. Hasta llegar a la covid cuando nos quedamos aquí y había que buscar trabajo. En esta encrucijada y con unos 35 años apareció una escuela de pilotos cerca de casa. Un amigo mío, un gran piloto, me explicó todo (lo que suponía, cómo era el trabajo, que implicaba ser piloto para mí, para la familia...).
Lo que no te he dicho es que acababa de nacer mi hijo y mi mujer al principio dijo que no. Luego los dos dimos el brazo a torcer en varios aspectos y adelante. Pero si soy piloto es gracias a mi familia en primer lugar, que me ha aguantado el tiempo de estudiar y trabajar duro.
P. La comunidad de la aviación es un mundo aparte. ¿Qué es lo que más le apasiona de formar parte de ella?
R. Siempre he pensado que era un poco la oveja negra dentro de los pilotos. Quiero decir, el que cambiaba un poco el fuego dentro de los pilotos. Pero efectivamente, como dices, a los pilotos siempre los vemos con sus características, personas serias, capaces de gestionar un avión con 100 personas y dejarlo en el suelo, con estabilidad. Yo vengo de un barrio humilde de la ciudad de Soria y me gustaba ponerme los cascos, música española y pensar 'no sé si yo encajo en ese perfil de piloto'. Aunque igual es eso mismo lo que me apasiona, que despierta otra forma en mí, otra personalidad de llevar a tus pasajeros y dejarlos en tierra. Más aquí en Quebec, con una meteorología muy complicada y las pistas no muy grandes.
Tienes que estar súper concentrado, coger el avión, llevarlo a la mano... Pienso que lo que más me gusta es ese desafío, tienes que estar muy concentrado y saber exactamente muy bien lo que haces, cualquier piloto. El desafío es saber siempre muy, muy bien lo que estás haciendo: no es ya que puedas arañar tu coche, va a ser mucho más grave. Nos obliga, y es la mejor parte del pilotaje, a estar súper concentrado y poner todo de tu parte para llegar al objetivo, que es que tus clientes lleguen a tierra. Me apasiona la dificultad técnica de volar. Y también volar, claro.
En mi primer trabajo no creía que alguien me pagara por hacer eso, lo que me gustaba. Hasta ese momento pagaba yo.
P. ¿Por dónde vuela?
R. La compañía para la que trabajo la licencia que tiene es de taxi aéreo, utilizamos nuestros aviones tanto para transportar carga como pasajeros o también mixto, pasajeros y carga. Tenemos la zona de Quebec, un poco Estados Unidos. Lo que me gusta de mi compañía es, cuando vamos al norte, la dificultad de meter a tierra un avión a 30 bajo cero, las pistas heladas y el avión helado.
P. Entiendo que está más normalizado volar en avión que en España.
R. Aquí hay lugares inaccesibles por carretera. Cuando imaginamos Europa no tiene nada que ver con Canadá. Aquí la superficie es muy vasta y hay lugares muy recónditos, a los que solo puedes llegar en avión. No hay carretera que te lleve hasta ahí. Existe alguna pista que te lleva en verano, pero cuando llegan los seis meses de invierno el único acceso posible es en avión. La vida se ralentiza, pero no llega a pararse.
P. Un punto de similitud entre ese paisaje tan helado y el de aquella Soria antigua en que nevaba y se helaba la provincia.
R. El punto de similitud podría ser ese que remarcas: grandes territorios vacíos de gente y esa nieve. Aquí ves el límite de árboles, cuando vas hacia el Polo Norte lo ves, hay una línea. Hace tanto frío que ya ni siquiera los árboles crecen. Me recuerda un poco a los montes de Oncala, con las colinas peladas y el invierno lleno de nieve. Adoro el invierno, me gusta la nieve. Me gusta estar aquí porque he nacido y vivido el frío de Soria. Siempre me he relacionado bien con el frío.
P. ¿Qué ha descubierto en el aire que no viera en la tierra?
R. Muchas cosas. Desde el aire imaginaba las capas de la tierra, cómo se forman, me hacía preguntas más de Geología, los impactos de meteoritos... Me gustaba eso. Es uno de los lugares del mundo con agua dulce y lo que me parece más sorprendente es que cada montaña tiene su lago en lo alto de la montaña. Eso me deja impactado, los miles de lagos que hay en Canadá. En la punta de cada montaña hay un lago y en cada lago, una cabaña.
P. ¿Qué echa de menos de Soria?
R. De Soria echo de menos muchísimas cosas, especialmente los amigos y la familia. De hecho, volvemos todos los años al menos una vez, para que mis hijos vean a sus abuelos. De Soria echo de menos todos, de la comida al olor característico a campo, de romero, tomillo. Bajar al río... Soria siempre ha sido la vuelta a casa; me iba a cualquier sitio, pero siempre tenía que volver a recargar pilas, con la familia, con el lugar. Mis hijos tienen mucha relación con Soria y con España. Les encanta.
Este año hemos estado en San Saturio y les encantó la idea de coger caramelos por el suelo y los cabezudos. Quiero que guarden la cultura de Soria y voy a pasarles mi cultura a mis hijos para que la lleven encima. Cuando es Jueves Lardero, aquí en mi casa, en Canadá, comemos chorizo, pan y huevo. Soria está muy presente para mí y quiero que ellos también lo vivan.
P. ¿Lleva en cuenta los kilómetros que ha hecho? Para ver si ha dado alguna vuelta al mundo.
R. No vamos por kilómetros, vamos por horas de vuelo. Se podría calcular, pero seguro que salían unas cuantas vueltas.
P. ¿Qué hay que tener para ser piloto, además del título?
R. Te tiene que gustar. Luego, características... ya te digo, yo no debería encajar en este mundo y aquí estoy. (Ríe). Sobre todo, necesitas una confianza en ti mismo, saber que puedes hacerlo desde el minuto uno en que empiezas en este oficio. No es algo fácil. Tienes que estudiar muchísimo y luego, en los mandos, tienes que estar seguro de lo que estás haciendo. Tener buena base académica. Sería eso.
La confianza te la da el entrenamiento, meterte en situaciones difíciles y tenemos que salir de ellas. Mente despierta y ser capaz de buscar soluciones. Mucha repetición y mucho trabajo. No sé si habrá muchos otros oficios en que cada año podemos perder nuestra licencia. Tenemos un reconocimiento médico anual y hay que cuidar tu salud. Anualmente tenemos un vuelo test en el que hay que poner en práctica, demostrar, que somos capaces de salir de cualquier situación que pueda ocurrir en el aire.
P. Es una profesión, además, en la que se precisa mano de obra.
R. Durante la covid hubo una bajada. El sector aéreo se ralentizó; después todo el mundo quiso avanzar. El sector hoy sube. Creo que es un mundo con muchas fluctuaciones. Puede haber temporadas en que hacen falta pilotos y después no. Dependiendo. Las necesidades de cada lugar son diferentes. Como te digo, aquí hay lugares en que no puedes acceder de otra forma que no sea en avión. Siempre va a haber un mercado y la necesidad de renovar pilotos. No sé cómo está orientado el sector en España. Fluctúa.
P. Dígame la última vez que habló con una estrella, arriba o desde abajo.
R. Antes, cuando viajaba, hablaba mucho con las estrellas. Tenía mucho tiempo para reflexionar. Ahora cuando estoy en el avión no tengo tanto tiempo. El otro día volé entre las auroras boreales. Te quedas sin palabras. Es observar la belleza que nos ofrece el planeta y dejar que nuestro interior hable consigo mismo. Un poco en forma meditativa.